Política

Sospecha escéptica

mayo 15, 2016

En días recientes se ha recrudecido la violencia aleatoria contra la ciudadanía en varios municipios. Frente a ello, los partidos políticos y sus penosos apéndices que simulan serlo, han propuesto que las fuerzas federales tengan un papel activo y, si se quiere, protagónico en la vigilancia del proceso electoral.

La idea desde luego es razonable si nos atenemos a las evidencias. Pero, ¿es natural el recrudecimiento de la violencia en el sur y el norte del estado? Hay razones para pensar que no.

La mera observación superficial del comportamiento de la violencia en los últimos años sugiere que ésta se incrementa básicamente por dos razones. Una, el recrudecimiento de las luchas por el control territorial entre empresas y organizaciones criminales; otra, cuando aumenta la presión gubernamental sobre aquellas, las entorpece. Al ser organizaciones corporativas la autonomía de las células es mucha y la miscelánea de acciones y opciones de resistencia violenta es también muy vasta.

Pero por lo que se puede observar del seguimiento de los medios informativos nacionales y en el estado, no parece haber una especial ofensiva reciente sobre las organizaciones criminales que haya motivado su respuesta violenta.

¿Es posible pensar en que se aliente la violencia aleatoria para crear un ambiente acentuado de incertidumbre y temor?

Sí.

Es un hecho que existe descontento y enojo en la sociedad. Ésta es la víctima directa de la inseguridad y ha sido constantemente ofendida en los últimos años desde distintos ángulos: desde la inseguridad hasta la precipitación del bienestar y el ingreso. El crecimiento económico ha sido menos más que marginal y consecuentemente no ha existido la suficiente creación de empleos e ingresos formales, la infraestructura de servicios y la atención de salud se ha deteriorado a niveles alarmantes, la deuda pública es la más alta que la de todos los estados en donde habrá elecciones, el incumplimiento sistemático con los jubilados y pensionados es proverbial, el desencuentro y abuso con la Universidad es caso único, por mencionar algunos de los motivos de enojo contra el gobierno que, desde luego, se extienden hacia el partido político al que pertenece.

Bajo tales condiciones, parecería natural que la votación fuera masiva y que el voto de castigo fuera claramente mayoritario, lo que reduce con mucho la posibilidad de una manipulación exitosa.

Cabe la sospecha entonces de si el deterioro reciente de los precarios márgenes de seguridad ciudadana obedece a la disuasión inducida del impulso de los ciudadanos por salir a votar, y expresar en ello su desaprobación y castigo.