Política

Testimonio de Veracruz

octubre 22, 2016

Ante las tragedias, un Estado sin respuestas

En Veracruz, con la huida del ex gobernador Javier Duarte, al parecer, vivimos el final de una tragedia que duró más de 12 años. Una verdadera tragedia, una obra concebida por un siniestro director con una mente perversa, en la que de acuerdo con la definición clásica de ese arte escénico, los personajes se enfrentaron a fuerzas misteriosas que operaron contra ellos, causando destrucción y un gran daño que puede resultar irreparable. Los veracruzanos vivimos un destino aciago, contra el que hemos luchado, muchas veces, infructuosamente. Sin embargo, la tragedia puede sublimar el carácter de los personajes ante la adversidad y convertirlos en héroes al desafiar y vencer a las fuerzas misteriosas, que los han menoscabado severamente. ¿Podrá ocurrir este final de la tragedia, seremos capaces, junto con el nuevo gobierno, de superar el caos?

No perdamos de vista que el gobierno federal es un gobierno sin respuestas y que tal vez su ayuda no llegue oportunamente. Es lento, burocrático, indiferente, frívolo, ineficiente y ajeno a la gente. De ahí la baja aceptación del presidente Peña Nieto entre la opinión pública, sólo 23 por ciento considera que su gobierno es aceptable ¡Cuántas tragedias sin respuestas convincentes!

La madrugada del 30 de junio de 2014 llegaron soldados a una bodega de Tlatlaya, en el estado de México, donde se enfrentaron a presuntos delincuentes y después de que 22 de éstos se rindieron, una vez que estuvieron en el piso, los miembros del ejército los ejecutaron, según versión de dos testigos. Sucede igual con la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, a 257 kilómetros al sureste de Iguala en el estado de Guerrero, la madrugada del 27 de septiembre de 2014, donde la policía municipal los persiguió y atacó. Aún no hay respuesta convincente.

Los casos de los gobernadores que han saqueado las finanzas de los estados donde desgobernaron y, con la mano en la cintura, llenos de cinismo, evaden la justicia, ante la pasividad y la indiferencia de las autoridades: Tomas Yarrington, de Tamaulipas; Guillermo Padrés, de Sonora; Javier Duarte, de Veracruz; César Duarte, de Chihuahua; Roberto Borge, de Quintana Roo; el ex gobernador Humberto Moreira, de Coahuila y el actual gobernador Rubén Moreira. Estos personajes han causado una verdadera tragedia entre la gente, que ha perdido su empleo, su patrimonio y, más que nada, entre las ráfagas de sus aliados del crimen organizado, han perdido la vida de miles de familiares.

Tragedias de todo tipo, donde siempre los protagonistas principales salimos perdiendo. El gobierno trató de explicar, sin conseguirlo de manera clara y contundente, la mansión de siete millones de dólares, que apareció en una revista de sociedad, y sobre la que la periodista Carmen Aristegui investigó la procedencia, lo que obligó al presidente Peña Nieto a declarar que pertenecía a su esposa, la ex actriz de telenovelas Angélica Rivera, gracias a un regalo de la empresa Televisa, donde trabajó en varias de ellas. De risa, la burla a la gente, con tales declaraciones y aclaraciones. No hubo una respuesta que dejara en claro la propiedad de la primera dama.

En abril de este año dos explosiones se registraron en el complejo petroquímico Pajaritos, según información aparecida en La Jornada Veracruz dejaron un saldo preliminar de tres obreros muertos y 136 heridos, la mayoría con quemaduras. En el fondo de esta tragedia, se dice que Pemex concesionó, el complejo a una empresa privada llamada Mexichem para producir cloruro de vinilo, utilizado en la fabricación de PVC. Esta empresa decidió bajar sus costos despidiendo obreros y reduciendo el mantenimiento preventivo, lo que originó el deterioro de las instalaciones y finalmente el fatal accidente que cobró varias vidas. ¿Qué hay de eso y quiénes son los responsables? No se sabe nada. Sólo el silencio cómplice de las autoridades.

Así han transcurrido los días, los meses y los años, y no llegan las respuestas. Las fuerzas armadas, que combaten al crimen organizado han salido manchadas por acusaciones de que soldados han agredido a civiles en su afán por combatir a los delincuentes. Y la respuesta llegó en un lugar de Sinaloa llamado Badiraguato, donde un convoy del ejército, que acompañaba a una ambulancia con un enfermo, fue emboscado por un grupo armado, como resultado se reportaron cuatro muertos del personal militar. Dos vehículos Hummer de la milicia quedaron destruidos y 11 soldados resultaron heridos. A ciencia cierta el gobierno no tiene una respuesta verídica de este hecho que enardeció a las fuerzas armadas y que volvió a poner en la mesa la inconstitucionalidad de que el ejército patrulle las calles, los caminos y las veredas del país. El Ejército se encuentra desgastado, declaró hace unos días el general Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional.

Hace apenas unos días fue asesinado a sangre fría el juez federal Vicente Antonio Zacarías Bermúdez, en Metepec, estado de México. Un hombre le disparó en la cabeza, según nota de La Jornada, lo que le provocó la muerte. Zacarías era titular del juzgado quinto de distrito de amparo y juicios civiles federales, en el estado de México. Fungió como juez sexto penal especializado en cateos, arraigos e intervención de comunicaciones, en la ciudad de México, donde intervino directamente en asuntos relacionados con la delincuencia organizada ¿Quiénes fueron los verdaderos asesinos?

Un gobierno sin respuestas. Los delincuentes se fugan con la complacencia del gobierno, por ejemplo, la impunidad y la complacencia con las que actuó el ex gobernador Duarte es sorprendente. Pero más preocupante es que ante la pasividad y complicidad del Estado mexicano, no tengamos la reparación del gran daño causado a los veracruzanos. La respuesta la debemos dar nosotros, los afectados, las víctimas. "Seamos realistas, exijamos lo imposible", sentenció el Che Guevara en su lucha por la libertad. De otra manera no habrá respuestas. Veremos y diremos, casual lector.