Política

Las posibilidades infinitas de la 
imaginación: Leonora Carrington

abril 06, 2016

"La luz nunca era muy fuerte en Pest Pret. Había siempre una reminiscencia de humo que volvía turbia y neblinosa la visibilidad; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido una vista excelente".

Leonora Carrington

Las historias de Leonora Carrington Moorhead tienen el don de generar sensaciones que trascienden fronteras espaciales y temporales para mostrar lo onírico. Sus representaciones trasladan a planos metafísicos, forman espejos donde se reflejan mundos primigenios, arquetipos mentales e imaginarios. En su iconografía se muestra una relación amorosa con los animales y las plantas, un acercamiento continuó y estrecho con los seres místicos de las leyendas Celtas que llegaron a ella a través de los relatos de su nana para acompañarla por siempre.

Las huellas de Carrington son profundas en el arte, sin duda, pero al mismo tiempo sus construcciones simbólicas muestran a quien se acerque a éstas, las posibilidades infinitas del pensamiento e imaginario, tanto individual como en lo colectivo, enuncia la fuerza que tienen las deidades ocultas. "Me había otorgado la llave del luminoso tesoro que estaba en el centro de mi oscuro interior, sin darme cuenta que esos arcanos actuaban solamente como excitantes del intelecto". Señala Alejandro Jodorowsky con respecto a que Leonora utiliza en sus obras al tarot, también, en sus pinturas aparecen otros sistemas oraculares, símbolos alquímicos, diversos libros "prohibidos". Y en algunas de sus narrativas el misticismo de Hieronymus Bosch, el Bosco.

Los relatos pictóricos y literarios de Leonora propician un acercamiento antropológico a los secretos más profundos de las culturas milenarias, hacen posible observar sus lecturas de oráculos como el tarot y el I-Ching. Es una maga que sutilmente permite al visitante adentrarse a algunos misterios profanos. Las cartas de Marsella, según Carl Jung contiene todos los arquetipos humanos, modelos primordiales, experiencias que todos vivimos en algún momento, cuyos orígenes incipientes se remontan al libro de Thot –texto sagrado de los antiguos egipcios–, en tanto, que el sistema filosófico oriental tuvo mucha influencia en distintos aspectos de la vida China, sobre todo en el político y tiene su base en ocho signo que se le atribuyen a Fu Hsi, que vivió hace más de 4, 500 años; sin embargo, una ulterior fase importante en su desarrollo fue alrededor del 1150 a. C., hacia el final de la dinastía Shang.

Los cuentos de Leonora guardan un colorido y estilo propio acompañados de tonos lejanos de Poe y Lewis Carroll. En "Conejos Blancos" la luz y las sombras le dan fuerza a los argumentos, al igual que el ingrediente de la sorpresa en donde conjuga sus vivencias con la ficción, con su ritmo de poesía hace posible, al igual que en su pintura el sumergirse por esos mundos alternos que pueden estar en la casa de enfrente.

La magia de Leonora ha sido benevolente para siempre, en la última etapa de su vida compartió con otras expresiones artísticas a los personajes polimorfos que poblaron sus sueños de infanta, los trasladó al escenario público gracias a eso múltiples personas han podido articularse con esos seres que la acompañaron en sus travesías e iniciaciones. En su bestiario con tallas de gran tamaño de distintos materiales, el misticismo profano occidental y el mesoamericano cobraron volumen y profundidad.

Leonora Carrington Moorhead nació en 1917, el 6 de abril en Clayton Green, Chorley, población de Lancashire norte de Inglaterra. Muy joven fue testigo de la primera y segunda guerra mundial del etnocidio y el dolor que causó el Nazismo. Llegó a México en 1942, gran parte de su vida transcurrió en el Distrito Federal donde murió el 25 de mayo de 2011. Su articulación con los artistas del surrealismo europeo, se propició debido a su formación –ingresó en 1936 a la academia de Ozenfant de arte en la ciudad de Londres–, la inteligencia que le caracterizó, su rebeldía, por el potencial creativo que tenía; y por sus vivencias personales.

El surrealismo –término acuñado por Guillaume Apollinaire en 1917– es una de las corrientes del modernismo fundada por André Breton, en su momento resultó ser una crítica vanguardista a diversos aspectos de la modernidad, tal es el caso del pensamiento racional y la racionalidad instrumental –la capacidad del hombre de transformar a la naturaleza–, que en la tercera y cuarta décadas del siglo pasado estaba dando muestras de sus estragos grotescos. Las creaciones de los surrealistas planteaban expresiones culturales distintas a las que institucionalizaron el cristianismo y capitalismo en Europa. Propiciaron un quiebre a la homogeneidad cultural que pretendían los sistemas políticos-económicos, construyeron relatos marginales que en un primer momento fueron un cuestionamiento innovador que planteaba un retorno al inconsciente.

En este espacio, se recordó a Leonora Carrington Moorhead –por su cumpleaños noventa y nueve– y al hacerlo se buscó enunciar la trascendencia que tienen la imaginación y el arte para propiciar una trasformación en las estructuras del comportamiento cotidiano individual y colectivo, a pesar, de que con el tiempo las vanguardias artísticas acaben disolviéndose e institucionalizándose –fortaleciendo a los sistemas políticos-económicos–; también perviven de manera fragmentaria y periférica en los discursos contestatarios y son un estímulo ejemplificador para las nuevas propuestas artísticas ■