Política

Violencia y periodismo regional en México

mayo 23, 2016

El mundo académico no puede permanecer impávido ante lo que ocurre en un ámbito como el de la práctica del periodismo, lacerado por la terrible violencia que azota al país desde hace una década. La doctora Celia del Palacio Montiel ha reunido en el libro Violencia y periodismo regional en México, una serie de estudios que consignan el clima de vulnerabilidad extrema en el que viven los periodistas en México.

Publicada en Juan Pablos Editor, y bajo el auspicio de Conacyt, la antología reúne una serie de casos donde se comprueba que los crímenes contra periodistas se registran en cualquier lugar. Lamentablemente lo mismo ocurren levantones y ejecuciones en Aguascalientes, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Nuevo León y Sonora que en Veracruz.

En un principio el estudio se circunscribió únicamente a la entidad veracruzana, señalada por asociaciones internacionales como un foco de peligro para el ejercicio de la libertad de expresión. Sin embargo, Del Palacio creyó pertinente abrir la reflexión hacia lo que ha tenido un crecimiento alarmante –exponencial, agregaríamos–, en diversos puntos de la geografía nacional.

El enfoque comparativo que decide utilizar la investigadora permite intercambiar saberes y establecer diferencias entre regiones. Asimismo, concluye sistematizando semejanzas y rupturas que nos acercan a la explicación de esta crisis derivada de la transformación de la estructura social mexicana, fuertemente determinada por el reacomodo de la geopolítica del narcotráfico.

Con este panorama se entiende que el escenario actual no sea el más propicio para el desarrollo del periodismo en México.

Los ataques al gremio de los periodistas se incrementaron de tal manera en la última década, que el Estado se vio forzado a implementar un especializado esquema de seguridad para atender su estatus de vulnerabilidad, nos referimos a las comisiones de protección a periodistas.

Los estudios reconocen que se vive una creciente escalada de agresiones y asesinatos en contra de trabajadores de los medios masivos de información. Los números no se pueden ocultar y los consigna el libro.

Cabe mencionar que los casos se perciben en toda la República y no sólo en el norte, donde se arrinconaba el epifenómeno, diciendo que era frontera con el mercado más amplio de consumo de drogas y por la acelerada pistolización. Sin embargo, el ambiente de violencia se expandió, impactando contextos otrora impensados para ser nichos de la delincuencia organizada.

Violencia y periodismo regional en México destaca que la nación postautoritaria potencia aún más la vulnerabilidad de los periodistas.

Coincidimos con el capítulo de Mireya Márquez, donde postula que la debilidad de los Estados de Derecho se da, sobre todo, en las entidades donde se ha registrado una escasa alternancia política. Las élites políticas y mediáticas, y la plutocracia, en efecto, se enquistan de tal manera en su perversa connivencia, que las muertes de los periodistas parecen más resultado de un pleito a ras de suelo –criminalizados pues–, que víctimas de este entramado de intereses.

Todo esto se nota en el libro de Celia del Palacio Montiel que analiza el oscuro presente, en donde se debate por desgracia, la vulnerabilidad del gremio periodístico.