Política

La paranoia del zika

febrero 22, 2016

A principios de febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una declaración de emergencia internacional por el virus zika. El hecho mismo, y las razones que la OMS adujo para semejante decisión, son sorprendentes, no por los riesgos que podría implicar la expansión de este virus, sino por la notoria falta de evidencias para motivar esta decisión ante una enfermedad leve, con muy escasos indicios de conexión con dolencias más serias y sin que, hasta el momento, haya pruebas científicas de estos supuestamente graves riesgos. Para suplir la falta de pruebas, la OMS agrega que, como el vector de la enfermedad –el mosquito Aedes aegypti– es también vector de dengue y chikungunya, se estarían atacando las tres enfermedades.

A pesar de que la OMS es la autoridad mundial en la materia, desde un inicio han surgido innumerables voces cuestionando su decisión y poniendo en duda sus razones.

La primera es que, en realidad, hasta el momento no hay pruebas irrefutables de que el virus zika cause microcefalia (diámetro reducido del cráneo en bebés). En este sentido, según los datos oficiales procedentes de Brasil que es, hasta ahora, la nación más afectada por el zika en nuestro continente, hasta el 2 de febrero de 2016 se habían confirmado 404 casos de microcefalia, de los cuales, solamente en 17 se comprobó que tenían el virus zika, lo que es, apenas, el 4.2 por ciento de los casos de microcefalia confirmados, además que, de hecho, el dato sólo muestra que el virus estaba presente en los niños, pero no que fuera causante de la microcefalia.

En realidad, esta proporción es demasiado baja y no permite llegar a conclusiones definitivas aunque, según el Ministerio de Salud de Brasil y la OMS, refuerza una relación de la microcefalia con el virus zika durante la gestación. Si con esas cifras, esto fuera cierto, sería un hecho inédito que no justifica una declaración internacional de emergencia para evitar el contacto de mujeres embarazadas (y de toda la población) con el virus zika.

Entre los principales cuestionamientos al respecto, resumidos por la organización argentina "Médicos de pueblos fumigados" están:

1.- La epidemia de dengue en Brasil es endémica (permanente) en las zonas marginales y pobres, sobre todo, en el nordeste brasileño. A esto ahora se suma el virus zika, una enfermedad similar aunque más benigna, que tiene el mismo vector.

2.- Cuando en esa zona se detectó un aumento de las malformaciones congénitas, sobre todo, microcefalia en recién nacidos, el Ministerio de Salud de Brasil lo vinculó rápidamente con el virus zika desconociendo, o soslayando, que desde hace 18 meses se aplica en esa zona un larvicida (piriproxifeno) que produce malformaciones en los mosquitos, y que el larvicida se está aplicando en el agua de consumo de la población afectada.

3.- Las epidemias previas de zika no generaron malformaciones en recién nacidos, a pesar de infectar al 75 por ciento de la población; tampoco se registran casos de microcefalia en países con alta incidencia de zika como Colombia.

4.- El piriproxifeno se utiliza en el combate al mosquito por recomendación de la OMS.

5.- Fumigar masivamente con aviones, como están evaluando hacer los gobiernos del Mercosur, es criminal, inútil y una maniobra política para simular que se toman medidas. La base del avance de la enfermedad se encuentra en la inequidad y la pobreza, y la mejor defensa requiere acciones basadas en la comunidad.

6.- La estrategia más reciente propuesta en Brasil, y que se pretende sea replicada en todos nuestros países, es la utilización de mosquitos transgénicos, lo que se puede prever que será un fracaso total, salvo para la empresa que desarrolle y provea los mosquitos.

Desde la primera descripción del virus, publicada por Dick y colaboradores en 1952, la enfermedad había permanecido confinada a algunos lugares en África y Asia, con muy pocos reportes en otros países. En 2007 se presentaron casos en una isla de Micronesia; a partir de ahí, el virus comenzó su viaje por el océano Pacífico, llegando en 2014, primero a la Polinesia francesa y después, a la isla de Pascua, hasta arribar a Brasil en 2015, de acuerdo con un informe de la OPS en forma similar a lo que ocurrió con el chikungunya.

Causa una enfermedad relativamente leve con fiebre, malestar general, dolor de cabeza y, a veces, sarpullido y conjuntivitis. La información de brotes previos indica que solamente el 20 por cuento de los infectados desarrolla estos síntomas y el resto son asintómáticos; es decir, ni se enteran que tienen zika. De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, en el continente americano el zika se encuentra actualmente en 20 países de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe.

Por su parte, los médicos brasileños de la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (Abrasco) han denunciado que, entre 2000 y 2012, el uso de plaguicidas en Brasil creció más de 162 por ciento, convirtiéndolo en el principal consumidor mundial de plaguicidas, a pesar de lo cual en el país no se ha logrado reducir la cantidad de mosquitos, aunque sí se han contaminado al ambiente y las personas. Abrasco afirma que las acciones contra el zika encubren una maniobra comercial de la industria de plaguicidas que tiene una profunda relación con los ministerios latinoamericanos de salud, la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Además de "Médicos de pueblos fumigados" y Abrasco, otras opiniones al respecto afirman que el mapa de dispersión del zika coincide con los países a los que afecta la baja en el precio del petróleo, del cual depende su economía. Por lo tanto, el virus zika sería un golpe de la banca internacional a estas economías que incluye depresión de la economía y muerte y enfermedades por plaguicidas, disfrazadas por el terror generado hacia una plaga de mosquitos.

Recordando que los síntomas del zika coinciden con los de una intoxicación leve por plaguicidas, varios grupos opinan que la enfermedad supuestamente causada por el virus zika es, en realidad, una inmunodeficiencia generada por plaguicidas. Otros grupos achacan el problema de la microcefalia al herbicida atrazina; por eso, las autoridades podrían afirmar con tranquilidad que los que visiten Brasil por la Olimpiada no están en riesgo, como no lo estuvieron los millones que asistieron al Carnaval. Es decir, los que estarían en riesgo son quienes viven en zonas pobres y marginadas o quienes viven cerca de campos agrícolas en donde se usa atrazina. Entre las posibles causas que los diferentes grupos han propuesto para la inducción de paranoia mundial por el zika están:

1.- En primerísimo lugar, vender más y nuevos plaguicidas, ya que los que se usan actualmente no han podido acabar con el Aedes aegypti y ya nadie se asusta por el dengue y el chikungunya.

2.- Para impulsar el desarrollo y liberación de mosquitos transgénicos, independientemente que se ignoren sus riesgos y no se sepa si estos mosquitos funcionarían.

3.- Para vender condones, porque en Texas ¡se identificó un caso de transmisión sexual de zika!

4.- Con base en el mismo caso, para inducir una paranoia tipo SIDA.

5.- Para mantener a la población angustiada y atenta al zika mientras aumenta la inflación –como en Brasil–, sube el dólar como en México, o se llega a acuerdos con la guerrilla como en Colombia.

6.- Para obtener buenos subsidios con qué desarrollar la vacuna. Ya se apuntaron Estados Unidos y Brasil.

7.- Ídem para "hacer investigaciones de punta". También los europeos.

En resumen, en este momento no se puede saber qué fue lo que impulsó a la OMS a hacer su declaración internacional de emergencia, pero lo que sí está quedando claro es que no fue el riesgo de microcefalia ni mucho menos, del síndrome de Guillain-Barré, que es todavía más dudoso que esté asociado con el zika.

Queda para un buen detective averiguar qué es verdad en esta historia y explorar cuál puede ser la causa real de la paranoia inducida por las más altas autoridades mundiales de la salud, dócilmente retomada por las mexicanas, y hasta por la Sesver, por lo común tan lenta y omisa que, para no ser menos, ya hasta identificó un caso en Veracruz.