Política

La Bella y la Bestia: segunda parte

marzo 29, 2017

Lo más común sería pensar que un cuento como este, es un ataque directo a algunas mujeres de hoy que cada día luchan, desde sus trincheras, por ser alguien diferente, autónomo, por llegar más lejos y hacer con su vida mejores cosas que distan mucho de encontrar y cuidar del príncipe azul. Sin embargo, también hay un ataque directo hacia los hombres.

Para empezar, valida la bestialidad con la que muchos de ellos han vivido sus vidas y han tratado a otros. Ser hombre en nuestra cultura, es ser ciertamente bestia, fuerte, rudo, malo, grande; asumir el derecho de gritar, golpear y de imponer o privar de la paz, la libertad o la vida a otros. Empero, existen muchos hombres que hacen esfuerzos genuinos por modificar aquellos rasgos que culturalmente se les han impuesto. No obstante, a nivel subconsciente, historias así les dicen que no hay razón por la cual deban retarse a sí mismos y cambiar. Después de todo, la Bestia es fea, sí, pero poderosa y muy rica; con lo cual, además, tiene la suerte, que culturalmente parece que se impone como derecho orgánico, de encontrar a una "buena y bella mujer".

¿No es lo que toda madre quiere para su hijo? ¿Que encuentre a una buena y bella mujer que lo quiera y lo cuide? ¿No es lo que todo hombre, en algún nivel, desea? Querer encontrarse a una Bella es más común de lo que se cree, pero esto no se critica. Lo asumimos como normal, correcto o bueno. Peor todavía, ¿no es lo que muchas mujeres, más de lo que se quisiera admitir, siguen dispuestas a ser por amor? Entonces, ¿hasta dónde puede llegar un "inocente cuento" como La Bella y la Bestia en la psique de todas las personas y en el caminar de los pueblos?

La historia, desde luego, relaja las mentes también de las mujeres bajo el velo de una ilusión falaz, haciéndonos creer que basta con ser bellas y carismáticas, para que un ser más fuerte y poderoso que nosotras, nos acoja, provea y proteja de todos los peligros del mundo. Nos repite, una vez más, que no hay otros valores en la vida que perseguir que no sean la apariencia física y tener un hombre que te ame y te cuide. Estos mensajes son terribles porque el cambio y la concientización son lentos, e historias así, tan poderosas en difusión y penetración mental, terminan valiendo más que una simple reflexión en un periódico.

La consecuencia no es trivial: se trata de perpetuar ideas de cierto tipo de hombre y de mujer; de un tipo de amor y de odio; de tipos de belleza y valores; de un tipo de pareja y de relación, que, por no ser reales, se vuelven una cruel imposición o un fin en sí mismo que hay que perseguir aunque no sea real, todo lo cual ha dañado a unos y a otros a lo largo del tiempo, además de haber constituido, de maneras muchas veces abominables, las formas en las que se han construido las sociedades.

¿Qué se puede hacer? Oponer resistencia. Lo ideal sería no ver este tipo de películas o verlas separando el posible estímulo que nuestros sentidos reciben ante los efectos visuales del mensaje que transmiten. No debemos olvidar que hay un mensaje, no precisamente oculto, que, por muy sabios e independientes que nos creamos, es poderoso y subliminal, por lo que está penetrando en nuestra mente, modificando o conservando, la forma en la que vemos la realidad… Un ejemplo es cómo Watson, considerada una mujer bella, inteligente y abiertamente feminista, se presta para representar a la Bella del siglo XXI.

Debemos tomar en cuenta que se trata de mensajes que fungen como símbolos de poder y de dominación que han sido aplastantes para los seres humanos desde hace cientos de años. Tal vez lo mejor sea que, si bien no podemos escapar por completo del embate capitalista y de sus normas morales, pongamos en duda todo cuanto se nos presenta como bueno, bello y correcto, siempre. En algún nivel, un efecto positivo tendrá.