Política

Regina

abril 29, 2016

Los mil 400 días que han pasado desde el asesinato aún impune de la periodista Regina Martínez, representan uno de los pendientes más notables que el gobierno estatal tiene con el gremio periodístico veracruzano, que en lo que va del régimen, ha perdido a 16 comunicadores; otros permanecen desaparecidos y algunos salieron exiliados ante el clima de incertidumbre y en todo caso, de miedo agobiante que permea en el medio.

El mismo Javier Duarte declaró ayer en Poza Rica que los periodistas "por miedo" no dan a conocer la identidad de los delincuentes, en una declaración desafortunada no sólo por el contexto social en el que se vive en la entidad, y en particular en aquella zona del estado, sino por las implicaciones que tiene para su mismo gobierno, porque se trata de una suerte de autoconfesión sobre el hecho de no poder garantizar condiciones para el ejercicio libre del periodismo.

Sea cual sea el caso, ayer se cumplió un día más de impunidad en el proditorio asesinato de una mujer valiente, honesta a más no poder, y verdadero ejemplo de cómo alguien que estuvo dispuesta a correr el riesgo, hacer periodismo al servicio de la colectividad, de compromiso social y alejado de los convencionalismos y juegos de intereses económicos y políticos, lo realizó.

El expediente desaseado, los trastabilleos y deliberados intentos por hacer aparentar lo que no es, ocultar la realidad atrás de argumentos legaloides y, lo peor del caso, tratando de ensuciar la memoria de la periodista, ha sido la constante política oficial con que ha sido tratado el crimen.

El caso es que ayer, periodistas y amigos de Regina la recordaron, y ahí volvieron a exigir a la Fiscalía contemple como línea de investigación el trabajo que realizaba la corresponsal de la revista Proceso, al tiempo de enunciar las innumerables fallas del expediente en el que las huellas de los intentos por eludir una investigación objetiva y a profundidad, sólo vienen a alentar las sombras de la sospecha del encubrimiento, porque además, únicamente se le está contemplando como un crimen pasional, dejando afuera toda relación de su crimen con su trabajo periodístico.

Son muchas las facturas pendientes del gobierno duartista con la sociedad veracruzana. Éste, el de Regina, es uno de ellos.