Política

Predicado sujeto y verbo

marzo 02, 2016

Las señales de descomposición en el gobierno del estado son evidentes. No hay un escenario que no esté en algún nivel crisis por la quiebra financiera.

Enfrentado con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), parece ahora estar en la mira del Sistema Nacional Anticorrupción que explícitamente ha respaldado los trabajos de la ASF en el caso de Veracruz, que es un caso referencial.

Hechos a la inercia apaciguadora de los usos y costumbres, los mexicanos nos hemos habituado a la corrupción como una normalidad endémica que matiza incompetencias y, sobre todo, valores.

Permisivos más que tolerantes, en el conflicto del deber ser y el sentido práctico de la vida nos apoltronamos en la facilidad del cohecho para evitar responsabilidad y los recargos derivados de ellas. Y así, dejamos pasar y dejamos ser. Permisivos contumaces porque sólo así podemos estar ciertos de que el día en que sea necesario, también podremos beneficiarnos del sistema de instituciones informales que dan vida a una amplia gama de connivencias.

La dinámica que hoy sucede en el estado y el reciente escándalo de Humberto Moreira en España son el tipo de asuntos que fundamentan las valoraciones de organizaciones no gubernamentales que sostienen la categorización del país como uno de los más corruptos y corrompidos del mundo. Contexto en donde el gobierno del estado es señalado puntualmente, y cosa que incide inapelable en la coyuntura electoral.

Pueden hacerse cualquier cantidad de aproximaciones analíticas al tema. Unas más interesantes y lucidas que otras, pero todas explicadoras de algún matiz de la realidad percibida. Cosa que está muy bien pero que siempre servirá de poco mientras el ciudadano no decida tomar personalmente los asuntos en sus manos.