Política

¡Sólo necesito una oportunidad!

junio 16, 2016

Las redes sociales, manejadas en su mayoría por jóvenes, nos dan cuenta de un clima social que navega en el hastío. Acudir a ellas es siempre una buena oportunidad para tener una narrativa de nuestro mundo moderno, pues en estos ordenadores se puede ver un universo cubierto por noticias trágicas y terribles, comentarios hacia las políticas gubernamentales, las figuras públicas, además de cientos de miles de chistes y frases sarcásticas contra temas que abruman nuestra pupila, produciendo horror, desazón y arrojándonos a los brazos del pesimismo.

Dentro de mis viajes por el mundo cibernético, del cual también soy parte, encuentro una frase que, de inicio, no dice nada, pero que refleja mucho el sentir de varias personas con las que he compartido diálogos: "sólo necesito una oportunidad". Mi intuición no hace sino dejarme perplejo, meditabundo ante tan fatídica oración.

Si me he detenido, con silencio sepulcral, obedece a una razón, pues dicha sentencia se asocia a lo que muchos jóvenes viven día con día, al ver sus expectativas frustradas ante un Estado que presenta una oferta limitada de empleos, donde las oportunidades escazas, me recuerdan a los niños de África que reciben una pequeña porción de comida que no satisface en nada sus deseos, sus apetitos. Vemos desfilar a miles de jóvenes caminando con su mejor rostro para solicitar una vacante que terminará por enrolarlo en un sistema que nublará todas sus perspectivas, que no le dejará alcanzar sus sueños, que consumirá su tiempo y sus ambiciones, dejándolo en una añoranza por el retiro, si es que lo llega a conseguir.

Pienso: si una persona no puede satisfacer sus necesidades más inmediatas como vivienda, sustento, vestido, etcétera, está condenada a vivir en el mundo del resentimiento, contra un sistema que le ha enseñado que la vida mejora con esfuerzos, con dar el 100% y con esperar a que la oportunidad se presente y que, sin embargo, le ha mostrado, en la práctica, que dicha empresa es casi imposible.

Con lo anterior, un puñado de preguntas irrumpen mi pensamiento: ¿Cómo acabar con este malestar social? ¿Será posible crear políticas públicas eficaces que trasciendan más allá de los programas paternalistas, en aras de planes que puedan ayudar a combatir las brechas del desempleo y del desasosiego en que viven los jóvenes, es decir, verdaderas oportunidades? ¿Dónde están las nuevas oportunidades para los jóvenes? ¿En nuestro país y Estado existe el talento suficiente, pero que aún no ha sido explotado?

Pese todos los discursos pesimistas, de un contexto desolador, pareciera que el buen ánimo vuelve a algunas entidades, tal es el caso de Veracruz, donde las expectativas en un nuevo porvenir anhelan cambios y progreso. La tarea no será fácil, pues, para lograr un verdadero estado de desarrollo, es necesario combatir los programas ilusorios como ferias de empleos, programas de becas que no terminan por definirse, de apoyos a la creación de empresas condenadas al fracaso, o de aperturas de negocios ya consolidados que darán empleos con sueldos míseros y expectativas de crecimiento nulas.

Quizá los jóvenes necesitan nuevos proyectos que estén a la altura de su potencial y desarrollo, pues, no es que no exista talento, es que faltan las oportunidades reales que permitan tener a los más capacitados en los lugares idóneos. En otras palabras, trascender de la promesa al hecho.

Todo ello debe apelar a la reformulación de las nociones de empleo, a generar nuevos programas para empresas, de capacitación y reingeniería en recursos humanos; verdaderos programas de autoempleo, de creación de Pymes, de parques industriales, de clusters, en donde se incluya una verdadera planeación, perspectiva y prospectiva, que culminen en inversiones sólidas y no despilfarro de dinero. Además de crear las condiciones necesarias para la investigación científica, las artes, las humanidades y demás ámbitos en donde se ha demostrado que se tiene un cúmulo de personas con talento y capacidad.

Tal vez, Veracruz tenga la oportunidad inmejorable para mostrar que tiene el talento y que "sólo necesita una oportunidad" para mostrar de qué está hecho. Es aquí donde las tareas del nuevo gobierno deberán estar más avezadas que en ningún otro momento de la historia, pues el clima social y político así lo requieren.

La ciudadanía emitió un mensaje claro en las urnas, confiaron en un proyecto con esperanza de nuevos derroteros. Queda entonces, pedir al nuevo gobierno que tenga la mirada en las carencias de los ciudadanos, que sea compasivo y doliente con el pueblo, pues sólo así logrará obtener y devolverle la confianza.

Quizá la frase "sólo necesito una oportunidad" sea el verdadero clamor de miles de jóvenes que, como Arquímedes, esperan un punto de apoyo para sacudir el mundo, para mover nuestra entidad y devolverle la riqueza que alguna vez ostentó. Sólo así, podremos superar esas artificiosas ilusiones enmascaradas en programas parcos y que terminan por acabar con todas esas esperanzas.

Confío que, con el nuevo gobierno, ese sujeto que pidió una oportunidad la reciba. Espero que ese sea el destino de los jóvenes con talento y capacidades, que esperan un lugar en la banca para demostrar que sólo requieren un punto de apoyo, para emprender un verdadero cambio.

Estamos en el momento exacto, es este y no otro aquel que sólo dará nuevas esperanzas y anhelos a una juventud cansada y moribunda, pues, de lo contrario, todo lo que han depositado en las urnas, terminará por consumirse y extinguirse a la espera, viendo como la vida les pasa por enfrente, aguardando por ese gran momento que nunca llegará, mientras las generaciones venideras se preparan en las diferentes instituciones educativas, a la espera de cuál será su fatídico destino…