Política

Los trabajadores de la salud, y la salud del mundo

mayo 23, 2016

Actualmente se reconoce que el objetivo de una sociedad más sustentable para la salud y el bienestar humano es inalcanzable mientras no exista seguridad mundial en esta materia. Después de las recientes epidemias del ébola, el síndrome respiratorio de oriente medio y el zika, la amenaza siempre presente de una pandemia de influenza y, ahora, la de una crisis de fiebre amarilla, la preocupación por la seguridad mundial predomina entre los representantes de los 194 países que asistirán la semana próxima a la 69 Asamblea Mundial de la Salud, en Ginebra, Suiza.

Aunque se ha dedicado mucha atención al Reglamento Internacional de Salud, el acuerdo internacional aprobado en el 2005 para "prevenir, proteger, controlar y proporcionar una respuesta adecuada de salud pública para enfrentar la dispersión internacional de la enfermedad", en una serie de ensayos, David Heymann y sus colaboradores establecieron que no habrá seguridad mundial mientras no exista seguridad individual en salud. Para Heymann y sus colaboradores, "la seguridad colectiva en salud es la suma de la seguridad individual en salud"; a la pregunta, ¿cuál es la principal determinante de la seguridad individual en salud? responden: los profesionales de la salud. Esto significa que, mientras no se le otorgue la importancia debida a los responsables de proporcionar atención en salud, no se podrá hablar de que hay seguridad para cada individuo y, por consiguiente, no habrá seguridad colectiva.

En el 2006, el Informe Mundial "Trabajando Juntos para la Salud" identificó que el reto fundamental para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), relacionados con la salud, era la escasez de profesionales bien capacitados. El año pasado, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó como tercer objetivo de los ODS garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos, en todas las edades. Esta decisión se basa en la certidumbre de que, para lograr el desarrollo sostenible, es fundamental garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos a cualquier edad.

La asamblea reconoció que en los años recientes se han logrado grandes avances en relación con el aumento de la esperanza de vida, y la reducción de algunas de las causas más comunes de mortalidad infantil y materna, y en cuanto al aumento del acceso al agua limpia y el saneamiento, la reducción de la malaria, la tuberculosis, la poliomielitis y la propagación del VIH/Sida. Sin embargo, se necesitan muchas más iniciativas para erradicar por completo una amplia gama de enfermedades y hacer frente a numerosas y variadas cuestiones persistentes y emergentes, relativas a la salud. En vista de la importancia y, en más de un sentido, la urgencia de lograr avances en este tema, como meta del objetivo 3c de los ODS se adoptó "reclutar, desarrollar, adiestrar y retener a la fuerza de trabajo de la salud."

Durante la 69 Asamblea, los representantes de los estados miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) discutirán un nuevo borrador de la Estrategia Global en Recursos Humanos para la Salud: Fuerza de Trabajo 2030, el cual se enfoca a acelerar el avance hacia la cobertura universal, y el logro de los ODS, asegurando la disponibilidad equitativa de servicios y el acceso a trabajadores de la salud de alta calidad. Dicho borrador proporciona proyecciones actualizadas de la fuerza de trabajo que se necesitarían para acelerar y sostener el avance hacia la cobertura universal. Conforme a ellas, las necesidades globales para eliminar la escasez de trabajadores de la salud serán de más de 14 millones en el 2030. Según el Índice de Metas de Desarrollo Sostenible", (MSD), el umbral para poder cumplir con dichas metas será de 4.45 médicos, enfermeras y parteras por cada mil habitantes en esa fecha.

Es evidente que aprobar una estrategia es una cosa, y llevarla a la práctica algo muy diferente. Aún los observadores más optimistas concluyen que los avances logrados durante los 10 años recientes para aumentar y consolidar la fuerza de trabajo de la salud han sido muy inferiores a las expectativas, para no hablar de las necesidades.

Al respecto, los expertos consideran que, en este momento, hay dos oportunidades para mejorar la seguridad humana manteniendo en su centro a la fuerza de trabajo de salud, lo que ayudaría a transformar los deseos en realidades. La primera es la reunión del G7, que se realizará el 26 y 27 de este mes en Japón; en ella, el Primer Ministro, Shinzo Abe, designará la seguridad humana como una parte central de su agenda para el G7. Proteger la seguridad humana ha sido un concepto central de la política exterior de Japón por muchos años, e igualmente importante se considera que es lograrlo al menor costo y con la mayor calidad posible. En segundo lugar, a la recientemente creada Comisión sobre Empleo en Salud y Crecimiento Económico, presidida conjuntamente por los presidentes Hollande, de Francia, y Zuma de Sudáfrica, se le ha asignado la tarea de proponer acciones que conduzcan a la creación de trabajos en el sector salud, como una forma de avanzar en el crecimiento económico incluyente. Esta Comisión deberá entregar un informe de sus trabajos en septiembre próximo, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

La seguridad mundial en salud depende de muchos factores: sistemas sólidos de vigilancia de las enfermedades, información confiable, servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento adecuados, financiamiento suficiente y un fuerte compromiso político. La mayoría de estos factores depende de contar con profesionales de la salud bien preparados, sin los cuales, cualquier esfuerzo será inútil; por lo tanto, estos profesionales deben ser valorados y protegidos en todo momento, pues son la primera línea de defensa de la seguridad individual en salud. Por eso es importante que todos los países apoyen la estrategia 2030 de la Organización Mundial de la Salud y acepten que no es posible tener seguridad en esta materia si no se cuenta con trabajadores bien preparados y bien pagados.

En el caso de México y en particular, de Veracruz, es más que evidente que quienes han ido a las sucesivas Asambleas de la OMS no han entendido el problema ni la necesidad de apoyar a los trabajadores de la salud o, si lo han entendido, no han sido capaces de trasmitirlo a los políticos que deben tomar las decisiones. El resultado es que tenemos personal sin contratos de base –es decir, sin plaza, sin antigüedad y sin prestaciones–, sin oportunidades para actualizarse periódicamente, hospitales de los que lo único que existe es la primera piedra, grupos que periódicamente se ven obligados a protestar por la falta de medicinas y atención especializada, comunidades que sólo tienen médicos de martes a jueves y muchas otras en que las necesidades en salud se atienden con pasantes de poca experiencia y nula supervisión.

En estas condiciones, lo menos que sería deseable es que alguien lea las conclusiones de la próxima Asamblea Mundial de Salud y trate de poner en práctica lo mínimo que, en este caso, es proteger y respaldar a los trabajadores de la salud.