Política

Por la derecha, ¡marchen!

mayo 18, 2016

José Manuel Zevallos P.

Todos los mexicanos pensantes, nos hemos dado cuenta de cómo el país se nos escapó de las manos, en los últimos años. De derecha o de izquierda, los aquí nacidos hemos presenciado como "los gobiernos revolucionarios" que no lo eran tanto, se fueron contaminando con las ideas de que, había un mundo "un mundo fácil" el cual, sin sacrificio alguno, nos permitiría progresar sin obstáculos desagradables, tales como, los de distribuir mejor la riqueza, o el de cambiar periódicamente los mandos del gobierno, es decir, prosperar sin odios, contradicciones, complejos o resentimientos. Todo natural y conforme a derecho, trabajando, sin sofocaciones. Se acabaría así, la lucha de clases: Las explotaciones del hombre por el hombre, la división en clases sociales y los innecesarios quebrantamientos sociales. Así estábamos, cuando llegó por fin, un joven presidente quien demostró que, aun cuando sólo había leído un libro en su vida, podía tener una visión muy clara de lo que México necesitaba.

Él empezó entonces, a destruir las viejas consejas que impedían nuestro progreso: las riquezas nacionales –dijo- debían servir para alcanzar nuestro bienestar y desarrollo, porque de nada servían tales dones, si nosotros en nuestra miseria no podíamos explotarlos. Así, poco a poco, nos convencimos de que éramos lo suficientemente fuertes, para imponer las condiciones "convenientes" a quien quisiera compartir las explotaciones de nuestras inacabables riquezas.

Así empezó apenas, el verdadero desarrollo de éste país. Entregamos a los inversionistas extranjeros, en pocas semanas, las porciones de territorio que les interesaron, lo mismo en las costas del Caribe, que en el Pacífico o el Golfo de México; reforzamos simultáneamente las explotaciones de nuestros más atractivos Centros arqueológicos con nuevas inversiones extranjeras, cerca de las cuales, ahora se elevan importantes instalaciones hoteleras y turísticas y, aun cuando –justo es decirlo– algunas de estas han tropezado con la incomprensión de ciertos inversionistas que no tienen clara la idea del significado fundamental que posee para nuestra nación y nuestra historia tales zonas arqueológicas.

También hemos de reconocer, que en cuanto a las promesas de desarrollo económico y social, que nos fueron hechas anteriormente, hemos tropezado con importantes obstáculos. Por alguna razón, alguien se olvidó de las condiciones que debíamos imponer a quienes vinieron a explotar nuestras riquezas naturales y/o turísticas, y así, de la noche a la mañana, nos hemos encontrado con que, quienes deberían ser nuestros dóciles y subordinados inversionistas extranjeros, se convirtieron, gracias a la corrupción imperante, en los verdaderos y únicos dueños de nuestros centros Turísticos y auténticos dictadores de su manejo y administración. De esa manera, ellos realizaban y siguen realizando nuevas inversiones en donde conviene a sus intereses, aun cuando con ello perjudiquen clara y directamente a los intereses del lugar y de la nación. Por ejemplo las inversiones recientes en las islas de Holbox, Pájaros, Cozumel o Mujeres y algunas de las que recientemente se han realizado en Cancún o peor aún, las que criminal y arteramente se han plantado en el frágil monumento natural de Banco Chinchorro, que de continuarse, podrían provocar un desastre natural.

Otro tanto sucede con "las inversiones turísticas" que se realizan en la Baja California, muchas de las cuales, atentan contra los frágiles equilibrios ecológicos de la región y todas las gravedades y complicaciones que esto significa, ya que, lo mismo se construyen hoteles "exclusivos" para extranjeros, cuya instalación y administración están totalmente sustraídos al control nacional, que se levantan enormes instalaciones turísticas, (casinos o reservados clubes de playa) sin importar los daños consecuentes. ¡Claro que -pensarán nuestros optimistas y desinteresados funcionarios- con las pláticas que ellos puedan tener con esos inversionistas descarriados, es seguro que se corregirán todas esas desviaciones, reconociéndose integra, la soberanía nacional. ¡Pero, por las malas experiencias…!

Otra de las cosas que resulta preocupante, de nuestro prometido desarrollo, es que en principio, nuestro presidente y líder moral, nos ofreció, en los primeros días de su mandato, que nadie pretendía privar a la nación, del control de sus mantos petrolíferos, los cuales permanecerían intocados. Posteriormente, algunos funcionarios de segundo y tercer nivel, a quien nadie prestó atención, por sus oscuras carreras políticas y sus nada claras alianzas e intereses, empezaron a declarar, como si alguien se los hubiera preguntado, que no debíamos ver, la propiedad de nuestras riquezas minerales y petrolíferas, como dogmas intocables, ya que, esa posición, nos condenaba al estancamiento económico. Lo correcto era –dijeron- volverlos objetos de comercio, como lo habían hecho felizmente, todos los países desarrollados del planeta: Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc. Claro que esas personas, no tomaron en cuenta que los países mencionados por ellos, son, a fin de cuentas y sin excepción, los viejos Imperios, que deben su progreso, a la colonización, lo cual conlleva al apoderamiento brutal desenmascarado, de todas las riquezas importantes de sus colonias o ex colonias y en este caso, la Historia de México, nos demuestra clarísimamente, que en el pasado y hasta 1821, México fue una colonia y después de esa fecha, ha seguido luchando, para librarse de la pesada estructura colonial heredada del pasado, sin lograrlo aún, totalmente.

En su momento, la debilidad del Imperio Español y la de sus explotadas colonias, hizo posible que su antigua estructura colonial, fuera sustituida, por la más moderna estructura neocolonial, de los Estados Unidos, la cual se impuso lenta, pero inexorablemente, en todas las ex colonias españolas de Iberoamérica. Esta situación perdura hasta la fecha, con la excepción de los casos temporales productos de nuevas revoluciones, que ya han sucedido en México, Chile, Perú, Bolivia, Venezuela y otros países más, algunos de los cuales, han logrado temporalmente gobiernos semiindependientes. La excepción más firme de todas ellas, ha sido el caso de Cuba, que ha tenido que soportar una guerra económica, un intento de invasión militar norteamericana y una interminable serie de ataques de todo tipo, a lo largo de los años, para tratar de detener su independencia.

No pueden entonces, apartarse de las cuestiones del desarrollo económico, los intereses auténticamente nacionalistas del país y valdría la pena ahora reconsiderar si la subordinación de los intereses nacionales a las políticas imperiales de Norteamérica, es el mejor camino que tiene México o debemos apartarnos de esa orden militar. La cuestión aún debe decidirse, con más urgencia y patriotismo que nunca en toda Latinoamérica. La opción actual puede sintetizarse en una de dos proclamas: la de "Por la derecha, ¡marchen!", que han obedecido tan lacayunamente nuestros gobernantes, desde hace algunos años, comprometiendo o enajenando vilmente nuestras riquezas nacionales o la muy repetida por nuestros héroes nacionales a lo largo de cada etapa de progreso en nuestra historia: (La independencia, La Revolución), "La patria es primero". La cual supone luchar contra los entreguistas del país y sus riquezas. Lamentablemente, en cada etapa de nuestra vida nacional se ha comprobado que las clases privilegiadas del país, tienden a identificar sus intereses económicos con los de los países coloniales o neocoloniales, propiciando así la correspondiente subordinación de los intereses patrios. Véase ahora quienes fueron los beneficiarios en México de la venta de Pemex, de la venta de nuestras playas, de nuestros bancos, minas, ferrocarriles etc. La realidad nacional señala claramente.