Política

Las alianzas entre disímbolos, ¿estrategia válida y justificable?

mayo 02, 2016

Se entiende por alianza toda unión, liga o pacto de individuos o sociedades para alcanzar determinados fines o lograr propósitos comunes a todos los que participan en ella. Las ha habido en todo lugar y época. Si observamos un poco lo que sucede actualmente en el ámbito internacional, nos daremos cuenta que las naciones pactan entre ellas con harta frecuencia.

Pero echando también un vistazo a la historia universal, descubrimos que en todos los tiempos las naciones han celebrado alianzas para lograr finalidades ofensivas o defensivas, y que las ha habido en lo general de tres tipos: las de sangre, muy frecuentes en siglos pasados, que permitieron la formación de grandes imperios mediante herencias y matrimonios; las ideológicas, surgidas de principios religiosos, afinidades culturales, doctrinas políticas, económicas, etcétera, que conducen a la formación de bloques relativamente homogéneos (veamos, por ejemplo, a la Unión Europea que, aun con desavenencias frecuentes entre sus miembros, se sostiene en sus propósitos fundamentales); y las de intereses, de naturaleza efímera, ya que se forman y disuelven con mayor facilidad. Estos tres tipos (de sangre, ideológicas y de intereses) suelen aparecer, combinándose en proporciones diferentes, en todas las alianzas de la historia.

¿Encontraríamos una liga más extraña y con efectos tan perdurables que la que se dio hace casi 500 años entre tlaxcaltecas, los verdaderos consumadores de la conquista de México-Tenochtitlan, y el puñadito de españoles aventureros que se adjudicaron y aprovecharon el triunfo de aquella dolorosa guerra entre pueblos culturalmente afines? ¿No pactaron a finales de los años treinta del siglo pasado los chinos Mao Tse Tung y Chiang Kai Shek, enemigos irreconciliables entre sí, para expulsar de su patria al invasor japonés?

Por supuesto que las alianzas pueden estar motivadas por previsiones de corto o largo alcance, ruines o nobles, de lo cual no voy a hablar ahora. Solo pretendo mostrar que nada las impide, por mucha diferencia que haya entre sus integrantes, y estimo necesario apoyarlas si lo que las anima se orienta al beneficio de los pueblos. Las rechazan quienes ven en ellas un riesgo a su permanencia en el poder o las consideran un obstáculo a sus aspiraciones de alcanzarlo, o quienes, quizás por consideraciones de pureza ideológica, se olvidan de las enseñanzas de la historia.

Alianza entre dispares está en curso entre el PAN y el PRD para luchar juntos por la gubernatura de Veracruz, Zacatecas y Durango y para conservar el gobierno de Oaxaca. Dos partidos que tienen claro que si cada uno pelea por su lado, ninguno podrá vencer al PRI; no en esta ocasión. Y el aceptar este hecho objetivo circunstancial no significa reconocer la calidad de este último instituto y su prestigio en el pueblo. Significa estar conscientes de que siendo el origen del PRI el Estado mismo, contó este partido desde su génesis con recursos casi ilimitados para darse una estructura financiera, contable, tecnológica, territorial, jurídica, etcétera, que le ha posibilitado desplegar todo género de recursos legales, ilegales y extralegales para mantenerse en el poder, ya no para servir, lo que dejó de hacer desde hace mucho, sino para seguir experimentando el placer de conservarlo, de saborearlo, de usar de él en provecho propio y de sus incondicionales.

"¡Tengo todo el pinche poder!", soltó Fidel Herrera cierto día en una conversación telefónica que, para su sorpresa, trascendió al público. Y esa expresión retrata con nitidez absoluta la concepción que sobre el poder político han interiorizado durante décadas los miembros de la cúpula del PRI.

Pero a esa formidable maquinaria de convertir la ignorancia, la pobreza y la corrupción en votos se le puede derrotar. Veamos un poco de estadísticas. En las elecciones de 2004, los resultados para gobernador en Veracruz, en porcentajes de votos, fueron como sigue: PRI-PVEM (Fidel Herrera), 35%; PAN (Gerardo Buganza), 33.7%; PRD-PT-Convergencia (Dante Delgado), 28.2%. Detengámonos en la diferencia entre los dos primeros: escasos 1.3%. Además, es claro que sumando los votos del PAN y de PRD-PT-Convergencia no habríamos tenido al Dr. Fidel Herrera dirigiendo los destinos de la entidad más extensa de la república.

Seis años después, en 2010, los resultados en el mismo tipo de elección, fueron los siguientes: PAN-Panal (Miguel Ángel Yunes), 40.99%; PRI-VERDE-PRV (Javier Duarte), 43.54%; PRD-PT-Movimiento Ciudadano (Dante Delgado), 12.9%. Restemos también los porcentajes obtenidos por los dos primeros: 2.55%. Y sumando los votos del PAN- Panal y del PRD-PT-Movimiento veremos cómo tampoco habríamos estado bajo la égida al doctor Duarte. Ni Herrera, ni Duarte ni todo lo que representan.

Por estos resultados, tanto en la campaña de 2004 como en la de 2010, se hablaba de la conveniencia de que la oposición sumara fuerzas y se desplegaban esfuerzos al respecto que el gobierno hacía abortar. Ahora, en 2016, no pudo impedir la alianza, pero ha usado otros recursos para mantener la independencia del resto de la oposición. Aunque justo es reconocer que algunos se sostienen en ella por convicción.

Así, es claro que en la contienda en curso el PRI no escatimará ninguno de sus abundantes recursos para "alzarse con el triunfo", para "demostrar", al menos en Veracruz, que a pesar de los despropósitos y torpezas del gobernador en funciones, a pesar de que éste desvió recursos, frenó y hundió la economía de la entidad y de su manifiesto desprecio por la educación pública superior, el pueblo lo sigue queriendo en el gobierno.

El PRI en Veracruz es hoy un partido de ocupación.

La alianza PAN-PRD es válidad y justificable para expulsarlo e instalar un nuevo gobierno con objetivos básicos que sienten las bases en dos años para reconstruir lo perdido.

Sumémonos a ella todos.