Política

Impresiones de una Cámara

febrero 22, 2016

El caso del hombre "X"

El hombre "X" intentaba apresurar el paso para alcanzarme, pero se le veía aún lento; hace unos minutos había pasado por su casa pero nadie atendió mis llamadas en la puerta.

Me había encaminado ya varias cuadras adelante repartiendo un volante con la información necesaria sobre un servidor, y las formas con las que gobernaría Morena un estado quebrado. Alto, moreno y con una vestimenta muy humilde, pero que al verlo de frente distinguías que su precariedad era, digamos, reciente, me llamó apenas levantando la voz para que detuviera mi paso: ¡diputado!"

–Sí, dígame. Y di vuelta atrás para que me diera alcance.

–Discúlpeme, ¿es usted candidato de Morena?

–Voy a ser. Volví a responder dando unos pasos atrás para entablar la plática.

El compañero de al lado me dijo al oído: "cuando dejamos el volante en la puerta de su casa salió y preguntó por usted. Quiere hablar con usted una cosa delicada".

Ya de frente al Sr. "X", no pude evitar ver cómo sus ojos casi de inmediato se llenaron de lágrimas, que limpió con el dorso de sus manos rápidamente y sin titubear, pidió disculpas; sin quebrar la voz me relató el porqué de su condición y el interés de darme alcance.

Es el municipio "Y"

Las historias que aquí se cuentan, bien podrían salir de cualquier historia de terror con esa combinación de nota policiaca y calamidades por doquier.

Nada fácil entrar a esta cabecera municipal, pues sólo hay un camino de llegada y el mismo es de salida. Ubicada en la costa y abandonada a su suerte, la ciudad ha padecido el cáncer del narcotráfico y sigue recrudeciéndose. Algunos pobladores me confiaron que todas las veces que los "malosos" han entrado, nadie los detiene, nadie les dice nada, y los pedidos de auxilio a la SSP son como hablar y gritar en una olla, se quedan ahí mismo. Es decir, "nadie los pela".

El alcalde del lugar "ni fu ni fa"

Sospechosamente, el presidente municipal es omiso y ante la situación actúa con probable colaboración o con temor, el caso es que no logra (si es que lo intenta) contener el arribo de esas bandas criminales y lo peor, se van de regreso como si hubieran pasado por su casa.

El Sr. "X" me confió: "me levantaron a mi hijo; vivíamos ahí enfrente".

Señaló una "miscelánea" abandonada. La construcción de dos pisos (casa habitación arriba del negocio, sobresalía en una esquina bien ubicada.

–Me pidieron cuota –continuó–, y que si quería ver a mi hijo con vida, que les pagara un millón de pesos de entrada. Vendí todo, traspasé el negocio, no tengo ya nada. Rematé el potrero con todo y vacas, pedí prestado, rematé las dos camionetas, hice lo imposible y junté el dinero. Me lo entregaron muerto.

Las lágrimas volvieron, sus manos nuevamente limpiaron el rostro, no gemía, aguantaba, se sobreponía. Me he considerado hábil para decir algo generalmente cuando voy dialogando en las calles con la gente, pero esta vez se me secó la garganta, tartamudeaba intentando decir algo, pero el nudo en la garganta era ya muy grande para tragarlo de golpe.

Él, sin pausar o gemir, evitó que pudiera armar algo, anticipándose a cualquier palabra que pudiera decir, retomó su relato, concluyendo:

–Me duele porque yo apoyé a estos cabrones (refiriéndose a los gobernantes), era del PRI, les acarreaba gente… pagué muy caro...

Volvieron las lágrimas. Mudo, intenté extender mi mano hacia su hombro, pero recuperó la entereza y me dijo:

–No me importa quién sea usted, no me diga nada, ya sé de qué partido viene; cuente con mi voto y el de mi esposa. Y discúlpeme, discúlpeme, sólo quería decirle eso.

Entendí que debía callar, dejar al hombre caminar de regreso, su pena como su carga sobre sus hombros era muy grande.