Política

Testimonio de Veracruz

marzo 26, 2016

*Réquiem por el agua

Nada que celebrar en el Día Mundial del Agua. Un réquiem por el agua. La catástrofe se avizora, pero la simulación por parte de los gobiernos en todos sus órdenes y de la misma sociedad, ante la grave crisis de escasez, no augura un pronto remedio a la situación de falta de suministro. En el día dedicado a su celebración, sólo actos oficialistas, con declaraciones a la ligera, minimizando y soslayando el problema. Y el cotidiano exhorto a la población, sin cultura del uso del agua, de que la use "eficientemente". Prédica en el desierto.

En febrero de 2016, se cumplieron tres años de que el Congreso federal incluyó el párrafo sexto al artículo 4º constitucional, donde se reconoce el derecho de toda persona al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, saludable, aceptable y asequible. Es decir, se reconoció el derecho humano al agua y con ello todos los habitantes de México tenemos derecho a una cierta cantidad y calidad de agua que sea bebible, sin poner en riesgo nuestra salud, que nos permita cocinar, bañarnos y realizar nuestras tareas más básicas de sobrevivencia; que su acceso físico sea en instalaciones seguras y a no más de un kilómetro de distancia o 30 minutos de caminata, y cuyo costo por el acceso no comprometa nuestra capacidad de satisfacer otros derechos. Más claro ni el agua.

Pero el Congreso también se comprometió a expedir en un tiempo máximo de 300 días una nueva Ley de Aguas Nacionales que sustituyere a la de 2002. A la fecha casi van mil días y la ley no aparece por ningún lado. Dejando sin reglamentación el artículo 4° constitucional, y desde luego, la aplicación del mandato de que todos debemos tener agua potable al alcance de nuestras posibilidades. Es decir, el tal mandato está en el limbo de la legislación federal. Pero no es gratuito que la mencionada ley no haya llegado a su aprobación en el pleno del Congreso y sólo se haya quedado en iniciativa. La iniciativa, a decir de los especialistas, es privatizadora y regateadora del derecho humano al agua. Primero establece que es obligación de las autoridades garantizar el derecho al agua en los asentamientos humanos, con un mínimo vital de 50 litros diarios por persona.

No es lo mismo asentamientos humanos que personas. En Veracruz, por ejemplo, miles de localidades se encuentran en la zona rural y miles de habitantes forman solamente dispersos caseríos. Estos grupos obviamente quedan fuera de los "beneficios" que contempla la nueva legislación discriminatoria del agua en México, que deja a millones de personas en total indefensión y desamparo. Pero además, ¿cómo y por qué del cálculo de 50 litros diarios por persona? ¿A qué iluminado experto se le ocurrió tal atentado en contra de la necesidad humana del vital líquido?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), máxima autoridad de la acción sanitaria en las Naciones Unidas, del cual México también forma parte, ha señalado que el acceso mínimo, que representa el riesgo más bajo para la salud de las personas, corresponde a 100 litros diarios por persona. En las zonas residenciales de las grandes ciudades, a un habitante pudiente y privilegiado, los 50 litros no le sirven ni para bañar a los perros. Mucho menos para llenar la alberca y regar los jardines.

En la edición de La Jornada del 23 de marzo, las cifras hablan de una situación sumamente delicada, la nota señala que "En México, sólo 14 por ciento de la población tiene servicio de agua potable de calidad las 24 horas del día durante todo el año. Mientras 48 por ciento de la población no la recibe ni siquiera una vez al día…". La información parte de un estudio elaborado por la UNAM.

En Veracruz no podíamos estar zafos de esta emergencia. Según cifras del Copladever, casi un millón y medio de paisanos no cuenta con agua potable y casi 2 millones tienen que acarrearla de fuentes distantes ¿Cuestión de racionar, de hacer eficiente los servicios municipales o de simple justicia social?

De todo un poco. Que se empiece a poner orden en los Organismos Operadores de los municipios. El invento de la Comisiones Municipales de Agua (CMAS) sólo ha logrado que el líquido se encarezca para los usuarios. Por ejemplo, en la Ley de Aguas del Estado de Veracruz se especifica claramente, que el órgano de gobierno, del Organismo Operador, así como los concesionarios, aprobarán las cuotas y tarifas para el cobro de los servicios de suministro de agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales a su cargo. Todo con base en una fórmula general para que las tarifas sean "…suficientes para cubrir los costos derivados de la operación, el mantenimiento y administración de los sistemas; la rehabilitación y mejoramiento de la infraestructura existente; la amortización de las inversiones realizadas; los gastos financieros de los pasivos; y las inversiones necesarias para la expansión de la infraestructura…".

O lo que es lo mismo, el costo que pagamos los usuarios por metro cúbico se compone de pago de personal, costo de mantenimiento de la infraestructura, pago de capital y de los intereses de los préstamos que haya adquirido el Organismo Operador, y el pago de nuevas inversiones para asegurar el abasto de agua. En Xalapa, por ejemplo, la CMAS debe tener un cuentón con el financiamiento contratado para construir el gran proyecto de saneamiento de la ciudad. Tan sólo en su inicio, en 2002, contemplaba una inversión de un poco más de 541 millones de pesos, de los cuales, el 40 por ciento provendría de recursos federales (Conagua), y el restante 60 por ciento de una empresa privada. Hoy la deuda debe ser, aún reestructurada y toda a cargo de la CMAS, una enorme carga para el costo final por metro cúbico. Y lo cuestionable es que el famoso Programa Integral de Saneamiento der la Ciudad de Xalapa, a 14 años de haberse arrancado, no funciona tal como fue planteado.

Lo bueno y esperanzador es que hace unos días el alcalde Américo Zúñiga declaró a los medios, que el ayuntamiento pondrá en marcha un "plan de austeridad" en la CMAS de la ciudad capital. Enfocado, principalmente, a la reducción de la plantilla de personal que se compone de mil 700 trabajadores de base y 300 eventuales. Sentenció que "el que no trabaje deje de cobrar", incluido el personal de confianza. Buena la intención del joven alcalde. Pero habría que pegarle a los otros costos para que los usuarios paguemos lo justo, económicamente, financieramente y desde luego, técnicamente. Dios nos da el agua y los poblanos no la quitan. Veremos y diremos, casual lector.