Política

La urgencia de la democracia, el reto docente

febrero 01, 2017

Hacia los años ochenta del siglos XX se vislumbró la erradicación de la pobreza en países del llamado primer mundo. Las poblaciones de potencias económicas habían recibido las bondades de su historia como países ricos y desarrollados, habían disfrutado del estado de bienestar que les ofrecía la oportunidad y bonanza. En el otro lado la población de los países subdesarrollados se mantenía discreta para superar su histórica pobreza.

México aprovechaba el incremento de valor en sus hidrocarburos (1973), las remesas de divisas norteamericanas de sus emigrantes, y sus condiciones de buenos receptores de préstamos internacionales para financiar su desarrollo. La pobreza disminuía, pero sobre todo se permitió una clase social media que amortiguaba como el clásico "colchón de en medio" las potenciales injusticias sociales. Sin embargo, para esas mismas fechas se agotaba el estado de bienestar y retornaba la economía clásica liberal. En México lo hacía, para 1982, con una versión exacerbada, definida como neoliberalismo o capitalismo salvaje. Por lo tanto, las cosas cambiaron radicalmente para el demos o pueblo.

En los países subdesarrollados la pobreza proliferó, las clases medias paulatinamente se redujeron, la cúpula oligárquica se consolidó. A finales del siglo surgió un nuevo fenómeno internacional "la pobreza en los países ricos". Era malo la pobreza en los pobres desde luego, no obstante era lo habitual, pero la pobreza creciente en los países ricos fue más que una alerta; el fracaso del modelo económico. Para el cambio de siglo, el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz declara que en 1990 se habían sembrado, durante el gobierno de Clinton, "la semilla de la destrucción"; con la liberación–privatización de la economía y que sólo con un eventual retorno de la rectoría del estado en la economía se podrían salvar los países y el mundo del descarrilamiento económico.

Esta recomendación desde luego no sucedió en los Estados Unidos de Norteamérica, ni en otras potencias, de alguna manera, como era su costumbre las naciones opulentas transfirieron sus problemas financieros a los países subdesarrollados. Así naciones como Argentina, el mejor alumno del Fondo Monetario Internacional con una calificación triple A, quebró financieramente, de un día para otro los ahorros de millones de personas desaparecieron de los bancos. Los países ricos, sus trasnacionales y sus cúpulas empresariales amparadas por sus gobiernos neoliberales hicieron pagar los costos de la crisis a los países pobres o llamados subdesarrollados, con democracias incipientes. Invadieron sus áreas estratégicas como la energética, en particular los hidrocarburos y las ganaron para su interés. Reactivaron momentáneamente la economía privatizando más, las empresas tomaron la destrucción del patrimonio común, el del pueblo o demos, como si fuera la panacea para paliar la crisis de la economía clásica liberal, hacían avanzar al barco de vapor quemando la madera del casco que lo mantenía a flote.

México alineado a la recomendación neoliberal hipotecó y entregó lo que le quedaba de empresas paraestatales y en la segunda década del siglo XXI se quedó sin los recursos que éstas le proporcionaban. Previó el agotamiento de fondos para tareas sustantivas del estado-gobierno como la educación y la salud, por lo que urdió un despido de hasta el 60 por ciento de sus maestros de instrucción básica; por medio de la Reforma Educativa promulgada en el 2013m mediante el examen para la permanencia del servicio docente. Los docentes del sur del país no lo permitieron, el brazo democrático del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), es decir la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) aliada con los pueblos del sur de México hicieron la resistencia y hasta ahora lo han evitado.

Es así como en la segunda década del milenio la tercera ola de privatizaciones tocó a lo más íntimo del país, su sistema educativo nacional, con el argumento de "mejorar la calidad". Desde luego el crecimiento de la pobreza en México se acelera y los recursos para la burocracia gubernamental, además corrupta, se hacen escasos por lo que se recurre a estrategias como el llamado "gasolinazo de Peña". En Estados Unidos de Norteamérica (USA) las cosas empeoran, pobreza y marginación crecen vertiginosamente y de promover la globalización pasan al proteccionismo económico y a la xenofobia para mantener sus privilegios mundiales como población y estado-nación, así se explica el triunfo de Donald Trump y la debacle mexicana por el precio de su divisa.

Del gobierno mexicano proteccionista al neoliberal, del nacionalismo a la entrega de la soberanía, de los gobiernos aceptables al de las oligarquías ignorantes e inhumanas y ahí en medio el pueblo y sus maestros denostados. Ante estas circunstancias se hace apremiante recomponer el estado nacional, hay que hacer política haciendo democracia, urge la democracia, no la de sólo votar, sino la de organizar, discutir y actuar. Los docentes de escuelas públicas, encarnan una profesión de estado, por lo tanto son agentes idóneos para reorganizarlo. Deben promover asambleas donde desde el discurso público se piense, se hable y se enseñe la importancia y el valor del bien común, empezando por la misma educación pública, la del pueblo o demos. Los docentes debemos salir de nuestra zona de confort y contribuir denodadamente en la construcción de un país más democrático.