Política

La Faena

abril 11, 2016

Los Yunes competidores por la gubernatura tienen obstáculos y dificultades, naturalmente diferentes y de orígenes completamente distintos, para acercarse con mayor o menor éxito al electorado. Por el lado de Héctor Yunes Landa, el priísta tiene que navegar cuesta arriba con la carga en los hombros de la deteriorada imagen pública del gobierno estatal de Javier Duarte; trae encima la marca del clientelismo político tricolor, la cultura que éste origina no juega a su favor dado el largo periodo que precisa para que pueda desactivarse, pues es sabido que los cambios culturales suelen llevarse mucho tiempo... Porque desmontar los esquemas mentales de los electores vistos como clientes políticos, aunado a las desigualdades extremas económicas y culturales que tiene a vastos sectores viviendo en la pobreza y la marginalidad, a instituciones públicas débiles y vulnerables a la corrupción, a las presiones de grupos de poder, y aún de la delincuencia organizada, es un proceso que se lleva, como se dijo antes, mucho tiempo... Eso fue exactamente lo que sucedió con la alternancia del 2000, cuando el panista Vicente Fox Quezada fue incapaz de modificar el estado de las cosas, y aún perfeccionó esos mecanismos clientelares que fueron en su tiempo la distinción de su compañero de partido, Felipe Calderón... De su lado, el panista perredista, Miguel Ángel Yunes Linares, representa la herencia del foxismo-calderonismo, salpicado de chuchismo, y juega prácticamente en los mismos términos que su adversario tricolor, en relación a su proveniencia de esa misma cultura clientelar... Sin embargo, en el caso del candidato de la alianza PAN-PRD, tiene como factor adverso que pesa más que el discurso antigobierno y sumamente crítico de los incuestionables flancos abiertos del duartismo, sus demonios personales que por más que se esmera en mantener enclosetados, le brincan en cualquier momento... Aunque son sumamente conocidos los demonios personales del jefe del panismo boqueño y los pretende ocultar acusando de sus mismos pecados a su contrincante tricolor, en su caso, la diferencia es obvia... Los problemas de Miguel Ángel son de índole moral, y sobre él pesan acusaciones de una desmedida corrupción en ambas administraciones federales blanquiazules, en particular, lo acontecido en el Issste durante el calderonato, donde existe un amplio y minucioso expediente sobre las tropelías que ahí cometió en el área de compras de medicamentos, derivación de fondos públicos, entre otras graciosadas que constan en el expediente que, en la lógica de la competencia gubernamental, es inexplicable por qué no ha sido utilizado públicamente... A menos que como espada de Damocles penda sobre su cabeza como amenaza para que actúe como marioneta de perversos juegos de intereses de altísimos vuelos, y en cualquier momento se vea forzado a traicionar a sus benefactores como ha sido su costumbre desde que renunció al PRI... El caso es que en ese enfrentamiento del priísta con las dificultades que le hereda un régimen, cuestionado hasta por sus mismos beneficiarios, y la escasa calidad moral del panista que se presenta como convencido demócrata, o escandalosa y cínicamente como paladín de la justicia y severo juez contra la corrupción, ha transcurrido ya una primer semana previsible pero con la novedad de que Yunes Linares se negó a hablar ante preguntas de la prensa, sobre el intento de su hijo Omar Yunes Márquez, de crear una empresa fantasma para ocultar en el paraíso fiscal de Panamá, el origen de un dinero que difícilmente habrá salido de la venta de sushi o del coyoteo de bienes raíces...