Política

Los candidatos y el electorado veracruzano

abril 14, 2016

El escenario de la contienda electoral que culminará el ya cercano 5 de junio parece estar totalmente configurado. Los candidatos, sus propuestas y lo que personalmente representan son suficientemente conocidos, si bien, en lo relativo al último aspecto, el posicionamiento personal, dos de ellos son figuras más bien locales, nos referimos a Armando Méndez de la Luz y a Cuitláhuac García Jiménez. Ambos cuentan con un discurso que los avala: el llamado a la ciudadanía en un caso y la crítica distintiva de Morena en el otro, acompañada de algunas propuestas para resolver los graves problemas de la entidad, como sería la reducción de sueldos a los funcionarios.

Sin negar la importancia de las soluciones coyunturales, no hay, ni el caso de Méndez de la Luz, ni en el de Cuitláhuac García Jiménez, algún planteamiento que haga énfasis en un cambio sustancial de las políticas públicas. Y quizá no pueda haberlo, porque la crisis actual lo que en verdad reclama son nuevos enfoques para hacer frente a problemas estructurales. Es necesaria la creación de más empleos, sí, pero ¿cómo será posible hacerlo, además de acudir a la consabida receta de atraer inversiones al estado? En este momento se requiere la mayor creatividad por parte de la clase empresarial y de los gobernantes, para impulsar formas mixtas de colaboración entre el capital y las clases trabajadoras del campo y la ciudad.

Los candidatos más conocidos por la ciudadanía, tanto por su trabajo político como por su desempeño en cargos públicos y de representación popular son Héctor Yunes Landa, Miguel Ángel Yunes Linares y Juan Bueno Torio. Cada uno tiene una imagen y cada uno deberá obtener de ella el mayor provecho posible para aumentar las preferencias del electorado en su favor.

A Héctor le beneficia su trayectoria de hombre serio, honrado y que acostumbra cumplir la palabra empeñada, cualidades valiosas siempre y ahora más, tras la experiencia con políticos que dicen más mentiras de las necesarias y cuyo cinismo y banalidad, nos hace dudar si en verdad consideran tonta a la gente o si ya perdieron por completo el sentido de la realidad.

A Miguel Ángel Yunes se le reconoce el ímpetu, la clara determinación de sus objetivos políticos y la voluntad de cumplirlos. Es también hombre de palabra. Respecto a él sólo surge una duda: ¿hasta dónde podrá cumplir con la palabra empeñada si objetivamente forma parte del mismo sistema político?

Aquí el asunto no es de decisión personal, sino del acotamiento que el propio sistema impone a sus actores. Hay un margen para la acción naturalmente y este margen es el que un político responsable debe aprovechar, lo cual significa hacer compatibles los cambios necesarios y la rectificación del rumbo con estabilidad y gobernabilidad. En una palabra, el asunto es dar vigencia real al Estado de Derecho. Desde otra perspectiva y esto es válido para todos los candidatos, se impone repensar los modos de hacer la política y de ejercer el poder para dignificar la política y su ejercicio.

Juan Bueno Torio asume el papel del candidato independiente; es algo que aún no asimilan bien los ciudadanos debido al corto tiempo del que ha dispuesto el cordobés para posicionarse como tal. Las propuestas serán las que señalen el alcance de su visión política y el valor que le agrega la independencia desde la cual piensa y responde a la crisis que vive el Estado de Veracruz.

Juan Bueno Torio tiene la tarea de probar que es una opción real y viable para los veracruzanos. Su participación puede alentar el espíritu democrático y hacer ver a las diligencias partidistas la necesidad de volver a la identidad perdida y reconstruir su relación con las propias bases y con la sociedad. Pues los partidos seguirán siendo mientras no se invente un nuevo mecanismo con los medios idóneos para encuadrar los intereses de amplios grupos y sectores sociales, identificados en una visión común de país. Tal concepción del sistema de partidos políticos, sin hegemonías que reflejan perversamente, es decir, falsificándola, la pluralidad ideológica, es la única base posible sobre la que podrá sustentarse la madurez de la democracia en México.

El candidato Víctor Vásquez Cuevas representa una fuerza en construcción y parece difícil que el tiempo de la campaña sea suficiente para conquistar la voluntad del electorado de manera significativa. Su presencia estimulará, sin duda, el debate y representa para el PES la oportunidad de crecer y asegurar espacios más amplios de participación futura.

En el escenario de la contienda por la gubernatura de dos años, cuya importancia radica, lo diremos una vez más, no en la temporalidad que abarca sino en el significado de los asuntos políticos que habrán de ventilarse en el 2017 y sobre todo en el 2018, año de la sucesión presidencial; en este escenario, repetimos, los términos de la confrontación han quedado prácticamente establecidos.

Únicamente queda por definirse una cuestión: la preferencia mayoritaria del electorado y si ésta se dará dentro de una participación escasa o una participación masiva. Esa es la incógnita. Desde la óptica local, la mayoría puede inclinarse hacia el proyecto político que represente un reordenamiento de la vida pública, llevado a cabo al mismo tiempo con sensibilidad y energía, dentro del cauce de las leyes e instituciones; o puede inclinarse por una opción radical cuando menos en el papel. Según esta hipótesis, en el primer caso el candidato vencedor sería Héctor Yunes Landa, y en el segundo, en primer término, Miguel Ángel Yunes Linares, por las razones expuestas con anterioridad y después alguno de los otros candidatos.

La participación masiva entraña la posibilidad de un vuelco en el rumbo de la política estatal. Pero este vuelco no debe verse necesariamente como algo positivo, pues en condiciones como las que presenta el electorado en nuestro país, la participación masiva obedece al impulso emocional más que a un juicio razonado sobre los actores políticos y las circunstancias.

Lo deseable para Veracruz es la mayor participación posible de los ciudadanos, acompañada de la mayor responsabilidad a la hora de emitir el voto.