Política

El populismo como ruptura del sistema derecha/izquierda

abril 16, 2017

Recientemente, Alberto Moreiras ha compartido un borrador (La hipótesis Podemos), que resulta oportuno y pertinente para todos los mexicanos, particularmente para los veracruzanos que ya viven un momento de azuzamiento electoral, y que, inevitablemente, los lleva a confrontarse en el marco de dos conceptos extremos de ubicación de los partidos políticos con registro formalizado: derecha-izquierda. Es al interior de estos ya caducos referentes donde, en su conjunto, los partidos asumen tonalidades mimetizadas con un arcoíris deslavado.

En este contexto viene bien preguntarse: ¿Es pertinente pensar lo político contemporáneo y la política existente dando por sentada la validez de estos conceptos que ya "dieron de sí" todo lo que podrían haber representado durante el siglo XX? … si la respuesta es sí, valdría la pena hacerlo desde la propuesta de Carlo Galli (Por qué izquierda y derecha) que dice, "sería posible empezar a pensar hoy que, en la medida en que dependen de la experiencia política de la modernidad, y en la medida precisa en que son categorías modernas, quizás "derecha" e "izquierda" sean variaciones de un sistema político construido no para la liberación sino para la dominación", es decir, dos caras de la misma de la moneda.

Al final de cuentas, en la misma dirección que reflexiona Galli, ambos referentes han mostrado que son incapaces de sostener la posibilidad del concepto de igualdad, como expresión de lo rigurosamente humano. Es decir, durante todo el siglo XX –que es el periodo en que se cristalizan como historia social ambos conceptos- hemos sido testigos de un distanciamiento tanto de la izquierda como de la derecha de la construcción de una convivencia igualitaria. Y es éste el argumento que parecería central para mostrar que izquierda/derecha responden a un mismo sistema político, a un hacer política común, que en tanto formas políticas de los valores clave del liberalismo y la república (igualdad, libertad, fraternidad) no lograron una expresión concreta en las diferentes realidades político-sociales construidas. Ya ni se diga de las más recientes de acuño neoliberal.

Entonces: ¿practicar la política y pensar lo político desde el marco izquierda-derecha no significa permanecer en el circuito estereotipado de la dominación y la desigualdad humana? Sin duda, lo que sí ocurre es que, como nociones de construcción de lo político y la política, no permitirán en el futuro inmediato (ni en el de largo plazo) la instalación de experiencias democráticas que se desplieguen hacia la convivencia igualitaria, a la realización histórica de la igualdad humana.

En este circuito, vemos cómo el populismo, endemoniadamente satanizado dada su cercanía a la izquierda (aunque también ha mostrado ser bien orquestado desde la derecha), hoy más que nunca es objeto de discusión, sobre todo en los círculos políticos, intelectuales y noticiosos, dado que, de alguna manera, su origen se sostiene en una veta cercana a la instalación de democracias. Todo parece indicar que las experiencias recientes de gobiernos latinoamericanos como Brasil, Venezuela, Ecuador o Bolivia, por decir sólo los más cercanos –y que enfrentan embestidas sin fin–, son maliciosamente identificados como modelos de gobernanza populista, intentando vía medios, redes sociales, conferencias televisivas, reportajes sobrevaluados y más, mostrar que el populismo que ya habita en ellos es el germen viviente de toda descomposición social. Sin duda, esta andanada de argumentos tendenciosos y orientados a formar opinión en el campo de la derecha/izquierda, tiene como propósito mantener un sistema electoral y un voto inscrito en el "más de lo mismo".

Viene bien entonces, en este contexto de azuzamiento político, la reflexión de Jorge Verstrynge –mencionada por Moreiras en su borrador-, que está orientada a una interpretación del populismo, considerando su despliegue en los contextos de las derechas e izquierdas realmente existentes y en el cual afirma que "el populismo no es ni extrema derecha ni autoritarismo, ni racismo ni comunismo, ni tampoco izquierda o derecha "de gobierno", como él las llama.

Para Verstrynge, el populismo es la política del futuro, en tanto que responde al "desorden mundial" y a la quiebra de las "elites" y supone una "descalificación rabiosa" de las elites adversas; el populismo habla de un "gran enfrentamiento" entre el pueblo o los pueblos y "los liberales y los conservadores"; es antiglobalizante y nacionalista, democrático en el sentido que reclama el poder del demos contra el secuestro de la "voluntad popular" que ha caracterizado acentuadamente las últimas décadas de gobierno neoliberal.

En ese sentido, lo que es común a todos los populismos es la "reivindicación de más poder para el pueblo, más democracia en general, la soberanía y la defensa de la nación, de cada nación con sus especificidades" (Verstrynge). Su base histórica es "de izquierdas pero no tanto", aunque sea "radicalmente demócrata".

Con más o menos precisiones, ésta es una buena aproximación conceptual del populismo actual, que de alguna manera ya se despliega en los gobiernos latinoamericanos –acosados por la orquestación neoliberal. Y viene bien considerarla como referente para la lectura e interpretación de la información circulante en los medios. Puede servir como una pequeña "caja de herramientas" para analizar y reflexionar sobre lo que insistentemente se dice –como se hizo tantos años sobre Cuba– sobre los países latinoamericanos que decidieron desafiar los poderes imperiales.

Los mexicanos hemos vivido intensamente la caída del relato de la izquierda y la derecha, no es necesario que alguien venga con el cuento. Los veracruzanos, ni se diga, somos el ejemplo históricamente más representativo de sus extremos, de la hecatombe sorda. Y en ese sentido, ¿cuál es el tono que escucharemos –y quizá zapatearemos– para los próximos años?

Sugiero lo veamos así, a la luz del populismo, "cuya importancia presente es la de inaugurar un posible nuevo ciclo histórico en el cual las formas de hacer política tendrán necesariamente que cambiar. El posible fin del ciclo histórico del neoliberalismo abre una nueva era política: la era del populismo, que sin embargo es también y necesariamente, una época de transición, sin que podamos saber a qué."

Mas el borramiento de la izquierda (o la derecha) no se da con sólo nombrarla, por ello existe la posibilidad de trascenderla desde aquella opción política que se asuma como populista, sin temor a desdoblar sus principios fundados en la instalación de una democracia radical. Es decir, en aquella opción política que no se detenga a centrar sus procesos democráticos en la instalación de un líder que se asuma una función más allá de su utilidad como figura mediática. Caer en ello representa un "más de lo mismo" ya desfigurado en la imagen presidencial y propenso a la reinstauración del presidencialismo y todos los desvíos ya conocidos.

En este sentido, siguiendo a Galli, se trata de construir una nueva visión y estar en/del mundo. En "un marco en el que puedan encontrar espacio las energías individuales y colectivas hacia una emancipación que puede ser conflictiva, pero no desigual".