Política

El mirador xalapeño - El mal capital social del PRI y ahora del PAN

febrero 14, 2017

El 10 de febrero circuló en la prensa local la noticia de que los estudiantes y profesores del Colegio de Veracruz exigían, en las calles del centro de Xalapa, la renuncia del director de dicha institución, al tiempo que demandaban la expulsión de los aviadores y porros que dañaban al desempeño de ese centro de estudios. Unos días antes se había propalado la información de que Bermúdez, el funcionario hoy preso encargado de la seguridad pública en el gobierno de Duarte, había obtenido ahí un título de maestro en políticas públicas sin haber cumplido, de acuerdo a uno de sus profesores, con los requisitos académicos que rigen la vida de ese instituto.

Es indignante observar cómo el PRI y sus modos de hacer política han lastimado la autonomía de los espacios académicos de Veracruz. Durante años, políticos sin más luces que su lealtad a algún gobernador, podían aspirar a ser rectores de nuestra máxima casa de estudios o incluso lograban obtener grados académicos sin pasar por las aulas. El caso de Fidel Herrera es en este sentido una joya de la literatura fantástica. Consiguió el grado de doctor en la Universidad Veracruzana sin realizar los estudios pertinentes. De hecho, se afirma que la entidad donde obtuvo el grado perdió su reconocimiento por parte de Conacyt a causa de ese tipo de trasgresiones a la normatividad escolar.

Son numerosos los funcionarios de los gobiernos del PRI que poseían –¿y poseen?– dos o tres plazas, cumpliendo labores como servidores públicos y como aviadores en diversos espacios académicos, dañando no sólo las arcas públicas sino también la reputación de las instituciones de educación superior. El daño que esas prácticas generaron en la vida de estas instituciones es grave, pero más dañino es el impacto que eso ha tenido en los presupuestos de nuestra afligida economía. ¿Cómo lograr que avancemos en la preparación de recursos humanos de alta calidad si toleramos que gente sin una verdadera trayectoria académica utilice los centros educativos como fuente de ingresos espurios?

La situación que vive la Universidad Popular Veracruzana, donde se ha ventilado la presencia de abusos de toda índole, no es en realidad algo que deba extrañarnos: los individuos que la operaban eran "académicos priístas" que, más que preocuparse por la calidad de los educandos, se hallaban ahí para cumplir otros propósitos. En el fondo, para ellos, se trata de hacer carrera política y se utiliza a los centros escolares como parte de un itinerario de chapulines, brincando de un hueso a otro.

La multiplicación de las llamadas escuelas "patito" forma parte de ese repertorio en el que se pueden obtener grados en seis meses; el deterioro de las credenciales educativas no solo devalúa a los estudiantes sino que lastima a la propia economía, pues no es posible que se obtengan habilidades con este tipo de estudios hechos de prisa y mal. La proliferación de estas opciones indica que la autoridad que las tolera no se preocupa en realidad por elevar la calidad de la educación que se ofrece en el mercado. Así, en las principales avenidas de nuestras ciudades, vemos anuncios que pretenden seducir a sus víctimas ofreciendo licenciaturas, maestrías y hasta doctorados con títulos que carecen de una auténtica validez en el mundo académico.

Desafortunadamente, los estudiantes que en verdad se preparan, con gran esfuerzo y sacrificio, encuentran que no hay oportunidades para ellos. La estructura del mercado laboral, sobre todo en el aparato de gobierno, ha sido trastornada por lo que los sociólogos llaman el "mal capital social": para conseguir empleo pesan más las palancas, las recomendaciones de "funcionarios", las amistades, las transas. De ello resulta que, por ejemplo, se prefiera contratar a los familiares de un político, en vez de conceder el empleo a la gente mejor preparada.

Es evidente que por ese camino la economía pierde competitividad, y las instancias académicas prestigio. La devaluación de los títulos universitarios daña a los profesionistas que en verdad han luchado por prepararse y convertirse en ciudadanos competitivos. El fraude afecta por supuesto a todo el sistema, pero es particularmente grave en el caso del aparato de gobierno: se recluta a un personal que no posee las calificaciones ni las capacidades requeridas para rendir buenas cuentas a la sociedad. El día 13 de febrero se difunde que la nueva secretaria ejecutiva del sistema Estatal de Seguridad Pública no tiene licenciatura ni cedula profesional. ¿A dónde vamos?