Sociedad y Justicia

La Bella y la Bestia: primera parte

marzo 26, 2017

La Bella y la Bestia es un cuento de hadas francés que a lo largo del tiempo ha devenido en diversas versiones. Ubican sus orígenes en el año 1740, aunque para algunos su creación se remonta hacia el 1550. Fue hasta 1991 que Walt Disney la popularizó de la forma masiva en la que la conocemos, haciéndola parte del ideario colectivo de un inmenso número de personas a lo largo del mundo. Hoy revive con su más reciente encarnación.

La idea que por mucho se ha difundido, es que, pese a las dificultades, unas que bien podrían ser bestiales, lo que realmente importa es el interior de los seres; uno que sale a la luz con la entrega, devoción, amor y cuidado del ser amado... Empero, esto dista mucho de lo que, en realidad y sin tapujos, el cuento nos enseña: someterse abnegadamente a las barbaridades de la Bestia, bajo la promesa de que si eres bueno, cuidas de ella, la amas, aceptas sus condiciones y haces un genuino esfuerzo por ver su maravilloso interior, tus sacrificios se verán recompensados cuando, a fuerza de tu amor, la Bestia cambie y se vuelva bueno; convirtiéndose, además, en un guapísimo príncipe azul que te ofrecerá todas las riquezas de su alma y de su bolsillo.

Quizá no veamos el verdadero significado de esta historia porque el mensaje ya forma parte integral de la educación que como hombres y mujeres hemos recibido; es decir, creemos que es normal. O que está bien. No obstante, conlleva un mensaje malvado y retrógrada que se hace extensivo a proporciones insospechadas en pleno siglo XXI. Si cree que exagero, ¿por qué no hay manifestaciones en contra respecto al significado real de esta historia? No sucede porque al final representa nuestra historia; una que, muchos creen, hay que perpetuar.

Y es que podemos encontrarle variados elementos cuestionables. Por ejemplo, que la Bestia es, por supuesto, el hombre. El que tiene permiso de ser bestial cuando está molesto y quien ostenta el poder, casi por derecho, de someter a todo aquel que depende de él, empezando por la mujer... La Bella es, desde luego, la mujer, que además de las virtudes que "naturalmente" le otorga la naturaleza, es bonita, pobre, buena, paciente, abnegada, tolerante y está dispuesta a soportarlo todo por amor gracias a su intrínseca capacidad de ver que incluso la Bestia tiene un alma que tarde o temprano brotará.

Hay que reconocer que, en algún nivel, todos hemos creído ese cuento. Sin embargo, le puedo asegurar que muchas mujeres somos más bestias que bellas y que muchos hombres son más bellos que bestias. Además, el cuento fomenta la idea de que uno no es capaz de cambiar por sí mismo si no es a merced del verdadero amor. Pero esto no parece operar así. Uno puede cambiar, pero la experiencia muestra que, si no es a través del esfuerzo diligente y autocrítico, lo común es morirse con sus propios y peores vicios.

En repetidas ocasiones presentan a una Bella que es diferente porque es inteligente y lee. Pero la mujer ha sido inteligente desde el principio de los tiempos y desde hace siglos ha tenido acceso o interés hacia la lectura. En cambio, ese rasgo es tomado aquí, en el año 2017, como símbolo de mujer fuerte, inteligente y progresista. La realidad es que Bella no hace nada más con su vida que encontrar a su príncipe azul, haciendo valer su carisma y belleza mas no su inteligencia. ¿Por qué la historia no promueve a una Bella que es bella por su sentido de independencia, creatividad, intelecto o por ser académica o científica?

Además, ¿quién puede negar que Emma Watson, la protagonista de la versión actual, es realmente bella? Si no se puede, hay otro mensaje muy claro: prolongar un prototipo de belleza como universal, que dista mucho de la verdadera pluralidad de bellezas y géneros que hay en el mundo. ¿Por qué Bella no es negra, indígena, gorda, asiática, transgénero u homosexual? ¿Por qué la Bestia cuando se transforma tampoco lo es? ¿Insisten en que Barbie y Ken son el prototipo de belleza?

Continuará…