Política

El mirador xalapeño

febrero 01, 2017

Bauman y la migración internacional

Hace unos días (el 9 de enero de 2017) falleció una de las figuras más influyentes en las ciencias sociales contemporáneas. Zigmunt Bauman, creador del concepto de modernidad líquida, dejó de existir, pero sus reflexiones nos acompañarán por mucho tiempo. En una de las obras que publicó en 2008, Archipielago de excepciones, se propuso examinar la manera en que, en el mundo contemporáneo, son tratados los migrantes. Sus ideas cobran hoy particular relevancia. Desde el punto de vista de Bauman, el escenario que enfrenta la migración internacional al empezar el siglo XXI no puede ser más contradictorio. Por un lado, se impulsan medidas que apuestan a abrir mercados (tratados de libre comercio, inversiones extranjeras con amplias facilidades, construcción de grandes infraestructuras para sostener el transporte de crecientes volúmenes de mercancías). Pero, por otro, se construyen muros y dispositivos cada día más agresivos para impedir la libre circulación de la fuerza de trabajo.

Bauman apuntó que, en el interior de los continentes fortaleza, se ha instalado "una nueva jerarquía social" que busca equilibrar postulados contradictorios pero igualmente vitales. De un lado, fronteras herméticas que permiten el acceso a una mano de obra barata, poco exigente y dócil, dispuesta a aceptar y a hacer lo que se le ofrezca Y, del otro, medidas de libre comercio que no cesan de invocar un sentimiento anti-inmigración. Si en Europa estas dos tendencias han dado pie a dramas terribles, ahora en nuestra América asistiremos a episodios aún más graves.

La llegada de Trump al gobierno estadounidense inaugura una etapa crítica para una zona donde se registra uno de los mayores movimientos de migrantes en el planeta. La frontera que separa a México de Estados Unidos no sólo es cruzada por personas nacidas en nuestro país, sino también por migrantes provenientes de Centroamérica y otras partes del continente (notablemente Cuba y Haití).

A lo largo de los años, se han incubado diversas reformas o dispositivos para "ordenar" la situación de los migrantes. Mientras los procesos de acumulación capitalista lo permitieron, los migrantes contaron con posibilidades de integración. Su presencia era necesaria y por consiguiente se brindaron oportunidades para regularizar su presencia. Sin embargo, cuando estos procesos experimentaron dificultades para seguir abriendo oportunidades de inserción, entonces los dispositivos de exclusión se volvieron más estrictos. Emergió entonces una multiplicidad de políticas y discursos que exigían cerrar las fronteras y castigar a los infractores.

La política migratoria, se dice, es una facultad del Estado nación. Sin embargo, el diseño de esa política se halla sometida a presiones y acuerdos tras-nacionales. La frontera es una línea que a cada Estado corresponde gestionar pero, en la práctica, los acuerdos comerciales y las políticas de seguridad exigen que los Estados construyan dispositivos de gubernamentalidad compartida. México ha tenido que configurar su política migratoria de acuerdo a un horizonte de seguridad que EU le ha impuesto como su principal socio comercial en la frontera sur.

Desde hace algunos años, México se ha convertido en el principal responsable para contener la migración centroamericana que busca llegar a Estados Unidos. A partir de hoy, padecerá un nuevo agravio: asumir el impacto de una política que criminaliza a los migrantes mexicanos y que hostiga a las poblaciones de origen hispano que residen en aquel país.

Las migraciones son un componente central en la constitución de las sociedades modernas, pero ¿qué rasgos adquieren en el umbral del siglo XXI? Si bien es cierto que la migración nace de la desigualdad social en la sociedad global (pues los que migran lo hacen porque en sus lugares de origen no hay opciones), la pregunta que hoy nos planteamos es más precisa: ¿qué modalidades adoptará la migración en la época de Trump? Podemos anticipar que la hostilidad del nuevo gobernante norteamericano agravará la desigualdad y acentuará la tensión que toda frontera suscita. Frente a ello, será indispensable fortalecer nuestras propias opciones: ampliar nuestro mercado interno, promover el empleo en nuestro territorio, consumir lo nuestro. Leer a Bauman nos permitirá apreciar el componente ético que subyace a la construcción de estas opciones: un esfuerzo de solidaridad urgente.