Política

Demasiados desastres

abril 25, 2016

Estos días son especialmente pródigos en desastres. En primer lugar, este lunes 26 se conmemora el 30 aniversario del desastre de Chernóbyl; la semana pasada ocurrió la explosión en la planta de Clorados III en Coatzacoalcos y se completaron 24 años de la explosión del drenaje en Guadalajara; dentro de dos semanas, el 3 de mayo, se conmemora el 25 aniversario del accidente de Anaversa en Córdoba.

Este catálogo de desastres tienen en común la desorganización, la desatención y el ahorro exagerado a costa de las medidas de seguridad; también contribuyen la falta de previsión, la insuficiencia e inoperancia de las medidas de control, la ineptitud y el desinterés oficiales. En los casos mexicanos de seguro y, quizá también en el ruso, la corrupción.

Estos desastres son demasiados, el dolor humano que causan es infinito y terribles sus consecuencias a largo plazo en el ambiente afectado y los expuestos; sin embargo, ni coincidiendo en el tiempo logran que las autoridades mexicanas reflexionen, hagan conciencia y se decidan a tomar medidas básicas para reducir la probabilidad de que se repitan.

Se podría pensar que lo que ocurrió en Rusia,-en ese tiempo todavía la poderosa URSS-, no puede pasar en México, pero en la práctica, un desastre como el de Chernóbyl puede ocurrir en cualquier momento, aquí, en Laguna Verde, a pesar de las declaraciones oficiales que repiten y repiten que tal cosa es imposible. Como prueba está la explosión de la planta de Clorados III de esta semana como la que ocurrió hace 25 años ahí mismo.

En cuanto al desastre de Chernóbyl, ocurrió el 26 de abril de 1986 en la central nuclear de Chernóbyl, en ese momento, una de las más grandes del mundo y es el mayor desastre de la energía nuclear de la historia. La primera alarma se originó el 28 de abril, en Suecia, cuando ahí se detectó un aumento inexplicable en los niveles de radiación. Sin embargo, no fue sino hasta poco más de dos semanas después, el 14 de mayo, cuando el dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, reconoció que el desastre había ocurrido.

En la noche del 26 de abril se realizaba un experimento en la unidad turbo-generadora, antes del cual se debería haber cerrado el reactor; sin embargo, esto se aplazó durante nueve horas debido a las próximas celebraciones del 1° de mayo y a la electricidad necesaria para cumplir con el plan de producción. Este retraso causó que el experimento lo llevara a cabo un grupo de trabajadores menos capacitados que quienes lo habían preparado. 

A las 1:24 de la madrugada, entre 40 y 60 segundos después del comienzo del experimento, ocurrieron dos grandes explosiones. El vapor liberado por la primera explosión destruyó el techo de hormigón del reactor, que pesaba mil 200 toneladas; la segunda explosión ocurrió entre dos y cinco segundos después de la primera. Según varias investigaciones independientes, la primera fue de tipo químico, pero la segunda fue parecida a la explosión atómica equivalente a la explosión de 300 toneladas de TNT. Según los testigos, la primera explosión tuvo un brillo rojo y, la segunda, azul celeste; después de ésta, encima de la central nuclear se pudo observar una nube en forma de hongo característica de las explosiones atómicas. La radiactividad comenzó a escaparse desde el reactor roto y sobrecalentado y desencadenó una contaminación radiactiva, inmediata y masiva, en las áreas cercanas y lejanas.

El departamento contra incendios de la planta nuclear, junto con los bomberos de la ciudad de Chernóbyl, apagaron el fuego en las tres horas que siguieron a la explosión. Sin embargo, en el corazón del reactor siguió ardiendo el grafito y ocurrieron varias explosiones pequeñas, junto con una grave contaminación radiactiva del lugar.

Los bomberos que atendieron el accidente no conocían la causa del incendio y, por lo tanto, sólo vertieron agua en las ruinas del reactor, lo que agravó la situación. Algo similar a lo que años después ocurrió en Córdoba cuando los bomberos, que carecían de equipo y capacitación, tuvieron que enfriar con agua dos enormes tanques de 50 mil litros de disolventes orgánicos para impedir que explotaran, llegaran a la gasolinera cercana y aumentaran la gravedad del problema.

Para evitar que la radiactividad se propagara en el ambiente, el reactor se llenó con 5 mil toneladas de una mezcla de sustancias, que fueron lanzadas desde un helicóptero. Estos materiales extinguieron el incendio del grafito y absorbieron los aerosoles radiactivos. Dos semanas después, las autoridades soviéticas decidieron conservar el bloque entero que se había colapsado en un sarcófago especial de hormigón.

Después del desastre se afirmó que al accidente nuclear no lo siguió una explosión nuclear y que ambas explosiones fueron térmicas-normales, lo que discrepa de las observaciones de los testigos. De acuerdo con la Asociación Nuclear Mundial (World Nuclear Association), el accidente se debió a la "violación de los procedimientos operativos y la ausencia de una cultura de la seguridad".

Este accidente tuvo un gran impacto sobre los parámetros de seguridad no sólo en lo que se refiere a las centrales nucleares, sino a toda la actividad humana; el enorme enojo y preocupación asociados con él generaron un movimiento internacional para mejorar la seguridad atómica y tranquilizar a la sociedad. Uno de los pasos más importantes fue la creación, en 1989, de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO por sus siglas en inglés) que supervisa 430 reactores en el mundo para detectar oportunamente posibles problemas. A pesar de estos avances, lo que ocurrió en Fukushima en 2011 mostró que esos parámetros aún tienen deficiencias.

En el caso de México, no hay que olvidar que la WANO ha informado reiteradamente al gobierno sobre las deficiencias de operación de la central de Laguna Verde, sin que hasta el momento se sepa que se le ha prestado atención a estos avisos.

Viendo en perspectiva este desastre es evidente que las autoridades locales no estaban preparadas para enfrentarlo y que las autoridades federales hubieran preferido que se mantuviera en secreto, como lo indica el gran retraso en reconocer que había ocurrido. Es también evidente el esfuerzo posterior para culpar a los trabajadores y a una genérica "falta de una cultura de la seguridad".

Si volvemos los ojos a lo que pasó en Anaversa hace 25 años y hace menos de una semana en Coatzacoalcos, la situación es la misma, similares la ignorancia e impreparación de las instancias oficiales; la negligencia, corrupción y desatención parecen calcadas de un caso al otro. De seguro, pronto veremos en Coatzacoalcos como se culpa a los trabajadores y se advierte que se tomarán medidas enérgicas para que el caso no se repita.

Hasta ahora, sólo Robin Perkins de Greenpeace ha hecho notar que, como resultado del accidente, hubo una nube tóxica de más de 10 km de diámetro, debajo de la cual estaba la población de la zona y que, aunque se ignora qué sustancias había en ella, es prácticamente seguro que son muy persistentes y tóxicas.

Desde luego, a juzgar por los casos previos de México, –Anaversa, Tekchem, Dragón, etc.– las autoridades de salud no se van a dar por enteradas de la enorme población que está en riesgo por esta nube, si bien, aunque se dieran por enteradas, el país carece de la capacidad técnica para analizar los componentes de la nube y evaluar en dónde quedaron, a cuántos pudieron afectar y cuáles van a ser sus riesgos a largo plazo.

En otras palabras, desastres van y vienen y México sigue sin reconocer que la industrialización tiene riesgos y, la gente, derechos. Al respecto, en estos días se puede obtener en la FILU, en Xalapa, el libro México Tóxico. Emergencias Químicas de Albert y Jacott, de Siglo XXI Editores, que hace un análisis de estos casos y proporciona orientación sobre lo que deberían hacer las comunidades cercanas a industrias peligrosas para protegerse antes de que les toque el turno y lo que podrían hacer las autoridades si tuvieran conciencia de sus responsabilidades constitucionales.

Además el número de El Jarocho Cuántico, suplemento científico de La Jornada Veracruz, que se publicará el próximo domingo 1º de mayo, estará dedicado a este tema.