Política

Necios vocacionales

marzo 28, 2016

Los tomadores de decisiones en el país y en el estado han configurado un sistema de gobierno que es la degradación de la simulación democrática. Varios pasos más abajo, más allá de la demagogia y el populismo, los griegos categorizaron los gobiernos de los obtusos, de los ignorantes, de los incapaces en una sola amplia categoría: la oclocracia, el gobierno de la muchedumbre, de los impreparados. Ya se había tocado el tema hace algunas semanas en este espacio editorial. La oclocracia como degeneración de la voluntad popular, si acaso.

De nueva cuenta son burócratas de angora los que dan cuenta probatoria de la afirmación. En teoría, Veracruz es una entidad con leyes que lo protegen de transgénicos y agroquímicos tóxicos. Esto es así porque Veracruz es parte territorial sustantiva de culturas mesoamericanas y en consecuencia, lo es también de la variedad genética del maíz. Fueron los pueblos originales los que crearon y desarrollaron la inmensa variedad genética del maíz que enriquece el país, le da identidad y certidumbres.

Pero sucede que burócratas federales y estatales promueven el uso de agroquímicos nocivos en el estado. Hace un par de semanas, funcionarios de esas dependencias autorizaron el almacenamiento de agroquímicos en la nave donde instalan todos los sábados productores orgánicos un mercado para comercializar localmente sus productos. Desde hortalizas hasta quesos sin conservadores.

Ahora promueven su utilización repartiéndolos entre agricultores. Obtusos y atrabiliarios, pasan por encima de leyes y derechos adquiridos por la ciudadanía. Habrá que sospechar de la enjundiosa promoción de tales funcionarios a favor de anónimas empresas.

En su momento, fueron denunciados por ciudadanos molestos en las páginas de La Jornada Veracruz. Ahora, los son por un diputado panista que es parte de la Comisión de Desarrollo Agropecuario.

Si las permisivas Sagarpa y Sedema son conscientes de lo que autorizan, lo hacen a contrapelo de la ley y de los intereses estatales. Si no lo son, confirmaría el nivel de incompetencia de las burocracias. En cualquiera de los casos, no hay duda del despropósito de las decisiones burocráticas y el nivel de estulticia oficial. Oclocracia, pues.