Política

A contracorriente

noviembre 22, 2016

Trump, del show al embate

No es la primera vez que un actor es presidente de los Estados Unidos, ya Ronald Reagan lo fue en los ochentas, y Donald Trump estuvo al frente de las pantallas televisivas durante 14 años, produciendo y actuando en El Aprendiz, donde asimiló que desde el gran show, y a través del histrionismo se puede llegar al poder político. Sólo que, a diferencia del actor hollywoodense, Trump resulta el más conservador de los conservadores, con un discurso ofensivo que representa la regresión más grosera a los valores de los derechos humanos y universales plasmados en los documentos básicos de las Naciones Unidas, y que constituye a la vez, un gran desafío para México y el mundo. Para nuestro país, el triunfo del derechista crea una total incertidumbre, casi igual al terremoto que no se esperaba, pero que, cuando ocurre, existe la sensación de desgracia, aunado al desamparo que ya viven los mexicanos allende nuestra frontera, y que se posesiona en el ánimo colectivo.

La sociedad norteamericana se debate entre el estupor y la necesidad económica. El voto blanco al miedo de perderse ante la marea inmigrante, y sus ánimos de supremacía, le ha dado un vuelco al establishment norteamericano, que aún lo logra digerir. La xenofobia y la violencia racial todavía no se muestran de manera masiva, pero hay brotes aislados, que pueden iniciar a gran escala una vez que el magnate de las bienes raíces empiece a gobernar, que también puede ir de la mano al no cumplirle a los trabajadores blancos estadounidenses su gran consigna de campaña de mejorar sus condiciones de vida, y en contraparte.

Cientos de manifestantes siguen ocupando las calles de las principales ciudades estadounidenses, el miedo a las agresiones de baja intensidad racial, que siempre han estado presentes, polarizan a la sociedad, dejado al descubierto que las tesis de Trump no son aceptadas. Que lo que lo hizo triunfar fue el miedo de la población blanca, de clase media baja, a seguir careciendo de expectativas de mejoramiento económico. "Fue la economía", dijo Hillary, que nunca pensó perder.

Para México el regreso de los nacionales a nuestro territorio significa no solo un problema social y demográfico, sino sobre todo económico, tomando en cuenta que las remesas enviadas por los paisanos significan el ingreso número uno de la economía nacional, que viene a dinamizar el mercado interno y el bienestar de miles de las familias. Desde hace tres años las fluctuaciones en el precio del barril de petróleo han ocasionado que este ingreso no sea más la principal fuente de divisas del país, y un rubro donde el gobierno tendrá que invertir para promocionar a tope su potencial es el sector turístico. Pero de la mano, tendrá también que actuar, en serio, contra la inseguridad y criminalidad que se enseñorea en México y que no ha logrado disminuir, que casi de manera umbilical ha estado unido a los gobiernos de los últimos 20 años.

Y una propuesta del misógino presidente electo es la construcción del muro fronterizo entre ambas naciones para evitar la invasión masiva migrante y de "criminales", como calificó a quienes se dedican al tráfico de drogas y armas principalmente, pero sería bueno recordar que quien inició la construcción de esa barda fue precisamente Bill Clinton durante su mandato, y que a la fecha en una tercera parte de los 3 mil 142 kilómetros de la frontera ya está levantada una enorme valla que dificulta el paso de los indocumentados hacia el otro lado.

El riesgo de que colapse México es real, sobre todo si las remesas enviadas son disminuidas o canceladas; si el TLC, a pesar de ser inequitativo para el país, no se ratifica; que a nuestros productos de importación se los bloquee, o se les imponga aranceles impagables; pero sobre todo, que se imponga mediáticamente a los estadounidenses la idea de que la "amenaza" para ellos proviene de los países del sur, de México principalmente, y con ello se criminalice a la población migrante latina, que pudiese ocasionar una escalada sangrienta, en virtud de la visión racista y perviviendo una economía de guerra, propias de un imperio. Tales despropósitos, declarados por alguien enteramente vacío, son completamente realizables.