Política

Szep Szo

septiembre 28, 2016

Nutrir el odio: el mal social mexicano

Es más que mal humor generalizado. Es más que molestia grupal. La enfermedad social de la división entre nosotros es nutrida por algunos. De manera consciente. De forma obligada. Es el sentimiento violento inyectado en, tal vez, millones de mexicanos. Es el mecanismo de mantener alertas, en acción permanente, a gruesas capas de la población. Están ya con el alma envenenada.

El odio, ese conjunto de sentimientos negativos que llevan a la desmesura irracional y despiadada, forma parte de la naturaleza del animal llamado homo sapiens. Forma parte de los mecanismos de defensa naturales del yo, del nosotros. Y se independiza hasta hacer surgir el homo ubris. Se dispara por diferentes razones. La vida en sociedad y el conjunto de progresos que llamamos civilización ha servido, por miles de años, para frenar o al menos encauzar estos sentimientos destructivos.

Detrás de muchas de las conductas de violencia desmedida en contra de las mujeres, de los homosexuales y lesbianas, de algunos extranjeros y de los "enemigos de una pandilla" está el odio. Querer el mal del "otro", gozar con su mala suerte es el principio. Impulsar a otros, o ejecutar personalmente las acciones de irracionalidad para que otro sufra y en ocasiones regocijarse con su sufrimiento, es la continuidad de las conductas incivilizadas. Y su culminación perversa es alentar esos sentimientos destructivos, que tienen sumida a la sociedad mexicana en la espiral de violencia de todos contra todos y que nos está asfixiando.

Entendible, aunque no comprensible, es la barbarie que han desatado las pandillas y grupos mayores de militantes del crimen organizado. Luchan, sin más argumentos que la superioridad de su canibalismo, por vencer a sus "enemigos" para tener la posesión de territorios y mercados en donde producir, y vender, sus mercancías ilícitas, lo mismo productos de piratería, que de contrabando, que todo tipo de drogas. No median: tratan de terminar con la rivalidad imponiendo su violencia.

Ni entendible ni comprensible es el odio inoculado, al parecer en millones de mexicanos, que tienen por enemigos a otros mexicanos que tan sólo piensan de manera diferente. En el origen están las derrotas electorales en las elecciones presidenciales. Se dicen militantes de izquierda. Los verdaderos. Los auténticos. Los incorruptibles. O más precisamente: el origen está en la manipulación de los sentimientos de millones de mexicanos por parte de líderes frustrados, que no han podido vencer a sus rivales políticos con las reglas del juego electoral, dentro del sistema político al que desprecian.

La escena es por demás elocuente. Llega Pedro Ferríz de Con a la marcha convocada en redes sociales para exigir la renuncia de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república. Las redes sociales ardieron en días anteriores a la marcha y parecían encender al país. El llamado tuvo muy poco respaldo. Tal vez la frustración por su escaso número caldeó los ánimos de algunos asistentes. En la avenida Reforma se acerca, cauteloso, el periodista y comentarista. Se sabe que por sus críticas al presidente, y también a Fidel Herrera Beltrán, el exitoso presentador de noticias en la radio fue puesto en la mira de la represión del Estado. Cometió un error personal y facilitó su despido de Imagen, la casa editorial que le dio fama.

Pedro Ferríz es recibido por un supuesto ex trabajador de Luz y Fuerza del Centro, la Compañía de Luz, liquidada en tiempos de Felipe Calderón, aunque parece muy joven para ser un ex trabajador de esa compañía. Y llama la atención el recibimiento. Mejor dicho, desconcierta y descorazona, azora y perpleja la conducta de este marchista. No son las mentadas de madre las que provocan la estupefacción. Es el odio, la tensión emocional con que son pronunciadas. Y peor, si posible, las quejas que acompañan las sonoras mentadas de madre, pronunciadas como rosario, una más cargada de desprecio que la anterior.

¡Chingas a tu puta madre, hijo de la chingada capitalista de mierda! ¡Ve y chinga a tu puta madre, hijo de tu puta madre, pinche neoliberal! ¡Chingas a tu pinche madre, hijo de la chingada, mensajero y súbdito de Peña Nieto! El locutor trata de acercarse a dialogar con su agresor. Imposible. Éste sigue con su retahíla de mentadas y descalificaciones. Falsas en sus acusaciones de que Ferríz de Con es tapadera del presidente de la república. Inverosímiles las mentadas por ser ¡neoliberal y capitalista! Envenenada su alma, como la de millones de personas escondidas detrás de las llamadas redes sociales, este militante de Morena no razona. Forma parte del rebaño de las almas perdidas. No entiende de la racionalidad política. Ha sido formado como súbdito por, entre otros, Epigmenio Ibarra, que se han encargado, durante años, de nutrir los rencores sociales en contra de todos los que no piensan como ellos.

Es muy grave para la sociedad mexicana que las dificultades que todos vivimos, sean adjudicadas a personas por supuestamente ser neoliberales o capitalistas. Es terrible esta situación. Es como la culpabilidad de los judíos en la Alemania de Hitler. Es peor que cuando los males del país, los priistas se los cargaban a los comunistas y socialistas. Incubar estos odios es el camino para desencadenar la guerra civil política, la peor y más temible de las guerras. Juegan con fuego los instigadores. Y lo saben. No son ignorantes. Son personas con altos estudios, especialistas en psicología de masas, en sociología de grupos y expertos también en comunicación política.

Por supuesto que existe descontento social. En parte por las graves equivocaciones de Enrique peña Nieto en la conducción del país. Sin embargo, estas personas que odian a "los neoliberales", resentidas sociales que desprecian el capitalismo, no pueden reconocer que, con sus reformas estructurales, aprobadas por todas las fuerzas políticas formales del sistema político mexicano, Peña Nieto rompió los monopolios de Slim y de Azcárraga. También hirió de muerte al sindicato petrolero y limitó a los bancos en sus tendencias extractivas de rentas. Y está terminando con uno de los problemas que alimenta el peor de los males que nos heredó el priismo: el pésimo sistema educativo confiscado por el sindicato magisterial.

El odio es la cólera de los débiles, sentencia Daudet, escritor francés. Es cierto que la envidia viene derivada de las desigualdades sociales, enormes, en que vivimos. Pero no resolveremos nada de nada si nutrimos el odio, que a su vez desata el deseo de venganza social. Por el contrario. Requerimos de la crítica radical, es decir, de la crítica racional de las raíces de los problemas que causan las divisiones sociales, que empujan la pobreza elevada de muchos y que entronizan la riqueza de los menos. Pensar en las maneras de reducir las desigualdades, sostenidas por una organización social disfuncional para generar riquezas y distribuirlas de acuerdo a la preservación de una organización solidaria, que permita a las grandes mayorías realizar sus proyectos de vida personales, es la gran cuestión a resolver. No la resolveremos por la vía de los odios acumulados. Menos por el camino de los enfrentamientos con armas de fuego.

Cerrar los motivos de ira es correcto: necesitamos de un sistema que procure la justicia social. ¿Por qué razones deberemos obligadamente odiarnos los mexicanos entre sí? ¿No es un crimen alentar estos sentimientos sociales en contra de quién sea? ¿Lo justifica la lucha política de unos cuántos resentidos por sus derrotas electorales? ¿Acaso creen que su simple llegada a la presidencia de la república eliminará sus propios problemas y de una vez y para siempre? En verdad que no tienen idea de la complejidad del manejo de una sociedad como la mexicana. Sueñan con la simplicidad de su triunfo.

Engañas a sus seguidores. Sin educación de alta calidad. Sin inversiones y creación de empresas. Sin capacitación de las diferentes manos de obra. Sin tolerancia política y social. Sin capacidades gerenciales de gobierno. Sin nuevas y auténticas virtudes políticas no podrán llegar al poder presidencial y cambiar, para bien, el país. Resulta insuficiente su voluntarismo. Y con esos rencores acumulados llegarán, si llegan, enceguecidos por el revanchismo, la venganza, el cobro de cuentas. Y dividirán aún más a la sociedad mexicana. Ya tenemos bastante con las venganzas entre criminales. Y con la violencia en las escuelas y en los hogares. Y con el desprecio a minorías sexuales, religiosas. Y con la violencia en contra de las mujeres. Es decir: paren su inyección de odio social. Nos dañan a todos. No sólo a Pedro Ferríz.