Política

Szep Szo

octubre 27, 2016

Derecho a la salud

Entre las preocupaciones internacionales sobre el desarrollo sustentable ha venido cobrando mayor peso la salud como un derecho humano central. La Conferencia de París impulsó esta visión en virtud de las afectaciones del cambio climático sobre la salud integral de los seres humanos. Sobre todo en los grandes grupos sociales que sufren exclusión: pobres, mujeres, minorías étnicas, culturales.

La nueva visión insiste en colocar la salud como eje transversal del bienestar humano. Esto significa que del mismo modo que la educación, ésta es producto de múltiples factores e incide sobre todos los sectores sociales. Además, como estado de bienestar multideterminado exige una visión global sobre sus componentes. La primera consideración es que conseguir la de una sociedad está más allá de las tareas del sector salud.

Esta mirada múltiple sobre la salud exige varias ponderaciones y del concurso de muchos actores. Por ejemplo, en una sociedad como la veracruzana, lograr la salud de actividades diferenciadas de acuerdo con el medio y los grupos excluidos. Las acciones en los medios rurales, con poblaciones campesinas, con un componente de pueblos originarios importante requiere de especificidades que serán muy diferentes a las acciones en medios urbanos como Orizaba, Xalapa, Veracruz y sus zonas marginadas.

La efectividad de las acciones que promueven la salud pasa por un factor muchas veces olvidado: la cultura. En nuestra sociedad, tan dividida entre excluidos e integrados, no ha generado una preocupación colectiva por este rubro como, por ejemplo, existe en los Estados Unidos de Norteamérica, que alcanza niveles obsesivos, no obstante que el sistema norteamericano descansa sobre las prácticas de la medicina privada. De ahí que la medicina haya derivado al cuidado de los sanos y no sólo de los enfermos.

La preocupación permanente por la salud es más que simplemente ocuparse de los malestares de algunas enfermedades pasajeras o de mayor gravedad. Es tener como rutina la asistencia al médico, realizarse estudios de laboratorio y otros especializados (por ejemplo, próstata entre los hombres, males ginecológicos entre las mujeres) y construirse rutinas de higiene personal, familiar, por barrio y procurarse una alimentación sana. El complejo salud/enfermedad requiere de responsabilidad personal, de exigencias a las autoridades sanitarias sobre la calidad y extensión de los servicios médicos.

Este complejo, que en la práctica es un proceso, demanda para supervisión del Estado en diversos aspectos que inciden sobre la calidad de vida de la población. El desarrollo urbano tiene enorme incidencia sobre la salud. La calidad del equipamiento para distribución del agua, para la captura de la lluvia, para el entubamiento de las aguas negras y su tratamiento responsable para su reciclaje, así como el proceso de recolección, almacenamiento y reciclado de los desechos sólidos y los cuidados de bosques, parques, jardines son factores de la mayor importancia para cuidar la salud de colectividades.

Un enfoque del progreso enfocado en la salud como derecho humano exigible puede detonar, como la industria de la construcción, procesos de crecimiento económico. Directamente a través de la misma industria de la construcción de hospitales de diversos niveles de atención médica, clínicas de atención primaria y especializada. Asimismo con la construcción de equipamiento urbano. Y sus ramales se extienden a la investigación, elaboración, distribución y venta de medicamentos. Expansión de los servicios diagnósticos (análisis clínicos, radiológicos, patológicos). Estancias especiales para niños, ancianos o enfermos inválidos, como es el caso elocuente de los hospitales hechos por la Fundación Teletón que ha generado nuevas carreras universitarias para el cuidado especializado de niños con discapacidades.

La demanda de servicios para la salud en nuestro país ha venido creciendo y ha tomado una vertiente que no necesariamente significa mayoría o mejoría. Ante las carencias del sistema de salud pública y los precios exorbitantes del servicio privado y los problemas de desempleo, subempleo, bajos salarios, muchos mexicanos han optado por loa servicios que eufemísticamente llaman "medicina alternativa". En el mejor de los casos estas prácticas constituyen placebos inocuos o alivios pasajeros de los síntomas de enfermedades que requieren de diferentes acercamientos alopáticos.

Esta deriva debe ser puesta en perspectiva. Durante el siglo XX, siglo de fracaso en términos de alcanzar el desarrollo, las autoridades construyeron un sistema productivo que logró con creces el propósito de reconstruir una clase burguesa, pues la que había fue destruida por las guerras civiles de inicios de ese siglo. A las mayorías campesinas se les dotó de tierra sin que éstas entraran al campo del mercado de tierras, con lo que fijaron legal y culturalmente a los campesinos a sus tierras para ser explotados por medio del complejo agroindustrial, comercial y de servicios tecnológicos. Esta infraestructura productiva fue exitosa y base del llamado "milagro mexicano", con tasas de crecimiento de poco más de 6 por ciento sostenido durante casi tres décadas.

Pero a estas masas trabajadoras no las dotó de servicios médicos. Los trabajadores del campo continuaron, en su inmensa mayoría, con las prácticas de medicina tradicional mexicana, esa que hoy seduce a muchos clasemedieros. La salud nunca fue constituida en un valor por sí mismo entre los trabajadores rurales.

Entre los trabajadores urbanos, con el proceso de industrialización forzada, superpuesta a la infraestructura agrícola, iniciada por el presidente Miguel Alemán, con la información disponible y las mismas exigencias de la vida urbana surgió la demanda de servicios de salud más profesionales. Las dádivas gubernamentales hicieron el resto. Enmascarada en los ofrecimientos de justicia social surge la medicina que hasta la fecha llamamos "institucional", adosada al sistema de salud pública y la seguridad social.

La salud fue vista en el régimen estrictamente priísta como una dádiva gubernamental, no como un derecho. No me refiero a su reconocimiento institucional, sino a su concepto, a la manera en que fueron creados hospitales, clínicas, deportivos. Fue manejada como otro privilegio, siempre restringida al provecho de unos pocos. Los grandes sindicatos y los ministerios o secretarías más importantes contaron con su propio servicio médico. Hoy en día, los integrantes del Congreso de la Unión, los llamados representantes populares tienen protección médica privada, derivada de un benéfico seguro médico. Salud como un privilegio, como criterio de diferenciación entre integrados y excluidos, entre élites y asegurados populares.

Llama la atención que para 2017 por primera vez el paquete de ingresos promueve decisiones de incluir como gastos deducibles los realizados para atender problemas alimenticios como obesidad y anorexia. La nutrición es objeto de beneficios fiscales, pues se ha constituido como un problema social. De la misma manera incluye beneficios para alentar el recate o la construcción de ecosistemas favorables para la salud, alienta el uso de transportes no contaminantes, como el subsidio a la compra de autos eléctricos, deducciones del impuesto sobre la renta (ISR) en la compra de bicicletas y la inversión en actividades deportivas centralmente para el deporte de alto rendimiento, que pasa a ser también una responsabilidad de la iniciativa privada.

La ley de ingresos busca ligar salud con el cuidado del medio ambiente y otorgará recursos etiquetados para ayuntamientos con la finalidad de construir infraestructuras útiles al rescate de las condiciones de vida dignas en un entorno de medio ambiente saludable. Aunque el programa parece poco ambicioso constituye un cambio de ruta respecto a la visión que había predominado. Junto con las campañas promocionales para prevenir enfermedades diversas en hombres y mujeres, o las comunes, y la atención personal ayudarán a cambiar el modo de concebir el proceso salud/enfermedad.

Si el gobierno asume ya parte de sus responsabilidades, toca a los seres humanos mexicanos asumir la suya en cuanto crearse ambientes saludables y asumir individualmente el cuidado de su salud. La salud como derecho humano, como responsabilidad colectiva e individual es un elemento crucial para tener una vida digna, productivamente plena, una contribución al desarrollo del país.