Política

Testimonio de Veracruz

septiembre 23, 2016

El horror económico y el terror social

El vendaval que zarandea al gobierno de Javier Duarte y que amenaza con derribarlo del poder político en Veracruz, no debe hacernos perder de vista los peligros que acechan, porque a estribor se avista una tormenta, que arribará a costas de Veracruz con el cambio de gobierno en el próximo diciembre, y que puede hacer zozobrar y hundir el desmantelado barco. Vive, Veracruz, un verdadero horror económico, político y social. Y la cuestión es ¿cómo saldremos, junto con la nueva administración gubernamental, de esta gravísima situación? Porque ni modo de no entrarle al toro, aquí nos tocó vivir, y la mayoría de los veracruzanos de aquí no habremos de mudarnos.

El sentido de la vida, la dignidad y los derechos elementales de la mayoría de los veracruzanos han sido pisoteados. Los derechos a la seguridad y al trabajo se encuentran maltrechos, muchas plazas de trabajo han desaparecido, han quebrado empresas y negocios pequeños, la tranquilidad de las familias ha sido vulnerada. Miles de personas han desparecido o han sido vilmente asesinadas, abundan las víctimas en busca de los restos, que penosamente descubren, en fosas clandestinas sembradas por todo el Estado. ¿Qué viene?

Si el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, no trae consigo una varita mágica que cambie todo de un solo golpe, lo que viene son muchas dificultades. No esperemos que como por arte de magia se acabe el horror del que hablaba la escritora francesa Viviane Forrester en su libro el Horror Económico (Fayard 1996), cuando afirmaba que "El pequeño número de poderosos ya no necesitan el trabajo de los demás, el problema es que esos rechazados no tienen ningún lugar donde poder trabajar, aunque esto produce un sentimiento de indiferencia en aquellos que no necesitan del servicio de los trabajadores, ya que sólo les interesa obtener beneficios económicos." Hoy en Veracruz gran parte del trabajo, que movía la economía estatal, ya no existe. Lo han desaparecido, cunde el temor y el crimen organizado engrosa y depura sus filas.

Hace falta mucho dinero, para poner en marcha nuevamente, la maquinaria que debe mover al Estado. La deuda que heredará el nuevo gobierno es cuantiosa, casi impagable. La contraída con bancos y otras instituciones financieras, la cual no hay modo de evadirla, casi llega, según reconoce el SAT de la Secretaría de Hacienda Federal, a los 50 mil millones de pesos, más los intereses correspondientes, que religiosamente deben pagarse mes con mes. Pero hay otra deuda, la de los proveedores locales y nacionales. Existen muchas empresas y personas físicas, que buscan la manera, antes de que salga el actual gobierno, que les reconozcan los adeudos, con la esperanza que la nueva administración les pague en los próximos dos años. Y esta deuda, según los enterados, debe alcanzar casi otros 50 mil millones de devaluados pesos. Es decir, impagable.

Pero para que el nuevo gobierno camine en la reconstrucción, también necesita dinero fresco, contante y sonante, ¿Cuánto necesita para arrancar? Hagamos cuentas, según los reportes de la Secretaría de Finanzas en su portal, el fin de año para pago de servicios generales, nómina y aguinaldos de la burocracia se requieren un poco más de 10 mil millones de pesos, que seguramente no dejará el gobierno duartista en caja. Y más lo que se necesite para iniciar el trabajo normal del cualquier nuevo gobierno. ¿De dónde vendrá dicho recurso? Del gobierno federal se ve difícil, pero no imposible, ya que la última devaluación del peso, rebasando la barrera de los 20 pesos, lo debe obligar a otro fatídico recorte, aunado al de los 300 mil millones de pesos de hace unos días.

¿Los bancos se atreverán a prestarle al gobierno de la alianza PAN-PRD, considerando la enorme carga de la deuda que le hereda la administración de Javier Duarte? Muy complicado si nos atenemos a la calificación, de dicha deuda, realizada por las empresas especializadas en el análisis de pasivos públicos, que la señalan como casi impagable y sumamente negativa.

No hay de otra más que pedir y negociar con el gobierno del Presidente Peña Nieto. Tendrá que usar todo su talento el actual gobernador electo, para convencer a los financieros de la Secretaría de Hacienda de que es obligado un plan de rescate para Veracruz, tal como lo ha manejado en sus últimas declaraciones y en su famosa carta dirigida al Presidente de la República. Tendrá que solicitar el apoyo del Congreso Federal, de los diputados del PAN y del PRD, así como el del presidente nacional panista Ricardo Anaya, que tendrá que echar mano de todo su oficio político.

¡Si se puede! Tan es posible, que el Senador del PRI José Yunes, se pasea por el Estado, repartiendo dinero federal entre los productores y algunos municipios de Veracruz. Lo que significa que todo estriba en la buena voluntad de los altos funcionarios federales y del poder de negociación de los políticos encumbrados. Entonces, que se emprendan las negociaciones entre las cúpulas del poder político en México, para que llegue el alivio a Veracruz, que tanta falta nos hace a millones, que no hayamos la luz al final del túnel.

Pero que no se utilice como moneda de cambio, la impunidad de los actuales funcionarios, para la negociación de los dineros. Eso sería pero que seguir viviendo en la postración. El trato en las urnas fue otro: el castigo para los culpables del horror que vivimos en Veracruz. Mientras tanto la PGR ya montó un peliculesco, operativo, en el mismo palacio de gobierno de Xalapa, que empiecen a caer los frutos podridos, diría alguien. Veremos y diremos casual lector.n