Sociedad y Justicia

Un recuento del Comedor Autónomo de Humanidades

marzo 21, 2016

Los rayos del sol desentumen las vivencias que habitaron en un espacio de aprendizaje, un rincón de acercamientos con la sociedad, un manantial de alimentos para cuerpo y el alma, recinto de consignas con canciones. Los fragmentos de una historia vivida y compartida con algunos grupos, van a contener sesgos porque es difícil establecer un límite para observarlos con distancia, sin embargo, la experiencia permite una narración directa y algunos sucesos por su trascendencia merecen ser socializados.

Los recuerdos vigentes son un puente sobre la corriente del tiempo y propician el enunciar ahora: algunos de los antecedentes del Comedor Autónomo de Humanidades, su consolidación y crisis; y a partir de la última, encontrar los motivos que llevaron a un puñado de jóvenes a entregarlo a las autoridades universitarias, sin un consenso previo, frente a lo cual, las últimas reaccionaron con una rapidez inusual –era un espacio político que se estaba abandonando–; también sin mayores consultas lo derrumbaron e hicieron una nueva construcción que va a albergar un lugar para la alimentación con una perspectiva totalmente distinta porque, de entrada, va a ser administrado por el patronato de la Universidad y en su diseño de implementación está ausente el consenso de los universitarios.

En 2012 un puñado de universitarios se dio a la tarea de realizar un diagnóstico para construir un proyecto sobre la necesidad de un comedor, los referentes eran varios: un año atrás un grupo se daba a la tarea de botear y realizar una comida comunitaria gratuita, a la cual solamente había que llevar los utensilios necesarios para degustarse; posteriormente, desarrollaban algunos eventos artísticos culturales y asambleas para debatir los problemas de las instalaciones y otros más. Con anterioridad, otros estudiantes desde una perspectiva sustentable, trabajaron en la dignificación de algunos espacios verdes y recreativos; sin duda, en la última década del siglo pasado hubo otros intentos que fructificaron, pero un referente semejante a su propuesta con otros significados fue un lugar comunitario que estaba ubicado a un costado de la explanada de Humanidades, en donde ahora es el autoacceso de la facultad de idiomas: era uno de los espacio más grandes de Humanidades, destinado para propiciar una alimentación equilibrada, económica, y al mismo tiempo hacía posible la confluencia y socialización entre los universitarios de las distintas facultades que conformaban el área y diversos grupos sociales.

La carencia de lugares de usos múltiples y la necesidad de un comedor universitario se articularon: en el proyecto señalaba la necesidad de "un espacio que contribuya al mejoramiento de la situación alimenticia y la cultura nutricional de los universitarios, integrados por alumnos, académicos y trabajadores de las distintas facultades y centros de trabajo de la "Ex Unidad de Humanidades", formando para esto un equipo de alumnos de distintas facultades del área y de la facultad de Nutrición, para dar un servicio de entre 300 y 400 menús diarios (diseñados por los compañeros de Nutrición) con un costo aproximado de 13 pesos, generando un ahorro mensual para la comunidad de Humanidades de 400 mil pesos".

El único espacio libre en el que se podía desarrollar el proyecto del Comedor Autónomo había sido una tiendita con venta de tortas concesionada, convertida en bodega, pero las autoridades universitarias de ese momento tenían interés de rentarlo al Café Tal. La tenacidad de los estudiantes por obtenerlo fue mayor y concretaron el proyecto, el cual, desde sus inicios por estar sustentado en la autonomía careció de cualquier apoyo institucional, solamente estudiantes de Nutrición podían hacer el servicio en el lugar, tampoco hubo un trabajo articulado a partir de experiencias educativas fundamentadas en trabajo comunitario, salvo casos aislados y esporádicos, así es que los universitarios de las carreras de Humanidades tenían que desarrollar las actividades cotidianas propias de este lugar y cumplir con sus labores escolares; varios pudieron sortear con todo pero algunos truncaron con sus posibilidades de egresar de las licenciaturas; en algunas facultades les aplicaron la normatividad con mucho más rigor que en otros casos.

Los estudiantes con mucha creatividad y voluntad pudieron sortear las dificultades: durante el primer año contrataron a un chef y buscaron ser incluyentes, al Comedor Autónomo acudían todo tipo de universitarios, el decorado, la música y la actitud de quienes estaban a cargo lo hicieron posible; además de cumplir con la finalidad que era propiciar una alimentación balanceada a un bajo costo, desarrollaban actividades artísticas y políticas, sin embargo, nunca se dieron a la tarea de llevar una estructura administrativa como fue la sugerencia del entonces director del área. De manera paralela en ese 2012, también en Humanidades se gestó un movimiento plural, que tuvo como objetivos: las mejoras de infraestructura, revisión al Modelo Educativo Integral Flexible y a la Ley Orgánica; cuestionaba la forma en la que se elegía el rector, los directores, el manejo del presupuesto, y buscaba una autonomía real de la universidad.

Un año después, en el 2013, un grupo con muy pocos integrantes se hizo cargo del espacio; con mucho trabajo mantuvieron su funcionamiento, sin embargo, las presencias dejaron de ser plurales porque el énfasis fue el anarquismo, dejando de lado otras ideologías como el marxismo, en tanto que los universitarios que carecían de intereses políticos se fueron alejando por no sentirse parte del lugar. En diversos momentos, buscando el beneficio del lugar, los colectivos dejaron de lado sus diferencias e implementaron estrategias comunes, sin embargo, pocos se hicieron cargo del lugar con una responsabilidad continua; el trabajo era mucho e implicaba desde el abastecimiento de los insumos, el guisar y mantener limpio el lugar. Los que decidieron asumir estas tareas son jóvenes con mucho compromiso y convicciones, pero olvidaron que era un comedor para múltiples expresiones.

Muchos universitarios, al igual que gran parte de la sociedad, se vincularon en acciones colectivas externas, tal fue el caso del movimiento magisterial en septiembre del 2013; la respuesta del gobierno de Veracruz fue reprimir y golpear a los maestros y estudiantes, con respecto a estos últimos tuvo mucha saña, y empezó a criminalizarlos. Algunos meses después, varios de ellos fueron levantados por la policía sin una causa que lo justificara, las patrullas con las torretas prendidas tenían una presencia continua en las calles que están en los alrededores de Humanidades y en los espacios donde habitaban universitarios. En este contexto continuó trabajando el Comedor Autónomo. Los estudiantes sacaron fuerzas y continuaron con su proyecto. Las lesiones propiciadas por los policías fueron interiorizando la violencia. El temor y la incertidumbre se apoderaron del ambiente, además, en lugar darse la unión entre los colectivos la convivencia ocasionó más fracturas: había conflictos por cuestiones personales e ideológicas. Algunos comentan que en este espacio se reflejó la lógica del movimiento de Humanidades porque al concluir su ciclo se evidenciaron las diferencias grupales. En ese año creció el grupo de Los libertarios y desplazaron a los Anarcos, los primeros se hicieron cargo del espacio con una perspectiva cada vez más sectaria que tenía en su contra la satanización cada vez más fuerte de algunos sectores sociales y del gobierno. Los jóvenes en algunos momentos realizaron seminarios y eventos culturales, lo cual, les generó algunos adeptos y simpatías entre un puñado de docentes, sin embargo, las actitudes cotidianas de unos propiciaron que muchos les tuvieran temor y que los prejuicios contra ellos se incrementaran.

En septiembre del año de 2014, un crimen de Estado generó la participación de la sociedad en la búsqueda de justicia y los universitarios no fueron ajenos a esto; en algunas marchas que exigían justicia para los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, estuvo presente la unidad de los colectivos, sin embargo, pronto volvía la fragmentación. Algunos jóvenes emigraron porque egresaban de las licenciaturas o porque frente a la incertidumbre preferían irse a otros lugares, algunos más se involucraron en otras luchas. Siguieron los levantamientos por parte de la policía a algunos y algunas estudiantes, por algunas horas bajo cualquier pretexto. Esos eventos tuvieron repercusiones en el trabajo cotidiano del comedor, por diversos periodos parecía están en pausa.

En una coyuntura electoral, en junio del año de 2015, ocho jóvenes, la mayoría universitarios fueron agredidos –por un grupo paramilitar– de manera violenta, en una vivienda muy cercana a Humanidades; algunos de éstos tenían o habían tenido participación en el Comedor Autónomo y la indignación y el temor se apoderaron del ambiente. En agosto, el dolor y la impotencia se incrementaron por el asesinato de Rubén Espinosa y Nadia Vera, ambos por diversas razones eran muy cercanos a las actividades que se desarrollaban en este espacio. Las agresiones propiciadas por el Estado a los universitarios, tuvieron una respuesta por parte de la rectoría, sin embargo, fue un reclamo débil que entonces buscaba evitar al máximo las confrontaciones con el gobierno; también hubo apoyo profesional para darles seguimiento a sus casos, pero todo lo hicieron por la puerta trasera. En septiembre, el último grupo a cargo del lugar, con muy pocos integrantes, sin consensar, tomó el área de Humanidades, hicieron varias pintas y otros daños en el interior; las autoridades universitarias amenazaron con sancionarlos, esto se reprodujo en algunos medios locales. No se necesita haber estado ese sábado con los cuatro estudiantes y la joven que se entrevistó directamente con el encargado de asuntos estudiantiles de la Universidad Veracruzana, para intuir los motivos por los cuales entregaron ese espacio a la autoridad. Tampoco es difícil comprender las causas por las cuales, las protestas por el suceso fueron sumamente aisladas.

La luz es un beso entre las nubes, lágrimas que rozan la mochila, mojan la ropa y los recuerdos, humedad salada de la mohína y la impotencia entre facultades desintegradas, voces sin techo, cotos de poder de algunos clubes. La estructura de lo que fue el Comedor Autónomo de Humanidades, es hermosa y va a funcionar por un tiempo como un espacio que va a propiciar alimentación sana y a buen precio, sin embargo, no se pueden comparar los brillos de esos cristales proporcionados por el recurso económico y el interés por destruir los significados de la resistencia, con el esfuerzo de un grupo de jóvenes, entre los cuales, hubo algunos que sin duda aventaban piedras a diestra y siniestra, pero las suyas fueron respuestas a las primeras que lanzó el gobierno no solamente contra ellos sino contra el resto de la sociedad. Sin duda, las fallas en política se cobran caro, y éstas estuvieron presentes en demasía entre quienes tuvieron las convicciones y lucharon por un espacio autónomo por cuatro años; después del primer proyecto no hubo una planeación estratégica, ni una estructura interna que aglutinara a los distintos colectivos, para que más allá de sus diferencias, los egos de algunos de los voceros, sus articulaciones con otros movimientos, estuviera presente siempre la defensa y continuidad de este espacio.