Política

Expediente 2016

agosto 12, 2016

*"¡Todo nos chingamos!"

Édgar Spinoso Carrera, diputado federal, vive en Houston desde hace ratito. Incluso, cuando Javier Duarte lo despidiera a ocho columnas en un periódico de Xalapa "porque defraudó mi confianza", igual que Gabriel Deantes, Spinoso se refugió en Houston. Allá esperó que las heridas políticas y amicales cicatrizaran. Días atrás, un jarocho se topó con él en aquella ciudad y platicaron. Y luego del saludito, el jarocho dijo a Spinoso: "Hay un gran escándalo político en Veracruz". Y la sabia y lacónica respuesta de Spinoso, ex Oficial Mayor de la Secretaría de Educación, fue la siguiente: "¡Y cómo no… si nos chingamos todo!".

Spinoso llegó al gabinete de JD con la fama pública de estar enriquecido, de igual manera, digamos, que Gabriel Deantes, cuyo padre le heredó, dice, ajá, 39 millones de pesos para comprar su par de mansiones en el Frac. Las ánimas, de Xalapa, y su plaza comercial y su edificio de cuatro pisos, entre otras cositas. El diputado federal pertenece a esa generación política. Una generación, caracterizada por la frivolidad. Frívola, por ejemplo, fue la frase con que contestó al jarocho aquel en Houston. Frívolos también han sido todos ellos. Hijos putativos y discípulos del góber fogoso, ninguna de sus cualidades le aprendieron. En contraparte, se fueron por el camino fácil, encarnado en la frase célebre de que "en política, lo que se resuelve con dinero… sale barato", aun cuando ahora, con la turbulencia social, está saliendo más caro, pues finalmente, siempre ha de salir más caro el caldo que las albóndigas.

La generación frívola del poder político

Frívolos todos ellos, de Édgar Spinoso el sicólogo asegura que es un político de pocas palabras. Habla poco, y mira, observa, escudriña. Y cuando habla es lacónico. Incluso, con comentarios ácidos. De todo y de todos se burla. "Yo no trato con esos bueyes", suele ser una de sus frases preferidas, algo parecido, por ejemplo, a lo que decía Séneca: "Sólo sé que no sé nada". En el mismo orden andan otros duartistas, mejor dicho, fidelistas. Por ejemplo, de Érick Lagos, el siquiatra dice que su fuerte en la política es su perversidad en todo y para todo, bajo un eje central, el siguiente: mucho chisme y mucho chiste. Además, siempre apuesta a la intriga en contra de los demás, sea quien sea. En aquel entonces del fogoso, cargaba la maleta al jefe, pero de igual manera, le acercaba barbies para su regocijo mental. Más aún: la fama pública es que suele hablar mal de todos ante el gobernador en turno, dos que le han tocado vivir, como son el góber fogoso y el góber tuitero. Otra de sus cualidades es que suele conseguir al jefe todo lo que le pida. Y todo, es todo. Engolosinado con el poder llegaba al extremo de que en pláticas con el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, le hablaba de sí mismo. Petulante y engreído.

Según el siquiatra, el único atributo de Vicente Benítez, conocido como "El señor de las maletas voladoras" y "El profe tanguero", es que suele reírse a mandíbula batiente de todas las cosas que Javier Duarte dice, sean las que sean, ácidas y humorísticas, sin gracia. Así, queda bien, como un bufón, con el tlatoani mayor, el gran señor de palacio. Igual que Benítez, Juan Manuel León del Castillo, ex secretario particular de JD, también festina las ocurrencias del góber tuitero. Explosivo, también es gritón. Irascible, su mal carácter también ha causado estragos en el gabinete, como aquella ocasión cuando como subsecretario de Finanzas y Planeación apretó tuercas para que de golpe y porrazo le quitaran las pensiones a todos los viejitos inconformes y contestatarios, días aquellos cuando el cuarto secretario General de Gobierno les envió toletazos al parque Juárez.

"El chingón" y "el cinturita"

Alberto Silva Ramos, "El cisne" que mudara en un simple totol carroñero de rancho, es el más adulador de todos con JD. Incluso, se adula a sí mismo. Metrosexual, se cree, está seguro de ser un galán, un político guapo, un Gatsby. Y por alguna razón, y volteando hacia el pasado, se odia con JD, pero al mismo tiempo, se toleran. Mal necesario, quizá. Gabriel Deantes es un histrión en la política duartista. Siempre con ínfulas de que es un gran chingón. El más fregón de todos. Pagado de sí mismo. Pero los gestos y las musarañas que hace cuando habla lo ridiculizan. Y con discreción todos se ríen y burlan y pitorrean. Jorge Carvallo Delfín ("El hijo más ruin que he tenido", ha dicho su padre) tiene fama en el gabinete de un actor de vodevil, creyéndose, además, un cinturita. Galanazo, con su naricita operada y su pancita liposuccionada. Su vida es una comedia de carpa pueblerina, pues se cree, además, inteligente, rico y politólogo. Adolfo Mota es otro frívolo, muy frívolo, dice el sicólogo. También suele reírse con risotadas de las graciosidades de JD. Pero al mismo tiempo, y a veces, se contiene y se vuelve reservado, deseando transmitir la imagen de un político enigmático. Le encanta posar. Se siente una figurita, casi al nivel de Carvallo y Silva. Así, y con tal referencia sicológica, la frase de Édgar Spinoso en Houston resulta categórica: "¡Todo… nos chingamos!".