Política

Minimización

marzo 03, 2016

El priísmo tiene una curiosa forma de razonar las cosas que requiere cierta dosis de disociación, y una memoria básicamente antiadherente.

Ayer, Manlio Fabio Beltrones, dirigente del priísmo nacional, afirmó que no espera que la aprehensión y valoración que tiene la ciudadanía sobre el gobernador del estado afecte al candidato priísta Héctor Yunes. Lo dijo sobre la base de que son personas distintas.

En efecto, lo son, pero pasa que son dos personas que pertenecen al mismo partido político y este partido político tiene una larga lista de agravios y cortedades de todo tipo con el país y con el estado. Einstein definía la locura como hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados distintos.

Si bien el intento de diferenciación con ese razonamiento es peregrino, habrá que aceptar que existe la posibilidad de que el candidato priísta pueda eventualmente desvincularse de las calamitosas secuelas que están a la vista.

Por lo pronto, lo que es inaceptable es suponer que la ciudadanía es tonta y que no percibe que una organización política se constituye sobre la base de intereses y formas de actuar comunes. La diferenciación depende no tanto de los dichos y buenos deseos, sino de las acciones y decisiones que reviertan lo resultados y saldos que han puesto al estado y a sus habitantes en condiciones acentuadas de precariedad.

Respecto a su dicho de que las observaciones de la ASF no sólo son específicas para Veracruz sucede lo mismo. Es cierto, pero lo sustantivo es que, en lo que a Veracruz respecta, las observaciones son devastadoras y la respuesta gubernamental hacia ellas ha sido la negación evasiva. Del hecho de que no haya gobierno que no sea auditado, no se deriva que las auditorías a Veracruz no hayan tenido el resultado señalado con los retrasos indicados. Eso es un peso con el que el priísmo tiene que lidiar. De la forma que lo haga dependerá la verosimilitud de su oferta política.