Sociedad y Justicia

Cementerio clandestino de Santa Fe opera desde 2010 por connivencia policiaca: ONG

mayo 24, 2017

En 2011, mientras la Secretaría de Gobernación (Segob) anunciaba el operativo conjunto Veracruz Seguro y hacía el despliegue de fuerzas federales encabezado por militares y marinos, a unos kilómetros del centro del puerto de Veracruz, grupos delincuenciales cavaban lo que ahora se conoce como la fosa clandestina más grande del mundo: Colinas de Santa Fe.

El entonces titular de la Secretaría de Gobernación (Segob), Francisco Blake Mora, sería el encargado de dar seguimiento a este operativo, donde se inició el Mando Único, y anunció se aplicarían mecanismos de información e inteligencia con el empleo de tecnologías y personal especializado para desarticular las organizaciones criminales.

Sin embargo, los servicios de inteligencia fallaron. De acuerdo con los testimonios de las madres del Colectivo Solecito, entre 2010 y 2015, la delincuencia cavó ahí cientos de fosas clandestinas, con 130 fosas y 260 cuerpos a la fecha encontrados.

Ninguno de los altos mandos militares y navales, ni los operativos de inteligencia y policiacos detectaron, lo que según los vecinos del lugar era un secreto a voces: en el predio estaban enterrando cuerpos.

No pudo haber sucedido sin la complicidad de la policía: Solecito

Para las mamás del Colectivo Solecito de Veracruz, quienes desde agosto del 2016 excavan el predio, la creación de las cientos de fosas que han encontrado en un predio o rancho Dos Lagunas, comúnmente conocido como Colinas de Santa Fe, no se explica sin la complicidad de las autoridades.

"Evidentemente, como dijo el Fiscal, es imposible que sucediera sin anuencia de las autoridades, porque es demasiado cercano a la ciudad, demasiado sensible a la vista del público", sentenció Lucía de los Ángeles Díaz Genao integrante del Colectivo.

En el año 2011 la entonces Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río fue desaparecida por presuntos nexos con el crimen organizado y en el marco de un convenio que realizó el gobierno del estado con el gobierno federal, la Policía Naval asumió el control de la seguridad de la zona, apoyada por algunos elementos de la Policía Estatal. Ninguno frenó la creación de las fosas.

Las madres de Colectivo afirman que no es casualidad que la primera persona identificada en ese cementerio clandestino, Pedro Huesca, haya sido visto en vida por última vez en manos de la Policía Estatal.

Pedro Huesca, un hilo conductor

Por eso, Amelia, una de las madres buscadoras, sólo soportó durante dos meses acudir a ese cementerio a buscar a su hijo, Pablo Darío Miguel Hernández, quien fue sustraído por elementos de Seguridad Pública en medio del operativo Guadalupe-Reyes en 2013, cuando una decena de jóvenes desapareció de la colonia Formando Hogar.

El miedo que Amelia tenía que su hijo estuviera en el cementerio donde le tocó percibir el olor a descomposición, se acrecentó cuando fueron identificados los primeros restos: Pedro Huesca Barradas, desaparecido en 2013 a manos de la Policía Estatal. La participación de ésta en ambos casos le da mayores sospechas.

"Fui como dos meses pero no iba todos los días, iba dos veces a la semana, pero después dejé de ir porque también de ver tanto me sentí mal, no quería pensar ni quiero pensar que ahí va a estar mi hijo", aseguró.

Pedro y su secretario desaparecieron en Cardel, donde él fungía como ministerio público del operativo Veracruz Seguro, a manos presuntamente de una patrulla de la Policía Estatal. Por el caso se ha reportado que hay al menos tres personas detenidas y algunos estaban trabajando de manera activa en la corporación.

¿Quiénes fueron los mandos policiacos que no vieron nada?

De diciembre de 2011 a octubre de 2012, el contralmirante Mauricio Crispín Hernández, fue comandante de la Policía Naval para encabezar el Veracruz Seguro, después lo suplió el contralmirante José Pedro Ladino Bonilla, de octubre de 2012 a septiembre de 2013.

El contralmirante Francisco Javier Castaño Suárez ocupó el cargo de septiembre de 2013 a enero de 2015; el capitán Antonio Morales Hernández fue comandante desde enero de 2015 hasta marzo de 2016.

Todos ellos, encargados de dotar de seguridad a la zona conurbada, no vieron ni detuvieron la creación del cementerio clandestino.

En la coordinación de Policía Intermunicipal de Veracruz, Gregorio Cuéllar Morales, estuvo de agosto a diciembre de 2011; Noé Campuzano Rodríguez fue comandante de la Policía Estatal de 2013 a 2016; Gonzalo Martínez Alvarado, comandante del Agrupamiento Veracruz en Apoyo a la Policía Naval de abril de 2015 hasta abril de 2016, y Jorge Vidaña Méndez, que permaneció un día en el cargo de Apoyo a la Policía Naval, estuvieron al frente de la seguridad en la región por parte del gobierno del estado y tampoco hicieron nada por frenar la creación de fosas con cientos de cuerpos que fueron transportados hasta un predio rural colindante con el área urbana.

En marzo del año pasado, llegó Félix Quiroz Javier al frente de la Policía Naval, quien hasta el momento ocupa el mismo puesto y tampoco vio la entrada de camionetas que debieran circular por la carretera Veracruz-Xalapa hasta un fraccionamiento urbano y de allí al predio donde están las fosas.

Quiroz Javier llevaba dos meses en el cargo cuando en una marcha del Día de las Madres entregaron el ya famoso mapa a las madres que integran el Colectivo Solecito de Veracruz.

Allí, detalló Díaz Genao, supieron que sus sospechas eran ciertas y que tenían que presionar al personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) para que les dieran el permiso de hacer la búsqueda. También comenzaron la capacitación en medicina forense, en la forma en que se entierra la varilla para encontrar muertos y en todo lo necesario para poder localizar a sus hijos.

Marcos Conde, un elemento en común en las desapariciones

En la agrupación policial radicada en Cardel que desapareció a Pedro Huesca, también estaba trabajando el ex delegado de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) Marcos Conde, quien ahora se encuentra detenido por la desaparición de cinco jóvenes en Tierra Blanca, ya que unos videos demostraran que elementos a su cargo los levantaron y entregaron al crimen organizado.

El nombre de Marcos Conde aparece en repetidas ocasiones en la historia del cementerio clandestino que ha sido catalogado como el más grande de México. De acuerdo con Díaz Genao existen indicios de que el predio estaba siendo utilizado para desaparecer personas desde el año 2010, pues así les han informado diversas investigaciones judiciales.

"El Día de las Madres fue la confirmación, (cuando les entregaron un mapa del cementerio) pero ya teníamos todo tipo de rumores, ya sabíamos de Santa Fe, ya Santa Fe tenía todas las luces de alarma, es que hay casos que son de 2011 de los que dicen que habían sido llevados ahí (…) Santa Fe estaba activo desde 2010, más o menos", afirmó.

En ese año, cuando comenzó a usarse el predio para ese fin, Conde era el comandante supervisor nocturno en la ahora extinta Policía Intermunicipal, donde tenía, al igual que en Tierra Blanca, personal a su cargo.

Es esa época donde las madres del Colectivo tienen certeza del inicio del cementerio clandestino: comenzaron a incrementar las desapariciones en Veracruz y los hechos de violencia, hasta que la corporación intermunicipal fue desarticulada por supuestos nexos con carteles del narcotráfico.

En ese puesto, Marcos Conde protagonizó algunos altercados con el Ejército, que recién ingresaba a Veracruz, pero años después fue reincorporado a la Policía Estatal y obtuvo diversos nombramientos en algunas partes del estado.

En las fechas en que Conde estuvo a cargo de la seguridad Cardel, desapareció el ministerio público encontrado en las fosas clandestinas, algunos policías de Úrsulo Galván, ocho jóvenes que estaban jugando en una cancha y un sinnúmero de personas más. En la zona de Rodríguez Clara los alcaldes le pidieron al entonces secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, que lo removiera por la forma en que la que actuaba.

Una búsqueda de no acabar

Lucía Díaz Genao reconoció que conseguir el permiso para entrar al predio no fue fácil, pues la Fiscalía demoró y tuvieron que ejercer presión. Pero finalmente pudieron entrar a ese terreno en agosto.

Un día de ese mes, Celia García oyó por la televisión que muy cerca de su casa estaban encontrando fosas clandestinas, por lo que sin detenerse a pensar se paró, cerró el local de antojitos que tenía y comenzó a caminar hacia el sitio.

"No piensas, el momento es tan angustioso para uno que no piensas cómo lo vas a buscar, caminé y caminé y me metí, pero más adelante donde están las vías hasta ahí llegué, nada más estaban los policías (…) le digo si disculpen yo estoy mal, con las ansias de saber de mi hijo, como siempre lo he buscado sola", narró la madre que busca a Román Arroyo García, quien desapareció entre Las Trancas y Xalapa cuando iba por los documentos de una camioneta recién comprada.

Al otro día se reunió temprano con el colectivo y se unió a ellos, por lo que volvió a recorrer el camino pegado a la Unidad de Manejo Ambiental de CICE, y siguió por donde está la empresa, las lagunas, y todo el camino de terracería que conduce al lugar donde cientos de personas fueron colocadas.

Desde entonces casi todos los días hace el mismo recorrido. Desde entonces le ha tocado aprender a detectar cuando se rompe una bolsa con huesos metros abajo. Ver como encuentran una fosa tras otra, en hilerita. Observar cuando comenzaron a poner cintas interminables. Ver los restos de comida y refrescos que tiraron adentro de las fosas, sobre los cuerpos. Ver a su compañera encontrar a su hijo. Poner una pequeña cruz y sembrar un nopal en la fosa donde apareció el hijo de su compañera para que no se pierda.

Desde entonces ella acude con la esperanza de no encontrar a su hijo ahí, porque está muy lejos de donde desapareció y más aún, de no encontrarlo muerto.

Junto a ella, Rosa busca a su hijo desde 2015, cuando un comando armado se lo llevó de una casa en San Julián, poblado que está a apenas unos minutos de las grandes fosas.

Un día, Rosa escuchó de los hallazgos de Colinas y fue al Servicio Médico Forense (Semefo), pero su personal le dijo que mejor acudiera a la iglesia donde el Colectivo gestionó que la Policía Científica hiciera pruebas de ADN. Allí, señaló, conoció a sus iguales, quienes esperan encontrar a sus seres queridos y desde entonces no ha dejado de buscar.

Aparte de la búsqueda, las integrantes del Colectivo tienen en común la desconfianza. Nadie comprende la forma en que 260 personas son enterradas en un lugar tan cercano sin que nadie vea que algo está pasando.

Ninguna entiende la razón por la cual la Procuraduría General de la República (PGR) no encontró en 2015 los demás cuerpos, muchos de los cuales estaban a unos centímetros de los únicos que se llevaron en su búsqueda. Nadie sabe hasta qué grado hubo complicidad de las autoridades. Y todas esperan respuestas de la fosa clandestina más grande del país.

"Ya no (confía en la Policía), ya no se le tiene confianza a nada, ya en Veracruz no hay ley para nada, todo sigue pasando y seguirá pasando", sentenció Amelia.

¿Qué pasó con los mandos a cargo de la seguridad?

Cuando la Policía Intermunicipal fue disuelta, entonces se encontraba al mando Gregorio Cuéllar Morales; él sería de las primeras personas que estaba a cargo de la seguridad de los veracruzanos y que no vio la creación de un cementerio clandestino en la zona urbana.

Sin embargo, y a pesar de las acusaciones contra la corporación a su cargo, en los años 2013 y 2014 estuvo trabajando como delegado de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) en Las Choapas, de donde fue destituido por actos de extorsión a ganaderos.

Al desaparecer la Policía Intermunicipal, la Policía Naval quedó en el control de la seguridad. Pero tampoco ellos reportaron la creación de las fosas clandestinas que los vecinos sospechaban al ver los zopilotes sobrevolar el área.

"Está muy delicado, esto no cualquier, es un genocidio (…) esta calle es la más peligrosa de todas (…) se hacían las hileras de zopilotes, ahí como están ahí, ahí se veían", comentó un vecino de Santa Fe.

Mauricio Crispín Hernández fue el primer marino en activo que llegó a la región como comandante de la Policía Naval y se fue hasta octubre de 2012. Dos años después, en 2014 se retiró de la corporación militar y se integró a la Policía Ministerial del Estado de México, donde fue acusado en múltiples ocasiones de corrupción y colusión con una empresa inmobiliaria.

Su sucesor, José Pedro Ladina Bonilla, estuvo a cargo de la seguridad y de patrullar la región cuando el ex agente del Ministerio Público Pedro Huesca fue desaparecido, asesinado y colocado en las fosas donde fue localizado por su propia mamá y sus compañeras de búsqueda.

El cargo lo ocupó hasta septiembre de 2013, unos meses después de la desaparición de Huesca, y su próximo registro público es el año pasado en Santa Catarina, Nuevo León, donde volvió a trabajar como secretario de Seguridad Pública.

Ese año, en enero de 2013, la SSP de Veracruz nombró una persona de su corporación al frente de la Policía Estatal que se encontraban en la región y quienes durante poco más de un año estuvieron a cargo de la Policía Naval. Con ese nuevo nombramiento había dos mandos en la zona conurbada, uno Naval y otro Estatal.

El cuestionado Noé Campuzano Rodríguez ocupó desde ese año y hasta finales de 2016 la comandancia o delegación de la Policía Estatal en la zona. Él en múltiples ocasiones fue señalado desde columnas y supuestas cartas que lo relacionaban con grupos delincuenciales. Sin embargo, nunca hubo una remoción.

Campuzano compartió el mando con Francisco Javier Castaño, que fue nombrado comandante de la Policía Naval y ocupó el puesto de septiembre de 2013 al 16 de enero de 2015. A él lo nombraron en 2016 secretario de Seguridad Pública en Colima, donde tiene una denuncia de abuso de poder y señalamientos de que aumentaron los homicidios desde que tomó el cargo.

Después llegó al frente de la Policía Naval Antonio Morales Hernández –enero 2015 a marzo 2016– y durante su gestión fue la primera vez que Colinas de Santa Fe fue identificada como una fosa clandestina.

En el mes de abril de 2015 llegó la PGR para retirar cinco cuerpos decapitados de un sitio en específico del gran conjunto de fosas que después se supo que era el predio. Sin embargo, no buscó más y el cementerio clandestino siguió siendo utilizado, según las mamás.

Ese mismo mes de abril (2015) fue creado un nuevo cargo en la Policía Estatal en la zona conurbada. El puesto de Comandante de Agrupamiento Veracruz en Apoyo de la Policía Naval, fue ocupado por Gonzalo Martínez Alvarado durante un año, bajo las órdenes de Campuzano Rodriguez, según la solicitud de información número 00339617.

Fue sustituido por Jorge Vidaña Méndez en 2016, pero sólo estuvo un día en el puesto y no hubo un nuevo nombramiento. El exmilitar es mencionado en algunas notas periodísticas debido a que su hermana fue detenida en posesión de diversas armas de fuego en 2014.