Política

Mirador xalapeño

febrero 23, 2017

◗ Karime hace planas

espués de ver el esfuerzo que hizo Karime para convencerse a sí misma de que era merecedora de cierta abundancia, es necesario preguntarse cuánta riqueza en verdad podemos merecer. En realidad, el ejercicio debería comenzar con los funcionarios públicos de ayer y de hoy, pues son ellos los que suelen abusar con harta frecuencia de esto de acceder a la abundancia.

La percepción socialmente dominante es que la clase política se atasca de ingresos altos: las noticias que se filtran indican que los jueces, los gobernadores, los legisladores, los funcionarios municipales y, en fin, una amplia banda de personajes políticos, se asigna ingresos desmesurados. En la perspectiva económica, esos altos salarios se justificarían si estos personajes fueran muy productivos, o al menos le rindieran altos beneficios a la sociedad, que es la que finalmente les paga. Pero el hecho real es que no hay buenos resultados. El país va a la deriva, la economía no mejora, la infraestructura es pésima, el ambiente se deteriora y, lo que es peor, la corrupción prolifera, lo cual indica que además de ganar altos sueldos, los funcionarios se apartan del marco normativo y roban.

Es curioso observar cómo se rehúsan a hacer pública su declaración de ingresos, su patrimonio acumulado, la riqueza que han logrado reunir. Le tienen terror a que la sociedad se entere de que al cabo de 10 o 20 años de servicio público, los señores de la burocracia han juntado fortunas... Y uno preguntaría ¿Es una riqueza justificada?

La pregunta es pertinente si consideramos el contexto en el que vivimos. En Veracruz, una entidad donde en verdad que hay abundancia (de fuentes de energía, de biodiversidad, de tierras fértiles, de cuerpos de agua, de paisajes maravillosos), resulta que esa abundancia está muy mal distribuida, pues en 2014 más de la mitad de la población (cuatro millones seiscientas mil personas, hay que recordarlo) vivía en la pobreza (y hoy probablemente sean más, solo falta ver las últimas estimaciones de Coneval).

Los indicadores de desigualdad reunidos por Inegi señalan que en Veracruz hay una gran concentración de la riqueza: una familia ubicada en el grupo con más ingreso (el 10 por ciento más rico) captura 15 veces más ingreso que una familia situada en el grupo con menos ingreso (el 10 por ciento más pobre). La cifra por supuesto se incrementaría notablemente si en la encuesta levantada por Inegi se incluyeran a algunos de los altos funcionarios de nuestra lamentable burocracia (Oxfam apunta, gracias a estudios de Gerardo Esquivel, que la desigualdad en México registraría datos más preocupantes si la Encuesta de Inegi tomara en cuenta a nuestros ricachones más célebres: Slim, Salinas Pliego, Bailleres. Los invito a consultar: http://www.oxfammexico.org/desigualdad-extrema).

De acuerdo a estudios de Sedesol y PNUD (2011), Xalapa es la segunda ciudad más desigual del país. Tan triste posición ha de atribuirse precisamente al abuso que caracteriza al principal grupo social con altos ingresos que habita la capital del estado: la burocracia política. En medio de privilegios, su fortuna contrasta con las altas tasas de marginación de los hogares que pueblan el norte de nuestro municipio.

Al acercar la lupa a la realidad social, vemos que al lado de una pareja de funcionarios como Karime y Javier Duarte, que hasta donde sabemos se robaron la salud, la educación y las pensiones de miles de personas, y por ello están prófugos, muchos más siguen por ahí, circulando, sin que nadie les pida cuentas. Sus fortunas gozan de cabal salud.

El repudio que se ha ganado a pulso la clase política nos ha llevado ya a un límite. No podemos seguir con ese patrón de altos salarios y grandes prestaciones. Nuestro pueblo está harto de tanto abuso. Es preciso transitar, de modo urgente, hacia un nuevo modelo de clase política, donde impere el mandato de servir al pueblo. Hemos llegado al punto en que es ya indispensable instalar un patrón de gestión diferente. La austeridad es más que nunca necesaria. El petróleo se lo acabaron y lo acaban de ceder al capital extranjero. Ahora vienen las vacas flacas. Pero quien debe apretarse el cinturón son todas las Karimes que andan sueltas con sus respectivos consortes, más que sueños de abundancia pesadillas de pobreza…