Política

Fariseísmos

junio 04, 2016

Se duele Amadeo Flores, presidente estatal del PRI, que la atípica alianza entre el PAN y el PRD instrumenta un guerra sucia contra su partido e incluso de vandalizar una de sus sedes, acusación muy grave, por cierto. Su partido también ha sido acusado de orquestar hostigamientos contra la oposición en las últimas semanas. Particularmente contra el PAN-PRD.

Si tales acusaciones tienen sustento o no, o son parte también de la marejada descalificatoria que desde hace tiempo se da entre los partidos tradicionales –la partidocracia que firmó el pacto por México–, está aún por verse. En cualquier caso, lo sustantivo no es tanto la eventual justeza de las acusaciones, que son mutuas, sino que es ésa precisamente la tónica de relación entre tales organizaciones intermedias y sus burocracias, adueñadas por completo de los procesos de reproducción política en el estado y en el país.

Esta es una tónica generalizada que revela la verdadera calidad de los partidos, sus dirigencias y los suspirantes a puestos de elección. Calidad que por supuesto es nula o punto menos. Alguna que otra excepción habrá, como lo sugiere el apenado y singular reconocimiento de un conspicuo diputado local priísta. El estado se encamina, pues, hacia una elección crítica por varios y graves motivos: elección donde el abanico de ofertas políticas de los partidos tradicionales y sus satélites es francamente paupérrimo, deficitario de diagnósticos serios y, consecuentemente, de ofrecimientos fundamentados. Ello explica en buena medida el porqué un partido político recién nacido ha impuesto la impensada realidad de que ésta sea una elección de tercios.

No es exagerado decir que, luego del desempeño de los últimos gobiernos estatales, la del domingo será una elección determinante para la viabilidad del estado. Tampoco es exagerado afirmar que de la asistencia ciudadana masiva a votar depende la imposibilidad de que el voto se manipule.