Cultura

Borges conferencista

marzo 20, 2016

Entre mayo y junio de 1978, mientras César Luis Menotti buscaba la fórmula que condujera al seleccionado argentino a ganar su primera copa del mundo, Jorge Luis Borges inició un ciclo de conferencias en la Universidad de Belgrano; la confluencia tenía por escenario Buenos Aires.

Al año siguiente, Emecé Editores y Editorial Belgrano publicaron aquéllas bajo el inequívoco título de Borges oral, y en 1982 hubo una segunda impresión en offset de 2000 ejemplares que, sumados a los probablemente 6 mil primeros, eran ya 8 mil en menos de cuatro años, que son, si pensamos en el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda edición y el día que corre hoy, una muestra del tiempo, esa "...imagen móvil de lo eterno".

Borges, según advierte Martín Muller en la "Semblanza biográfica" que acompaña Borges oral, había iniciado su andadura como conferencista en 1949 venciendo su timidez, y un poco a instancias de Victoria Ocampo; en su monumental Borges, Adolfo Bioy Casares advierte que éste "anda muy ocupado con sus clases. No lee en público; habla". Bioy lo oye por primera vez el 21 de julio de 1949 hablando sobre George Moore.

"No habla con énfasis de orador: conversa razonando libre e inteligentemente", escribe Bioy.

La cualidad de conversador que Bioy enfatiza al final de la primera mitad del siglo XX acompañará a Borges hasta sus últimos sus días. Es así como construye sus conferencias, como una conversación con el auditorio. "Como la lectura, las clase es una obra en colaboración y quienes escuchan no son menos importantes que el que habla", señala Borges en el prólogo a Borges oral, cuyos temas son: "El libro", "La inmortalidad", "Swedenborg", "El cuento policial" y "El tiempo".

"Elegí temas con los cuáles me había consustanciado…", explica el propio Borges en el pequeño tomo.

En el otoño de 1967, Jorge Luis Borges llegó a la Universidad de Harvard para presentar una serie de conferencias. La grabación de aquellas pláticas, agrupadas por la universidad en las afamadas "Norton Lectures", acumularon la cantidad de desmemoria necesaria e inevitable para luego ser rescatadas del olvido; recién en los primeros años de este siglo se conocieron masivamente y en 2012, Austral las publicó por vez primera con un prólogo de Pere Gimferrer ("Borges sin máscara") y un epílogo a cargo de Calin-Andrei Mihailescu, responsable también de la edición de Arte poética (seis conferencias) –título del tomo–, así como de las notas que contextualizan el breve conjunto de reflexiones por cuanto al número de páginas pero no así por su contenido.

Arte poética se integra por: "El enigma de la poesía", "La metáfora", "El arte de contar historias", "La música de las palabras y la traducción", "Pensamiento y poesía" y, finalmente, "Credo de poeta".

Releyendo Borges oral y descubriendo finalmente Arte poética, este lector devoto de Borges comprueba viejas tesis personales: que nadie sale indemne de la lectura de las obras borgesianas; que solamente Borges es capaz de burlar el olvido y crear cada que se topa uno con él, una sorpresa irrepetible, un suceso inolvidable, un viaje liberador por un mundo "singular e irresistible" como su propio estilo, como sus exposiciones orales.

Dice Mihailescu que para Borges "la literatura... era una forma de experiencia". Esa experiencia no está ausente en Arte poética, plena de "reflexiones profundamente personales", llenas de afecto para el auditorio a partir de una memoria extraordinaria que vuelta palabra cobra vida como si en cada sonido vocal lo oclusivo, lo palatino, lo labiodental, lo abierto, cobrase vida. Como si antes de pronunciar cada palabra Borges las hubiese reunido a todas en su garganta y su memoria y les hubiera dicho: ¡vivan! Y al vivir, por Borges y junto a él, las palabras de Borges y sólo él y ellas burlan el olvido:

"Libre de la metáfora y del mito, / labra un arduo cristal: el infinito /

mapa de Aquél que es todas Sus estrellas."

Y sus palabras.

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