Política

Las razones de la cautela

abril 25, 2016

En el fondo de la tragedia de Coatzacoalcos están las decisiones sobre políticas económicas y de privatización de las empresas paraestatales y las de las anhelantes ambiciones de los inversionistas beneficiados por el esquema. La malhadada combinación de éstas derivó, por lo pronto, en la tragedia que enluta a decenas, si no cientos, de familias de trabajadores petroleros.

Resulta que se han reducido los gastos de mantenimiento y por ello la empresa productiva del Estado pide a los responsables en las refinerías poner especial cuidado en la supervisión de la operación de todos los equipos, algo que a todas luces no hicieron el día del siniestro cuando se habían registrado dos fugas por las que evacuaron al personal que en ese momento estaba en las instalaciones.

Se instruye a los trabajadores a ser especialmente cuidadosos e intolerantes con las disfunciones de operación, pero se reduce a 700 trabajadores para planta que solía estar a cargo de 2 mil.

Hay una inmensa contradicción entre la instrucción y la realidad cotidiana de las formas de operación y decisión dentro de planta de Mexichem.

Como es costumbre, funcionarios encumbrados dicen que se investigará a fondo y hasta sus últimas consecuencias. Suponer que asé será es peregrino. Hay demasiados ejemplos de verborreas y simulaciones gubernamentales para inspirar desconfianza razonada.

En su momento se dijo que no había riesgos para la población y se negó la existencia de fugas de cloro. Organizaciones no gubernamentales decidieron llevar a cabo estudios de agua y suelo en las cercanías a Pajaritos.

Dicho de otro modo, en la medida que transcurre el sexenio presidencial se acumulan motivos de desconfianza y descrédito al gobierno. Desde la penosa investigación de los bienes inmuebles del entorno presidencial, sus viajes y estilos de vida, las evidencias de corrupción de poderosos corporativos beneficiarios de las políticas y licitaciones gubernamentales, la tóxica presencia de la minería a cielo abierto que continúa por cierto en el estado, o el deplorable estado de las rutas de evacuación de la zona industrial de Coatzacoalcos.