Política

Pinta mal

enero 16, 2017

Hace dos semanas que inició 2017, desde entonces prácticamente no ha habido un día sin protestas en algún lugar del país. El viernes pasado, en un foro de la OCDE sobre el sector turístico del país, el presidente Peña Nieto dijo: "la realidad se nos ha impuesto, no ha alcanzado", desafortunada forma para aludir a que su gobierno y el resto de los gobiernos nacionales han tenido la reprobable constante de vivir fuera de la realidad, en una suerte de disociación patológica de percepción excluyente de la abundancia, aunque lo más probable es que el sentido de la autocrítica gubernamental no llegue a tanto.

Afirma que se toman decisiones con responsabilidad pero no explica la razón por la que su gobierno ha preferido continuar con la decisión suicida de no reconstruir la capacidad de refinación de hidrocarburos que alguna vez tuvo el país.

Ayer en Xalapa el PRD veracruzano y su dirigencia se manifestaron en contra del alza de las gasolinas y anunció movilizaciones en el resto del estado.

El actual gobierno federal es el que más baja aceptación ha tenido el país en muchas décadas. Eso incluye la caída en vertical de Vicente Fox luego de terminada la luna de miel y el bono democrático de su primer año de gobierno. La aceptación del actual jefe del ejecutivo es incluso menor a la de Felipe Calderón al final de su gobierno, luego de la sangría en la que sumergió al país.

Desde que se informó a la población del alza inminente durante el periodo vacacional de fin de año, la manifestación del descontento es permanente. Sea en las calles o en la virtualidad de las redes sociales, el repudio al gobierno federal es completo.

Pocas veces una decisión gubernamental ha sido tan claramente repudiada por la sociedad, desde las cúpulas empresariales hasta las organizaciones sindicales disidentes, todos, tengan automóvil o no, transportistas, productores agrícolas, estudiantes, amas de casa, rechazan la imposición gubernamental. Han tomado las calles en la Ciudad de México, en Sinaloa, Jalisco, Oaxaca, Tabasco, y Veracruz.

Para los gobernados mexicanos el panorama es decididamente adverso, un gobierno que no escatima el despilfarro pasa la factura a los gobernados con una decisión que habrá de impactar por mucho tiempo el bienestar y, en escasos cuatro días, cambiará el ejecutivo norteamericano por un personaje claramente antimexicano, por decir lo menos.

El actual gobierno mexicano será incapaz de contener y defender el interés nacional, menos ahora en que se ha nombrado como secretario de Relaciones Exteriores a un hombre que sabe nada al respecto y que, además, fue el instrumentador de la malhadada visita del candidato republicano al país, con tratamiento de jefe de Estado.

La campaña en la que se involucra el presidente, junto con Meade y Agustín Casterns, para justificar la decisión del alza, tiene resultados nulos. La credibilidad en su gobierno es inexistente, tanto a nivel popular como en las cúpulas.

Así, en lo interno como en lo externo se configuran escenarios adversos y complicados para los mexicanos; la pérdida de liderazgo y convocatoria del presidente fortalecerá muy probablemente a los verdaderos liderazgos nacionales, pero también ofrece la ocasión para su zapa por parte del ejército de contra propagandistas gubernamentales.

Son tiempos donde lo deseable es tener claridad en el tipo de país que queremos o, por lo menos, el tipo de país que no queremos. La autogestión y el acotamiento social a la autoridad serán instrumentos sustantivos de organicidad.