Política

La Faena

mayo 20, 2016

Desde cualquier ángulo que se le vea, comenzando por el contexto de la elección gubernamental; un furibundo y socialmente bien aceptado antiduartismo-antifidelismo; su larga historia personal envuelta en más episodios oscuros que luminosos pues aunque ya tuvo la oportunidad de actuar como vicegobernador en el chrinato; el recuerdo que dejó fue el de un carácter violento, represor, vengativo en contra de quienes no piensen igual que él ni se plieguen a sus intereses; la penosa circunstancia en la que vive el candidato del PRD-PAN, Miguel Ángel Yunes Linares es no sólo absolutamente indefendible sino que sus hechos parecen haberlo alcanzado, justo en el eje de lo que el aspirante a gobernador supone se encuentra su principal fortaleza: su intachabilidad moral y su congruencia como funcionario público... El tema de lo moral en que se ve arrastrado en serias acusaciones por corrupción de menores y pederastia es un asunto que aparte de desquiciarlo, pues se nota molesto y herido en su orgullo personal –más que nada porque los señalamientos ya han sido retomados en medios europeos y estadunidenses–, lo tiene distraído y sobre todo, entrampado en una cenagosa situación que ha tratado de dirimir bajo la etiqueta de guerra sucia... Se trata de la palabra del político contra la de Edith Escalada, una de las víctimas abusadas en principio por Jean Succar Kuri y quien señala directamente a Miguel Ángel de abuso de menores como testigo presencial , lo que lo tiene en una situación difícil que ya se ve reflejada en las encuestas, pues esa clase de acusaciones han tenido un altísimo costo político por la verosimilitud de los hechos que se le imputan y que al final de cuentas obligan al ciudadano de a pie a poner en una balanza ambas opiniones: la del acusado apelando a su honorabilidad, basado en sus propias palabras y tomando éstas como artículo de fe; o el testimonio de una víctima que vivió personalmente en el infierno creado por Succar Kuri y disfrutado a plenitud por políticos y hombres de negocios... Ahora bien, la argumentación defensiva de Yunes Linares, haciendo tabla rasa de quienes replican estas historias sin distinguir entre Manlio Fabio Beltrones y Javier Duarte, de Alejandro Solalinde o Lidya Cacho, por citar algunos, se cae por si misma porque concediendo que en el primer caso exista un interés político, en el segundo ni modo de pensar que el padre Solalinde se preste a un juego electorero para favorecer al gobierno veracruzano... El caso es que el costo político para la alianza PAN-PRD no se encuentra en la asimétrica relación entre éstos partidos sino en la personalidad de su candidato que, en el afán de sacudirse la presión de la opinión pública, echa mano de unos audios en los que aparece un personaje absolutamente desacreditado y moralmente impresentable como es el secretario del Trabajo, Gabriel Deantes, un individuo acusado de enriquecimiento inexplicable y de gozar de la protección del aparato gubernamental , no obstante existir acreditadamente evidencias de una obscena riqueza que no se sostiene con dos de sus trabajos conocidos: la venta de celulares o la Secretaría del Trabajo... El caso de Deantes Ramos es tan inmoral como el de Yunes Linares en otro hecho público del calderonista: una capacidad financiera anormal y fuera de lo común que sólo se explicaría por un origen sustentado en la corrupción y el mal uso del erario... Ambos sumamente parecidos: cínicos, dispuestos a todo, a sostener que son más impolutos que un recién nacido pero equidistantes de haber actuado con honestidad en las oportunidades de ambos como burócratas de altos vuelos... Otra circunstancia los acerca aún más: sus casos parecen destinados a quedar en la mayor impunidad, y es más fácil que metan a la cárcel a Dilma Roussef que a cualquiera de estos dos... Por lo pronto, ya hay hechos concretos: el desplome en las encuestas de Miguel Ángel y la cuesta arriba en la credibilidad del OPLE, un entramado de funcionarios que han dejado mucho que desear no sólo por sus indudables perfiles curriculares sino porque padecen ya de la misma enfermedad que les aqueja, a cualquiera que llega a ocupar algún cargo en los Órganos Electorales: una desmedida ambición por el dinero que tanto Alejandro Bonilla como sus subalternos no han podido ocultar. Lo de las camionetas es poca cosa. Lo bueno está en otra parte…