Política

Precariedad

octubre 16, 2016

La petición y concesión de licencia de Javier Duarte al cargo del gobernador parece haber ofrecido un efecto relativo de distensión en buena parte del respetable. Por un lado, por la percepción de una suerte de retaliación sobre a quien hacen responsable de no pocos de los agravios puestos sobre las espaldas de la sociedad. Por otro, las renovadas expectativas de un verdadero ejercicio de rendición de cuentas. Ambas cosas aún por verse.

Los hay también quienes perciben el hecho como la preparación de una jugada de posicionamiento y preparación sobre el tablero para descarrilar la toma de posesión del gobernador electo. En cualquier caso, los días por venir serán de todo, excepto tranquilos.

Por lo pronto, existe el reconocimiento explícito de la monumental crisis de liquidez del estado por lo que se habrá de pedir ayuda para pagar sueldos y aguinaldos. Cosa que por sí sola ilustra la dimensión de hoyo financiero económico hecho al estado por los actuales y anteriores tomadores de decisiones en el tóxico binomio veracruzano gobierno-congreso. Mientras esto sucede los adeudos y rezagos continúan y el impacto de la insolvencia veracruzana confirma las razones de calificadora Standard & Poor's que en agosto bajó la perspectiva crediticia de México.

En asunto es sustantivo y es prueba abrumadora de las consecuencias de la pasividad social frente a las tropelías de los instintos patrimonialistas del priísmo.

De momento, el retraso crónico en el pago de quincenas a maestros y jubilados prolonga inmisericorde la incertidumbre en ellos y en buena parte de la sociedad.

La acumulación de hechos gravosos en el estado extendida durante, por lo menos, dos sexenios, irrita a la sociedad de tal forma que no parece probable que maniobras o negociaciones políticas eviten que se instrumenten uno o varios juicios políticos de alto impacto.

El gobierno federal tiene varias cuentas pendientes propias además de las de tres gobernadores que lo lastran. Los costos políticos de hacer nada al respecto serán mayúsculos para cualquier pretensión de control de daños. Por lo pronto, en el estado las decisiones han sido cantadas y sería sorpresa que no se llevarán a cabo.