Política

Síntesis

marzo 01, 2016

¿Vivir, o sobrevivir?

Todo parece indicar que la situación del país se complica cada día más, sin remedio. A la dura crisis económica que venimos padeciendo los mexicanos, desde hace algunos años, se suman ahora otras no menos delicadas, por ejemplo: la de la seguridad pública que tiene al país paralizado de miedo y establece, cada vez más, nuevas marcas de inhumana violencia, o también las relativas a los sucesos de Ayotzinapa, Tlatlaya y otros etcéteras; a estos hechos se suman: las continuas desapariciones masivas de los migrantes, el trasiego de las mafias de la droga, las actividades delictivas de parte de las policías y fuerzas armadas que agobian a la nación, y las no menos delictivas de algunos funcionarios de los gobiernos locales o del federal, ocupados únicamente en su propio enriquecimiento, etc.

Así las cosas, el Estado mexicano sobrevive hoy, usando como únicas medidas de defensa y salvamento una permanente "declaracionitis" de sus funcionarios, que simplemente se concreta: 1) a negar la existencia de los más graves problemas de cada día y 2) a presentar como pruebas de esa tranquilidad inventada, cifras, explicaciones o números igualmente falsos o alterados, con los cuales se supone, desaparecerán los problemas y la sociedad regresará a la normalidad perdida. Evidentemente, en el mejor de los casos, esas "explicaciones" sólo satisfacen a sus autores y alcanzan apenas a sostenerse como tales, por dos o tres días. Después, desaparecen en un mar de "aclaraciones oficiales", absurdas y contradictorias y renace, con más fuerza aún la desconfianza ciudadana y el repudio contra el engaño y quienes lo incubaron.

De esta manera, el Estado tradicional se desdibuja continuamente y el gobierno pierde el indispensable respaldo de sus ciudadanos, ya que demuestra, por una parte, su total desconocimiento de la problemática nacional, y por la otra, su absoluta ineficacia operativa. Se llega entonces, por todos los caminos, a un ineludible punto crítico de acuerdo: si el gobierno no ha logrado interpretar la realidad del país en tantos años que lleva de intentarlo, y tampoco ha podido organizar un sistema democrático para evitar o superar la permanente crisis general de incomprensión que padece, o por lo menos, para llegar a un indispensable entendimiento con sus gobernados, resulta inevitable y urgente que intente entonces una nueva revaloración de esa incomprendida realidad, que le permita lograr una auténtica y justa representación de todas las clases sociales para evitar que continúen siendo las más débiles de éstas, las únicas sacrificadas en el futuro inmediato.

Naturalmente, la solución anterior suena demasiado inocente y algunos pensarán ahora que se trata de plantear una nueva Revolución. Pero no es así. Se trataría sólo y apenas de realizar, sin violencia y a tiempo, o quizás en el muy poco tiempo que aún nos queda, esos cambios a que tienen derecho los hasta ahora olvidados por el poder, ya que no podemos pasar por alto, sin engañarnos, realidades tales como lo son el que la enorme mayoría de nuestra población no gane lo justo para vivir, ni estén representados políticamente sus intereses en ninguna parte, ni tenga actualmente esperanzas de ser escuchada, y esto sea para todo el país… ¡sumamente peligroso! Es cuestión de escoger: vivir o sólo sobrevivir.