Política

El abracadabra católico y la sociedad abierta

agosto 12, 2016

Satisfechas sus demandas por la Legislatura veracruzana y, naturalmente, por el poder Ejecutivo, para la expedición de la ley que prohíbe la interrupción del embarazo desde los primeros meses, mejor conocida como ley antiaborto, la cúpula católica veracruzana arrió sus banderas y comenzó un estratégico repliegue, encaminado a resarcir sus recientes enfrentamientos con la administración duartista y a velar armas para lograr su añorado reposicionamiento político ante los tímidos esfuerzos de un Estado incapaz de preservar su carácter secular y laico.

Ya ha habido acercamientos públicos y no tan privados con el gobernador electo, en el que tanto las cúpulas capitalinas como parroquiales, en zonas donde los curas gozan de alta incumbencia en la vida social, delinean sus nuevas relaciones a futuro y comienzan a establecer qué harán en cuanto a seguir obteniendo canonjías y espacios públicos, de frente a un gobierno que enfrentará una esquizofrenia de relaciones públicas y acuerdos políticos dada su composición derechista-izquierdista.

Así, bajo una óptica sustentada en el razonamiento de que, si la mayoría de los veracruzanos profesa la religión católica, entonces su jerarquía deberá mantener sus cotos de influencia y opinión sobre la sociedad y sobre las mismas autoridades como sucedió con el Poder Legislativo estatal, el duartismo puso en entredicho la vena democrática del gobierno al ceder a las presiones eclesiales por la sencilla razón de que absolutamente ninguna Iglesia es democrática

Como se sabe, todas lasiglesias de cualquier tamaño y denominación postulan una verdad absoluta, anclada en el abracadabra, que significa la omnipresencia de un ser divino, cuya consistencia y naturaleza supranatural le permite resistir cualquier razonamiento; de ahí, desde esa infalibilidad, las jerarquías sustentan a su vez su rechazo y menosprecio a principios elementales de la vida democrática basados en el pluralismo, la cohabitación de verdades contradictorias y relativas, o las concesiones que la sociedad obtiene del poder.

Porque, ¿cómo sobreviviría el catolicismo, o las otras denominaciones religiosas, si se pusiera al voto y a la libre consideración de la feligresía, cualquiera de los dogmas de fe que sostienen su discurso? Sería contradictorio a su naturaleza intransigente y dogmática, aceptar algo que fuese en contra de sus propios dichos.

Los últimos gobernantes y, en particular, el que se prepara para tomar el poder a partir de diciembre, no deberían perder de vista que los esfuerzos de la Iglesia católica por recuperar el poder temporal son para acentuar su influencia en la vida pública, y muchos de los logros obtenidos por la tradición liberal mexicana quedarían cancelados y serían muy ingenuos los gobernantes si las cúpulas permitirían a la sociedad funcionar de la manera libre y abierta, como hasta ahora, penosamente, ha funcionado.