Política

Café, olvidado

abril 28, 2017

De la docena de estados productores cafetaleros de México, el minifundismo atraviesa casi a toda la producción con cafetales que no tienen más de 5 hectáreas (promedio 1.94 hectáreas). De ese universo tres cuartas partes pertenecen a alguna etnia indígena. Aún cuando fueron parte del boom cafetalero mexicano del siglo pasado, que llegó a generar más divisas después del petróleo y del turismo, y ser por décadas el principal producto agrícola de exportación, son de las comunidades más rezagadas. No es casual que una sobre posición del mapa de riesgos de estallidos sociales en el sureste, subraye esas zonas cafetaleras como cuna de movimientos guerrilleros.

México llegó a ser el cuarto exportador de café. Hoy, 16 años después, está por salir del cuadro de los 10 principales productores de café, rebasado por Vietnam, Etiopía, Uganda, Honduras y Guatemala. La salida "del cuadro de honor", avergüenza y exige un debate de las causas y búsqueda de respuestas para atender la deuda de desarrollo de las comunidades cafetaleras. ¿Ya no interesa sembrar café, de acuerdo a la ortodoxia de la tecnocracia en el poder? Que lo digan, porque tampoco han ofrecido vías alternas de desarrollo. Una herida grave fue que México saliera en los 80 del convenio del precio del aromático que regulaba la Organización Internacional del Café en Londres, para acompañar el interés de EU en ubicar el precio en la ley de la oferta y la demanda. Desastre en caídas del precio que sumado a meteoros naturales trajo una crisis sin paralelo, además de la obligación que el TLCAN le imponía a México para renunciar a otras instancias que no fueran las del reciente acuerdo regional.

En aras de un Estado mínimo, se desmontaron los instrumentos que daban cauce a las peticiones, en principal término, del productor. La desaparición del Instituto Mexicano del Café (Inmecafe) en 1989, cortó la instancia que ejercía el procesamiento de demandas que desde los años 50, había llevado con éxito el posicionamiento del café mexicano. Además de ser dique contra abusos de finqueros y/o exportadores, hoy se extraña la coordinación en materia de ciencia para frenar enfermedades del cultivo o el fortalecimiento de variedades de café. Los excesos del Inmecafé fueron argumento para desaparecerlo, ha contrasentido de preservar esas instancias en países cafetaleros que con competencia para México.

Otro de los referentes de la crisis cafetalera es su acelerado proceso de desnacionalización, desde el cultivo hasta la exportación. El referente de familias exportadoras ha disminuido por dos razones; el cambio generacional posibilitó que muchas empresas diversificaran su riqueza a otros polos para sopesar la crisis del precio. Segundo, los intentos de cooperativas de pequeños productores, han tenido poco éxito por la poca capacidad crediticia para desarrollarse. Ambos resultados han permitido que grandes corporaciones globales afiancen su presencia en México. La falta de un órgano regulador que oriente las prioridades de producción y calidad del grano, ha permitido una voraz presencia internacional, a veces a costa de condiciones laborales, medio ambientales y de seguridad.

Fortalecer al café de México no atraviesa por medidas del ayer, sino por una plataforma crediticia y técnica. Eliminar la importación de café robusta que mantiene la Secretaria de Economía a favor de las trasnacionales que buscan industrializar el grano importado, es otro paso. La centralización del gasto, cifra ridícula de menos de 200 millones considerando el potencial cafetalero, exhibe el poder de la SCHP para desvirtuar una inversión, a costa de Sagarpa.

Vietnam, con una producción anual de 27,5 millones de sacos (robusta en su mayoría), rebasa la producción cafetalera que registran 12 países en África e incluso del cordón mesoamericano, que produce 18 millones de sacos de variedad arábiga. ¿México puede contra esa realidad? No. Desde luego que no. En la responsabilidad de encontrar respuestas al desarrollo, se pueden revivir "industrias primarias" como el café que ha sido un ejemplo de éxito. Que en cada sorbo de café mexicano haya conciencia de una asignatura que espera respuesta.