Política

Síntesis

junio 13, 2016

La novedad política

El país pasa, sin duda, por uno de los momentos más difíciles de su azarosa existencia. Los males se juntan y nos tocan a todos, mientras los bienes escasean, por lo menos para la mayoría de los mexicanos.

No es necesario aquí abrumar al lector con las diarias estadísticas del terror, que todos conocemos y lamentamos, para convencerlo de lo que ya está convencido: De ese negro presente que hoy todos padecemos. Es difícil recordar en nuestra Historia peores momentos de los que ahora vivimos: La economía en picada; la amenazante inseguridad ciudadana que, traducida en asaltos, desapariciones, robos, despojos, secuestros y toda clase de abusos desde el poder o propiciados por él, forman hoy parte de esa cotidianidad mexicana, especialmente notable por la aparición indiscriminada de fenómenos hasta hace unos años no imaginados, como lo son los "narco panteones" al servicio de las mafias políticas (aportación innegable de nuestra delincuencia "tolerada o auspiciada" a las variantes internacionales del crimen), o "el pintoresco caso de los "funcionarios ladrones, pero protegidos por el Estado", tan abundantes en el México de nuestros días, entre otros. Todo esto complementado con las extorsiones, robos y amenazas directamente provenientes nada menos que de los poderes económicos y políticos del país o de las numerosas mafias que hoy lo asuelan, además de un interminable y terrible etcétera, que describe pálida y bárbaramente el infierno que hoy se vive en México.

A todo esto se ha sumado esa floración de las ambiciones políticas, producto de los tiempos electorales que, sin contención alguna, ha mostrado su rostro en los últimos meses de la manera más terrible y descarnada.

Basta leer las declaraciones que han vertido en la prensa local y nacional los políticos, los partidos y las instituciones económicas, sociales y aun religiosas, para advertir que estamos frente a una sociedad gravemente enferma, que ha perdido además la medida y proporción de las cosas, lo cual termina involucrando a muchos grupos sociales en el juego irreflexivo de los más torcidos y contradictorios intereses.

¿Cómo calificar si no a ese movimiento que propugna por nuevos procesos electorales que interrumpan los ciclos establecidos en la Constitución, so pretexto de que con este simple cambio se logrará, por fin, la democracia en el país, precisamente cuando a continuación aparecen como candidatos de las supuestamente renovadoras elecciones, los mismos hombres y nombres que han desempeñado cargos iguales o semejantes en el pasado inmediato, desafiando mediante miles de trampas y torcidos recursos los mandatos de las urnas. Peor aún, cuando esos mismos hombres han sido acusados con escándalo de haberse enriquecido a costillas del erario, es decir, con el dinero de todos.

¿Cómo esperar entonces que las cosas cambien, si quienes van a manejar al Estado recién renovado son los mismos que han recurrido en el pasado inmediato a todo recurso a su alcance para burlar la voluntad popular y como funcionarios demostraron sobradamente su incapacidad política, ya que ellos mismos fueron los que desviaron esas instituciones de su cometido original?

¿Por qué va a mejorar entonces, la mala administración anterior, si, en la mayoría de los casos, sólo cambiaron de lugar los abusivos, los ambiciosos, los indolentes, los incapaces, los ladrones y, en general, los que fracasaron en su anterior encomienda?

Tenemos ya más de 100 años de estar aplicando así un mal remedio sin lograr un solo éxito. No hemos avanzado en materia democrática, porque de ser así, el pueblo tendría por lo menos intervención en los actos de gobierno, lo cual no sucederá sino logramos cambios verdaderos de los ciudadanos que manejan el estado conforme a sus intereses, desde hace muchas décadas, usufructuando el prestigio de una Revolución que ni siquiera han entendido. Lo que hemos logrado en lugar de eso es apenas una mala simulación de democracia, donde, con todo descaro, los hombres que fracasaron en su encargo o saquearon el patrimonio de las instituciones a su mando hoy se presentan como salvadores del país, aspirantes a nuevos cargos públicos y jurando que ellos son los indicados para desempeñarlos con eficiencia y honradez. Lamentablemente hasta ahora esos "nuevos candidatos" son parte de la misma clase política que se ha aferrado cada vez más al poder desde hace medio siglo recurriendo, con honrosísimas excepciones, a la manipulación de los medios de información, a la compra de votos, a las campañas de desprestigio de los otros contendientes y al apoyo de "sus partidos", que no operan como verdaderos partidos políticos, sino como simples cómplices en el trabajo de burlar las verdaderas decisiones del pueblo, sin que los detenga siquiera el cometer en sus "campañas" genocidios (véase los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa) y todos esos cientos de panteones que diariamente aparecen por todo el territorio nacional, a los que ya se hizo referencia.