Política

Vía dolorosa

marzo 26, 2016

Ayer los católicos del mundo recordaron la crucifixión de Jesús. Recordaron, como decía Machado, al Jesús que subió al madero, no al que anduvo en la mar. Viacrucis, el recuerdo y meditación de los pasos de Jesús en su camino al monte Calvario.

Los creyentes en todo el estado dedicaron el ejercicio de memoria de la fe para pedir por que termine la violencia, y por las madres y padres de los desaparecidos. No es gratuita la sintonía; por el contrario, es comprobación tajante de que la cotidianidad de los gobernantes flota permanentemente sobre las turbulentas aguas del agravio social.

Cuatro personas fueron desaparecidas en Coatzacoalcos, los familiares toman un punto de la carretera para bloquearla en protesta, mientras que la Fiscalía General del Estado inexplicablemente rehusaba recibir sus denuncias.

En Veracruz-Boca del Río, el caso de los cuatro muchachos que violentaron a una adolescente se enturbia entre chicanadas y procedimientos dudosos de la justicia, y además se denuncia la desaparición de una activista desde el 23 de marzo.

Y es que entre desaparecidos; mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres; periodistas asesinados por el hecho de ser periodistas; la ofensiva morosidad permanente para jubilados y pensionados; la crisis terminal en la que se coloca a la Universidad Veracruzana por el incumplimiento crónico y escamoteo de sus recursos; el obsceno crecimiento de la deuda pública; el retraso crónico en el pago a proveedores y prestadores de servicios; y todo flotando en el cinismo indiferente y la lejanía de los tomadores de decisiones.

Por eso no es casual la petición de los miles de creyentes que se expresaron en el marco del ritual religioso. Veracruz ha sido crucificado también, con independencia del sentido figurado.