Política

Instituciones

julio 07, 2016

Más allá de la errónea creencia de que las instituciones son dependencias gubernamentales; las instituciones todas, formales e informales, son las reglas del juego que una sociedad se da a sí misma: las obligaciones, limitaciones y consentimientos que perfilan la naturaleza del hacer y las relaciones humanas en cualquier sociedad. Cuando esas reglas del juego no se aplican por igual a todos, cuando hay excepciones por privilegio o fueros y se recrean descompensaciones e iniquidad, entonces las instituciones son débiles lo mismo que la configuración del encaje institucional todo. Desde su origen, México es un país de instituciones débiles que dan por resultado una configuración institucional igualmente débil. Así se explican deformaciones como el peso determinante del presidencialismo o los Ejecutivos estatales sobre una configuración institucional que presupone la separación y equilibrio de poderes. La institucionalidad y los cambios que se generan en ella determinan la forma en que evolucionan las sociedades. Si las sociedades toleran las distorsiones institucionales se alienta la aparición de distorsiones mayores que pueden, y con frecuencia lo son, altamente disruptivas.

Es el caso de la cascada de iniciativas con las que el Ejecutivo estatal ha bombardeado al Congreso en las últimas semanas.

Mientras eso sucede, los jubilados y pensionados que han sido violentados en casi todas las formas posibles –lo que incluye el desalojo a toletazos de una plaza pública en la capital del estado–, se encuentran de frente con la comisionada estatal de los derechos humanos quien, armada de una cachaza de proporciones oceánicas, les espeta que su recomendación la emitirá dentro de seis meses, o un mes después que la administración actual haya terminado.

Puntuales como han demostrado ser, los jubilados y pensionados la obligan a acompañarlos al palacio de gobierno para exigir el pago de sus pensiones.

El caso de los jubilados es paradigmático. Es la evidencia rotunda del dramático desdibujamiento institucional al que ha sido sometido el Estado durante 18 años. En muy buena medida ha sido posible por la generalizada indiferencia ciudadana sobre los asuntos públicos. Sería deseable un cambio sustantivo de actitud social de involucramiento y eventual participación en los asuntos públicos que afectan a todos.

Es este virtual desvanecimiento de las instituciones lo que hace posible la inusual creatividad legislativa gubernamental, y son éstos diputados con nombre y apellido quienes la permiten, cuando permanecen callados y no se oponen clara y específicamente al aluvión de pretensiones proteccionistas.

La alternancia es una espléndida oportunidad que la sociedad misma determinó con el sentido de su voto, para introducir los cambios sustantivos en las reglas del juego que desaparezcan la arbitrariedad y den certidumbre a la convivencia y acuerdo social.