Política

Patriotismo, no espejismo

enero 28, 2017

A México se le ha dicho hasta el cansancio que "geografía es destino". No podemos mudarnos de tres mil 142 kilómetros de frontera terrestre más los límites marítimos, que concentran en aguas profundas una de las mayores reservas de crudo en el Golfo de México. Nuestro destino como Estado, apenas Bicentenario en el 2010, ha sido una lucha frontal en los dramas de la guerra. La pérdida de más de la mitad del territorio nacional, la osadía del conservadurismo de importar un emperador, las invasiones del Norte y de ultramar, las intromisiones burdas y hasta coordinadas desde la embajada de Washington en la capital, los cañones de marinos estadounidenses apostados frente a Tampico y Veracruz, el chantaje del reconocimiento a los gobiernos revolucionarios, son parte del duro testimonio. La historia y sus corrientes que se tiñen de rojo, en México han sido un cauce dramático. En ese vericueto no basta festejar que seguimos siendo Estado. Urge revitalizarlo y eso transita por más que un diálogo entre sociedad y gobierno, en hacer juntos una gesta nacional. ¿Cuándo fue nuestra última gesta?

George Bernard Shaw, el literato irlandés, decía que el patriotismo es el convencimiento de que el país al que uno pertenece es superior a todos los demás por la simple razón de que uno nació en él. La frase es testimonio de su tiempo. Él había nacido en una Irlanda sometida a la corona británica. Sus propios compatriotas, engañados al darse cuenta que no era justa la causa por la que habían decidido acompañar al ejército invasor estadounidense en México, decidieron luchar contra él. El Batallón de San Patricio en su sacrificio labró una muestra de que nacionalismo y patriotismo no son contraproducentes, cuando se trata de que las naciones conduzcan con independencia su futuro.

El siglo XXI arribó a México con una enorme sacudida. Todavía causa escozor el reconocimiento de muchos actores políticos que reconocen: "nunca imaginamos que Trump siquiera fuera candidato". ¿Qué pasó? Llegó el tirano. Las instancias del poder creyeron que todo era promover inversiones, vender la marca México como en el pasillo de un bazar turco y se abandonó lo central que hace un gobierno medianamente serio: estrategia, inteligencia, escenarios y geopolítica. Hoy el muro y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) en el atrio del insulto. El Tlcan institucionalizó una relación comercial que ya existía y que se debía "ordenar", como ejemplifican algunos economistas. Si el réquiem del tratado inició, que inicie la diversificación demostrando que no seremos navío extraviado. Estamos en esa encrucijada que de vez en vez las naciones deben aprovechar sin secuestros de iluminados o de desmemorias históricas.

En el umbral de la ciudadanía, mi generación, que nació en el último cuarto del siglo XX, veía con asombro el hecho histórico de la caída del símbolo del totalitarismo comunista, que después vería el funeral de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS). En cada ladrillo martillado del Muro de Berlín se creía que la democracia y el libre mercado serían el único sendero. Décadas después, lejos de apaciguarse el mundo, hoy tiene retos más grandes que los de antes de 1989. Al "pensamiento único" se le escapó el nacionalismo enfermizo de la potencia y el fascismo del insulto.

Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín escribieron en Un futuro para México: "El destino de México se ha jugado desde el siglo XIX y se juega hoy más que nunca en América del Norte. De ahí la necesidad no sólo de una agenda de política exterior, sino de una decisión estratégica de pertenencia a esa región, desprovista del doble discurso de siempre o del engaño. Se trata de una definición nacional, necesariamente consciente y transparente". Hoy, ¿Cómo enfrentaremos al ogro? ¿Cómo regresamos a nuestra vocación universal? ¿Cómo honrar a los mexicanos del ayer histórico que con dignidad combatieron al enemigo? El destino cambió.

Bernard Shaw murió cuando Irlanda era ya independiente. Los mexicanos nacimos en un México que podremos discutir mucho de sus derroteros, pero que el patriotismo, no su espejismo, entraña sentido de responsabilidad compartida. Recordemos que a las naciones no se les arrincona en muros y entre Estados el único muro es el de la indolencia ■