Política

Valentín Campa: a 40 años del reto

marzo 21, 2016

En México está apenas a prueba el primer gobernador independiente de los tiempos recientes (con antecedentes en el PRI), y que dirige Nuevo León. Le toca responder a los neoleoneses y a la Historia si gobierna o desgobierna. Por una feliz coincidencia, en Nuevo León nació en febrero de 1904 el hombre Valentín Campa Salazar, quien, en solitario, decidió enfrentar en 1976 a la maquinaria PRI-oficial que sostenía la candidatura (única registrada) de José López Portillo.

Campa escribió una autobiografía titulada Mi testimonio, fechada en 1978 y que abarca más de 400 páginas. A la campaña presidencial que encabezó en solitario durante esos aciagos años de gobierno autoritario, Campa le dedica unos pocos párrafos. Nació en diciembre de 1975 su candidatura presidencial. Una fotografía muestra al XVII Congreso del Partido Comunista el día 14 de diciembre con Arnoldo Martínez Verdugo como secretario general y a Campa como candidato. El crédito fotográfico dice "Chávez Fuyola".

Otra fotografía en de la obra muestra un cartel de la solitaria campaña presidencial; muestra a Campa y a unos letreros: "¡Ni PRI! ¡Ni PAN! La izquierda es la salida. Vota así para presidente: ‘Candidatos no registrados’. No todos, sino los obreros, campesinos, empleados, pequeños comerciantes, estudiantes e intelectuales con Valentín Campa Salzar el 27 de junio (de 1976) a la Arena México, Dr. Lavista 189 esq. Dr. Lucio, 11 hrs. México, D.F." Campa anota que asistieron a la Arena México 20 mil personas y aporta imágenes de ese acto desesperado, entiendo, de una democracia totalitaria que desfallece porque el oficialismo había agotado y exterminado a toda oposición articulada.

Campa narra la campaña a partir de la página 301 de Mi testimonio. Titula al capítulo "180 días en campaña". Explica que desde 1975, la dirección del Partido Comunista (sin registro) se interesó por competir a pesar de todas las adversidades, que hablaron con diversas agrupaciones "pero, en general, no hubo respuesta". ¿Qué hacer? Persistir ante la adversidad. Competir sin detenerse a ver los obstáculos. La candidatura de Campa fue unánime. "El único que se opuso era yo mismo", dice en la página 303.

¿Por qué Campa fue el candidato unánime de ese grupo de mexicanos? Por su lucha de –para entonces– más de medio siglo por mejores condiciones de vida política, económica y social para los mexicanos desde la perspectiva de izquierda radical en la que militaba. Prueba de ello fueron sus 12 prisiones bajo el gobierno de 10 presidentes mexicanos. Campa Salazar proporciona la lista: bajo Calles, Abelardo Rodríguez, Portes Gil, Ortiz Rubio, Ávila Camacho, Miguel Alemán (más de 3 años), Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz, más de 10 años. Bajo Echeverría 8 días, para un total de 12 veces en prisión bajo 10 presidentes, y más de 13 años y 11 meses a la sombra.

Campa narra el balance final de su solitaria gira presidencial: "Se realizaron 97 mítines centrales en 28 entidades del país, con 108 mil 280 asistentes y un recorrido de más de 30 mil kilómetros. Aparte, se hicieron miles de mítines medianos y pequeños. Se repartieron millones de volantes y manifiestos… Hubo mítines de gran importancia, como el de Puebla, con más de 7 mil asistentes; el de Guadalajara, con más de 6 mil, y el de clausura de la campaña, efectuado en la Arena México del Distrito Federal el 27 de junio de 1976, con unos 20 mil asistentes, hecho inusitado en el ambiente político de nuestro país".

Añade Campa algo inusitado en la página 309, pues se supondría un cierre total de medios electrónicos hacia el candidato incómodo: "Dimos cientos de entrevistas a los diarios, revistas, radiodifusoras y estaciones de televisión. En el estado de Chihuahua, con unos 2 millones de habitantes, sólo como ejemplo, los compañeros calcularon que nuestra propaganda (incluyendo las entrevistas en 5 radiodifusoras) llegó a más de la mitad de la población". ¿Por qué tuvo tanta "apertura" Campa desde los medios electrónicos? Quizá al PRI-gobierno le hacía falta validar su campaña ante la de otro competidor aunque este fuese un candidato simbólico como lo fue Campa hace 40 años.

Escribió Campa: "El secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, declaró que se respetaría nuestra campaña porque era constitucional aunque el Partido Comunista no era legal". Añade líneas adelante la cifra que resume el reto de 1976: "El análisis de la campaña electoral permite asegurar que en las casillas se depositaron más de un millón 600 mil votos a nuestro favor, la mayoría de ellos anulada por los chanchulleros del PRI que monopolizaron el sistema electoral. La campaña nos reveló como la segunda fuerza política del país".

Las cifras finales oficiales beneficiaron a López Portillo con 16 millones 703 mil 801 votos, lo que hace que Campa haya logrado un 10 por ciento de esa votación. Añade Campa: "Contamos con muchos cientos de miles de hombres y mujeres que participaron en forma activa en la campaña, pero que no fueron convencidos de ir a las casillas por considerar que la votación era una farsa".

No vemos hoy, desde estos párrafos, candidato alguno independiente de la talla gigante que Valentín Campa Salazar representó en 1976; en la izquierda, en la derecha, y en el centro, sólo se asoma la prevaricación con excepciones muy contadas. De esa contienda electoral de hace 40 años el PRI se levantó con la reflexión de que algo como "eso" (elección con un solo competidor) no debería repetirse. Sería interesante saber si los Estados Unidos presionaron o no al respecto para que su república vecina recuperara las formalidades democráticas.

No es un exceso decir que Campa es un factor fundamental, acreedor en la transición política que comenzó con la reforma política de 1977 y que tiene un continuo hasta hoy con las candidaturas independientes, y la credencial con fotografía que Campa no conoció. El primer trienio de López Portillo fue de una profunda reforma que rompiera con el recuerdo de la abusiva campaña presidencial de 1976, y fue la cristalización del trabajo de Jesús Reyes Heroles como secretario de Gobernación. Para el trienio 1979-1982 Campa fue diputado comunista gracias a esa reforma y a la lucha presidencial desigual que encabezó.

Campa fue masón de la Gran Logia de Nuevo León con un grupo masónico disidente, que constituyó lo que popularmente llamaban los regiomontanos la Gran Logia Bolchevique (pág. 25), por el perfil izquierdista de sus miembros y que se ubicaba en la calzada Madero en Monterrey. Campa fue líder sindical y masón, integrante convencido de dos agrupaciones que el neoliberalismo arrolló: la masonería y el sindicalismo. Campa fue un símbolo de resistencia del ciudadano solitario frente al Estado mexicano en 1976, que en la aparente fortaleza de un candidato sin opositor tenía su mayor debilidad. Por eso Campa fue el David elegido para pelear contra el Goliat-Leviatán que todo devoraba.

Dice una analista hoy que Campa "entendía la importancia de las intervenciones simbólicas en la política", e hizo de su campaña un acto simbólico pero absolutamente importante para lo que es nuestra democracia hoy. Hizo su campaña presidencial sin la más remota posibilidad de triunfo convencido de que, como él, cada uno de nosotros debe luchar desde su trinchera contra todas las modalidades de los abusos del poder.

@WenceslaoXalapa