Política

Ejecuciones de periodistas: los expedientes de Ricardo Ravelo

abril 04, 2016

Ricardo Ravelo es un periodista experto en temas del narcotráfico y en especial ha seguido la historia y desarrollo del grupo delictivo de Los Zetas.

Conoce el huevo de la serpiente en Veracruz, pues desde la década de los noventa empezó su carrera profesional como corresponsal de Proceso en el estado. Ravelo entonces se dedicó a seguir la evolución de esta serpiente que hoy desestabiliza todo a su paso.

En 2007 Ravelo escribe Crónicas de sangre. Cinco historias de Los Zetas, donde muestra un amplio conocimiento del poderoso y cruel grupo delictivo.

El brazo armado del Cartel del Golfo se distinguió por ser cuna de desertores de un comando de élite de las fuerzas armadas en México, y desertores asimismo del ejército de Guatemala llamado kaibiles. Pero había otra situación que llamó la atención de Ravelo: el enorme poder del grupo para corromper a las autoridades de las regiones en donde opera.

Las crónicas de Ravelo diferencian los tiempos en que se vigilaba la ruta de la droga, frente a una actualidad donde además, los grupos delictivos también se disputan la influencia del poder político. La complicidad en la estructura política y económica –se colige de estas crónicas– garantizan la libre operación e impunidad del crimen organizado: en este tenor se dio el enfrentamiento en Villarín, durante una carrera de caballos, donde murió el Z-14.

Tres años después, a Ravelo lo guía un contradictorio sentimiento: con trozos de admiración y de odio escribe una biografía muy completa de Osiel Cárdenas Guillén, líder del Cartel del Golfo, creador de la suntuosa escolta paramilitar llamada Los Zetas. El libro se titula Osiel. Vida y tragedia de un capo (2009).

El reportero ha publicado también Herencia maldita: el reto de Calderón y el nuevo mapa del narcotráfico (2000), Los capos: las narco-rutas de México (2005), Los narcoabogados (2006), El narco en México (2011), Narcomex (2012) y Zetas, la franquicia criminal (2014).

Ahora Ravelo le dedica un libro a la entidad donde nació y se formó como reportero policiaco, y está centrado en el gremio periodístico como una de las víctimas de esta violencia generada a partir de la pelea por el control de territorios.

El libro se intitula Ejecuciones de periodistas: los expedientes, y la sensación que deja es que vivimos en un estado donde se ha desarrollado una grave cultura de impunidad, tal y como lo advirtió Ravelo desde Herencia maldita.

Existe en Veracruz, después de la lectura de Ravelo, un caldo de cultivo que propicia los delitos que no son sancionados con plena justicia. Este caldo de cultivo tiene relación directa con su objeto de estudio: Los Zetas; sólo que ahora la circunstancia es distinta, se trata de la riña por las ciudades veracruzanas con el cartel Jalisco Nueva Generación.

Es con este panorama como puede entenderse la vesania con la que opera un grupo desesperado ante la persecución, por un lado, de las autoridades, y por el otro el enfrentamiento con el cartel mencionado de la zona centro del país.

La revisión de poco más de una docena de casos de periodistas ejecutados, asesinados o desparecidos, concluye que el origen es variopinto. No hay, según los expedientes a que tiene vista Ravelo, una sola causa que homologue cada ejecución o desaparición.

Da la apariencia de que cada caso es un pleito callejero entre mafias y personajes oscuros que circulan en los meandros. Son como pleitos mortales a ras de suelo, personajes de buhardilla que maquilan desde el drenaje.

En este sentido, en la revisión de los expedientes poco hay referido a relaciones de poder, puesto que no hay empresarios, políticos, capos mayores o dueños de medios de comunicación que pudieran abonar información. No se perciben líneas de investigación que indaguen en torno a cabezas en el poder.

Es como si los medios fueran entes baldíos, neutralizados, donde pasa un reportero y deposita su información sin que exista la intención editorial de publicarlo. Como si las notas periodísticas aparecieran por generación espontánea.

No obstante, por la experiencia de Ravelo en el tema, destaca datos que permiten una lectura más aguda y ofrecen contexto al desfile de crímenes de periodistas sin resolver. Un ejemplo, el caso de la ejecución de Milovela, recuerda cómo el columnista de Notiver investigó el caso del Llano de la Víbora en 1991, que al tiempo se convirtió en punto de inflexión para la historia del narcotráfico. Se trató de un enfrentamiento confuso que revelaba que ya no era el trasiego de fayuca, sino la droga, lo que dominaba la actividad del crimen organizado.

Otro dato vinculado a los homicidios del puerto, es que las autoridades centran sus pesquisas en El ñaca, personaje emblemático de la pregnancia del crimen organizado en las estructuras de seguridad pública.

El ñaca era un ex agente de Tránsito municipal al que se le imputaba todo, según los expedientes; incluso se habla que estuvo en ambos cárteles.

Desde el secuestro de Serrano Aramoni en 2009, hasta el triple homicidio en 2011, es culpa de El ñaca, quien en 2013 aparece muerto tras un tiroteo en Zapopan, Jalisco, entre marinos y miembros del cartel Jalisco Nueva Generación.

Ejecuciones de periodistas: los expedientes incluye un prólogo de Edgardo Buscaglia que orienta la investigación de Ravelo. Buscaglia dice, como premisa para entender el estatus quo de Veracruz secuestrado por la impunidad, que los estados tienen la obligación de prevenir que actores organizados no estatales violen sistemáticamente los derechos humanos.

Asusta entonces saber que hemos padecido dos sexenios de impunidad, donde el telón de fondo es la connivencia del crimen organizado con los cuerpos policiacos. Corrupción y vacío de autoridad, una ineficiencia estructural, sistémica, donde el Estado no controla sus redes de seguridad permeadas de formas inverosímiles.

Ejecuciones de periodistas: los expedientes es un libro que deja sin aliento por el desolador presente que infiere. Ravelo concluye así cada caso: enigma con Regina y el tal Jarocho prófugo; Mariachi y amigos, sin detenidos en la trágica pesadilla de La Zamorana; Milovela y Yolanda, silencio; Cuco, más de cuatro años y se presume esté en una fosa clandestina; Evaristo, levantado y plagiado, cero información; Báez Chino, misteriosa muerte; Sergio Landa, desaparecido; y la brutalidad que mató a Goyo.

Sí, la serpiente creció y creció en Veracruz.