Política

Las crisis no son asunto de fanfarrones

diciembre 17, 2016

En lo que debe entenderse un propósito de distensión, el coordinador de la fracción panista en el Congreso estatal dice que el anuncio de la eventual desincorporación fiscal no tiene mayor alcance que el de amagar para que hacienda federal apoye al rescate financiero de Veracruz. Pues sí, precisamente ése es su propósito y alcance. No hace ningún favor a la crisis del estado tratar de suavizar lo que la Federación debe entender como una decisión seria frente a su indiferencia. La crisis actual es resultado no sólo de 12 años de satrapías sistemáticas, sino de la complacencia federal frente a dos gobiernos extraordinariamente corruptos y corrompidos. Contratar más créditos, como sugiere el coordinador parlamentario, servirá para paliar momentáneamente la astringencia a cambio de empeorar la hipoteca que ya cargan los veracruzanos.

Es de esperarse que el emplazamiento de marras no sea, como sugiere el diputado, un mero amago para asustar con el petate del muerto a una cáfila de tecnócratas, insensibles rotundos. Que, por el contrario, sea la franca declaración de intenciones en el caso de que el gobierno federal priísta no asuma su responsabilidad por la complacencia mostrada a una administración que a todas luces desviaba recursos públicos federales etiquetados y se los apropiaba.

Concretarlo o no, dependerá del cambio sustantivo de actitud del gobierno federal al respecto. El problema en el que se encuentra el estado, esto es todos los veracruzanos no sólo el gobierno, es la completa quiebra, la astringencia de recursos, una deuda pública monumental y una parálisis económica que por lo menos suma 12 años. Probablemente 18.

Se anuncia la contratación de un crédito pequeño, 3 mil millones de pesos. Es de suponerse que se destinará a cubrir gasto corriente de emergencia. Sueldos y aguinaldos. La contratación de mayor deuda es desaconsejable dada la abrumadora carga ya existente.

Si los veracruzanos habrán de ser los pagadores de 12 años decisiones escandalosamente patrimonialistas, entonces que sea en las condiciones en que los veracruzanos escojan por convenir al interés veracruzano. Esto es, quitas sustantivas porque fueron créditos nunca aplicados en beneficio del estado, o que el gobierno federal asuma los costos, junto con los gobernados veracruzanos, de la moratoria por insolvencia. El razonamiento es simple, desde luego habría costos con el sistema de pagos internacional –salvo una excepción todos los bancos son de matriz extranjera–, pero el costo para el alicaído gobierno federal sería monumental por varias razones, la menor de ellas es su presumible complicidad en el saqueo a Veracruz. Declarar eventualmente a Veracruz en insolvencia de pagos es razón de Estado y en interés de los gobernados. El asunto es primordial, fuera del pago a los trabajadores y jubilados, no hay cosa más importante para el gobierno. Pero esto es un problema estructural y la solución necesariamente es estructural. Si el gobierno federal le parece demasiado oneroso asumir parte sustantiva del saqueo, entonces bienvenidos sus buenos oficios para recuperar los desviado, que no es poca cosa. El dinero necesariamente estará en bienes raíces y negocios –aquí o en el extranjero– y cuentas bancarias off shore y en menor medida nacionales. No hay "licuadora" capaz de desvanecer el contenido de las inversiones y los responsables y cómplices tienen nombre y apellido. Esto no es un juego de fanfarrones, cuando se anuncia una decisión no es para alardear sino porque realmente existe la decisión de llevarla a cabo.

Y en este proceso hay una cuestión que es sustantiva y se descuida: la población veracruzana debe estar plenamente informada del lugar donde estamos parados, las consecuencias de eso, sus posibles soluciones y la decisiones que se toman.