Política

Genéticas

abril 06, 2017

Denuncian diputados en el Congreso del Estado que el partido en el gobierno apela a ofrecimientos clientelares de pura cepa para ganarse la voluntad electoral de la inmensa mayoría del electorado que vive con ingresos precarios. Clientelismo, relaciones de patronazgo, son la deformación congénita de los partidos políticos mexicanos. Prácticas calcadas al fascismo italiano, el cual a su vez copia a la Iglesia católica la organización y pensamiento corporativo. La nación que llevaba más de 400 años de indoctrinamiento católico, no tuvo ninguna dificultad en asimilarse a las reglas del juego corporativas.

Los años de formación del actual sistema de convivencia política nacional coinciden con el ascenso del experimento fascista en Italia. Los éxitos en la distribución del ingreso del Desarrollo Estabilizador (1952-1970) reafirmaron y legitimaron la organización política basada en sectores del partido único y dejaron una impronta muy profunda en los reflejos políticos nacionales que se refleja en todos los partidos políticos pese a los 40 años de neoliberalismo a rajatabla. Tanto, que la costumbre clientelar de la dádiva por voto sigue muy vigente como recurso electoral.

Justo a un momento así corresponde el atropello y posteriores balbuceos explicativos por el agravio a un reportero que hacía su tarea: preguntar.

No se precisa de demasiadas luces para percibir que el reparto de despensas o de cualquier otro bien, en vísperas de cualquier elección, tiene una intención clientelar y no altruista. Menos aun cuando es instrumentada por un político en activo y con cargo.

Si se comprueban además hostigamiento y actos de franca intimidación en contra de candidatos de cualquier partido de oposición, quedará plenamente asentado que los partidos políticos del sistema padecen deformaciones tan severas que son capaces de empañar el bono electoral. En fin, es claro que como sociedad nos falta mucho para madurar.