Política

A contracorriente

febrero 03, 2017

◗ El llamado a la

unidad nacional

Con la evidencia de que Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos, pasó de las consignas y amenazas de campaña a los hechos: al firmar el decreto para la construcción del muro fronterizo con México, a las deportaciones de inmigrantes, a la enmienda de no permitir la entrada de musulmanes de siete países, a la cancelación del ATP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, promotor de los capitales sin patria). Con estas primeras agresiones, nos preguntamos si quienes gobiernan México desde hace 35 años tienen la estatura política y moral para llamar a la recontra citada unidad nacional de los mexicanos, después de ser ellos los responsables de expulsar a nuestros trabajadores y reducirlos a simples parias en su propio país. Empresarios, partidos, el ejército, políticos, la iglesia, los dueños de la televisión privada, hoy aparecen convocantes y como los posibles adalides de la salvación del país. ¿Qué no estos grupos y entes son los que han vivido de privilegios, saqueado los bienes nacionales, al grado de estar entregado porciones de nuestra riqueza nacional bajo su modelo de desarrollo neoliberal, que hasta ahora la han defendido como su ruta de gobierno, para acrecentar la pobreza y desigualdades en el país?

Estos que han defendido esa forma depredadora de gobierno, son un grupito de criollos que se han vuelto millonarios, produciendo a la vez millones de pobres, y convirtiendo al país en extremo dependiente de los Estados Unidos. México no tiene nada en común con Estados Unidos, pero el espejismo de quererlo ver igual, por sus aviesos intereses inconfesables, los ha hecho olvidar nuestra historia y orígenes. En el siglo antepasado, los gringos nos arrebataron más de la mitad del territorio, y a pesar de ello los hemos perseguido para ofrecerles lo mejor de nuestra riqueza; el trabajo tozudo, atesorado de nuestros nacionales. La obtención de la riqueza sórdida, natural del capitalismo, magnificado por el modelo exportador de mano de obra barata, provista por el mismo gobierno, al haber cercenado parte de su estructura, pero sin crear en la industria espacios laborales con valor agregado, y sin diversificar el mercado interno, ni el exportador. Este grupito ha conducido al país a un sometimiento, que hoy la padecerán las empresas dependientes del TLC, que además, desde siempre, el tratado redujo al campo y los productores a la miseria, a la nada, porque todo lo traerían del campo subsidiado en Estados Unidos y Asia. Que harán Peña Nieto y su grupo de "notables", para disuadir al insolente Trump, y sensibilizarlo de que si abandona el TLC, la economía gringa será afectada.

Hoy el concepto de soberanía, esgrimido por el presidente Peña Nieto, es un girón hueco, sin sustento. El país está siendo entregado a manos privadas, nacionales y extranjeras. Lo último, una Reforma Energética que esta desmembrando la industria petrolera, baluarte del nacionalismo, del México revolucionario. A pesar de la denuncia reiterada por personajes, grupos, e incluso partidos, sobre la entrega del patrimonio nacional, por quienes han manejado al país durante las últimas tres décadas, hoy de manera oportunista hacen un llamado de unidad nacional, cuando han sido ellos precisamente, de la mano de la corriente globalizadora, integrista al modelo estadunidense, que han depredado la riqueza nacional. Hoy de manera sospechosa gritan, cuidado que "ahí viene el lobo", seguramente sus negocios están en riesgo y utilitariamente solicitan el apoyo de los mexicanos. ¿Cuándo ha existido de estos grupos y personajes un posicionamiento sobre la pobreza, y la desigualdad de cientos de millones de mexicanos o la migración incontenible ante la falta de oportunidades aquí?.

La realidad hoy es que México debe diversificar su comercialización hacia América Latina y por supuesto China y Europa. Debe activar el mercado nacional, generando empleos y circulante para impulsar la economía domestica a través un gran pacto entre empresarios, sociedad y trabajadores, bajo reglas que excluyan a los usureros de la ganancia fácil y bajo la tutela de personajes de amplia solvencia moral, que incluso hayan estado alejados de la política. Personajes honorables como Juan Ramón de la Fuente con una visión sobre la dignidad de ser mexicano y quienes han mantenido la herencia nacionalista y el legado de cientos de notables liberales mexicanos, que hoy van a ser reivindicados, ni duda cabe por la impericia de los saqueadores que hoy sienten amenazadas sus ganancias.

Y sólo la sociedad organizada puede salvar a México, no sus políticos de los grupos de ricos prepotentes que han llegado a gobernar los Estados Unidos y que no quieren más alianzas comerciales con los criollos nacionales. Lo único que les interesa es el monopolio de su comercio en condiciones ventajosas y la supremacía de su raza blanca que ponen en predicamento la diplomacia y el orden internacional, toda vez que son enemigos de la política y de asuntos de nuestra sobrevivencia planetaria como el cambio climático y el desarrollo sustentable. Entre aquellos ricos angloamericanos y nuestros malinchistas no hay diferenci, porque su dios es el dinero, la ganancia, sólo que los criollos quisieran la misma proporción en los montos que los ex filibusteros, buscadores de pepitas de oro, les están regateando. Por eso ahora la urgencia de la unidad nacional, bajo pretexto del peligro trumpeano para la nación y el mundo. Primero que devuelvan al pueblo lo que le han saqueado, y después veremos. A ver si se atreven.